Hay un viejo refrán que reza: “Más vale prevenir que curar”. Y a él parecen estar aferrándose las autoridades de la provincia de Buenos Aires ante el pronóstico de un “Súper El Niño”.
Los meteorólogos auguran una primavera mucho más lluviosa de lo habitual que afectaría directamente a la zona núcleo, comprendida por el norte de la provincia de Buenos Aires y el sur de las de Entre Ríos, Córdoba y Santa Fe.
Aunque se trate de un fenómeno climático que nace a miles de kilómetros, los efectos podrán sentirse en la región pampeana, con consecuencias que van mucho más allá de la cantidad de milímetros a caer.
El Servicio Meteorológico Nacional señaló recientemente que en Argentina El Niño “suele favorecer precipitaciones y temperaturas superiores a las normales”, no obstante sus efectos no son automáticos ni idénticos en todas las regiones
En el caso del noroeste bonaerense, la señal requiere especial atención, ya que el nivel de precipitaciones podría encontrar suelos saturados, con escasa capacidad de drenaje y obras de infraestructura insuficientes. Lo que obliga a mirar el escenario posible con una perspectiva amplia, priorizando la revisión de desagües, alcantarillas, los mapas de zonas bajas y los sistemas de alerta.
Las lluvias intensas pueden poner en evidencia (una vez más) las mismas vulnerabilidades y también en riesgo concreto la actividad económica y social de decenas de comunidades. La historia de la región sabe de inundaciones y todo lo que ellas provocan, por eso el particular interés de los responsables de turno por mitigar esos efectos no deseados a partir de la implementación del Plan de Gestión Integral del Riesgo con acciones coordinadas entre ministerios, municipios y organismos viales.
Si bien las garantías no existen ante eventos de esta magnitud, hay primeros pasos que no pueden dejar de darse. Y eso no es menor.






