Cada 21 de agosto la Iglesia recuerda a San Pío X, el Papa que puso la catequesis en el centro de su pontificado. Giuseppe Sarto —su nombre antes de ser elegido Papa, en 1903— venía de una familia humilde y numerosa, de raíces rurales que nunca dejó de lado. Esa sencillez fue, con el tiempo, lo que llevó al pueblo a adoptarlo como patrono de los catequistas: no un teólogo distante, sino alguien que entendía la fe desde lo simple y lo cotidiano.
Durante su papado impulsó que los niños pudieran recibir la primera comunión desde los siete años, en lugar de esperar a edades más avanzadas, y promovió la comunión frecuente entre los fieles. Redactó un catecismo pensado para que cualquiera pudiera comprenderlo. Detrás de esas decisiones había una convicción muy simple: que nadie debía quedar afuera del encuentro con Jesús por no entender, por no llegar a tiempo, o por no tener quién le explicara.
Esa misma convicción es la que sostiene, todavía hoy, la tarea de cada catequista en nuestras parroquias y capillas y colegios. Ser catequista no es dar una clase, es sentarse con un chico, con un adolescente o con un adulto que se prepara para transitar un proceso de iniciación, crecimiento y madurez en la fe. Caminar junto a él, sin apurar los tiempos ni exigir que llegue con todo resuelto. Es, muchas veces, ser la primera cara concreta de la Iglesia que alguien conoce de cerca.
El primer Sínodo Arquidiocesano de Mercedes-Luján, dedicado justamente a pensar la Evangelización y la Catequesis Hoy, no dejó tres ideas sueltas, sino una sola imagen de Iglesia: una comunidad que se reconoce en comunión, que se acerca con misericordia, y que por eso mismo no puede quedarse quieta, sino que sale en misión. Son, en el fondo, tres formas de decir lo mismo: que nadie quede afuera. Que la fe no sea solo para quienes ya están adentro, sino un camino abierto a todos, todos, todos —a cada familia, en cualquier situación en la que se encuentre; a cada barrio, tenga o no una capilla cerca; a cada persona, sin pedirle nada a cambio para empezar a caminar.
Eso es, exactamente, lo que hace un catequista cuando prepara un encuentro, cuando visita a una familia que dejó de venir, cuando insiste con paciencia año tras año: hace que ese “todos, todos, todos” no quede en una consigna, sino que se haga carne en cada comunidad de la Arquidiócesis.
Como forma de seguir sosteniendo y renovando ese servicio, la Junta Arquidiocesana de Animación Catequística invita a todos los catequistas al Encuentro Arquidiocesano de Catequistas, que se realizará el sábado 5 de septiembre en Junín, bajo el lema “Nuevas herramientas, la misma Buena Noticia”. Una jornada de formación, talleres y encuentro fraterno para seguir pensando juntos cómo anunciar a Jesús en el mundo de hoy.






