Por Ángeles Simeón – Dermatocosmiatra
Con la llegada del otoño y el invierno comienza una de las etapas más elegidas dentro de la estética profesional para realizar tratamientos de renovación cutánea, entre ellos el peeling químico.
Pero ¿qué es realmente un peeling y por qué puede producir cambios tan visibles en la calidad de la piel?
El peeling químico es un procedimiento de exfoliación controlada en el que se aplican sustancias químicas seleccionadas según las características, necesidades y fototipo de cada piel. Su objetivo es producir una renovación de las capas superficiales de la piel —o alcanzar mayor profundidad en procedimientos específicos— favoreciendo una superficie más uniforme, luminosa y de mejor textura.
¿Para qué puede ayudar un peeling?
Dependiendo del tipo de ácido utilizado, su concentración y profundidad de acción, los peelings pueden formar parte de protocolos destinados a mejorar:
• Textura irregular y aspecto áspero.
• Piel opaca o con falta de luminosidad.
• Algunas hiperpigmentaciones y alteraciones del tono.
• Signos de fotoenvejecimiento.
• Líneas finas superficiales.
• Determinados tipos de acné y piel con tendencia acneica.
• Marcas superficiales posteriores al acné.
• Engrosamiento de la capa córnea y acumulación de células superficiales.
Por eso no existe “un peeling para todas las pieles”. La elección debe realizarse de manera individualizada luego de una evaluación profesional.
¿Por qué otoño e invierno son épocas ideales?
Después de un peeling, la piel atraviesa un proceso de renovación y requiere especial cuidado frente a la radiación solar.
Durante otoño e invierno suele disminuir la intensidad de la exposición solar y también muchas de nuestras actividades prolongadas al aire libre. Esto facilita el cumplimiento de una correcta fotoprotección y permite trabajar de manera más segura con determinados ácidos y protocolos de renovación.
La protección solar sigue siendo indispensable incluso en los días fríos o nublados.
Esta precaución es especialmente importante porque una exposición solar inadecuada durante el proceso de recuperación puede favorecer irritación y alteraciones de la pigmentación.
Por esta razón, otoño e invierno representan una excelente ventana para planificar protocolos progresivos de renovación cutánea, siempre de acuerdo con las características particulares de cada paciente.
¿Qué cambios podemos buscar en la piel?
Un peeling correctamente indicado puede favorecer una piel:
más luminosa · más uniforme · más suave · con textura más regular y apariencia renovada.
Además, determinados peelings pueden contribuir a mejorar el aspecto de manchas superficiales, poros, líneas finas y algunas manifestaciones del fotoenvejecimiento.
Los resultados no dependen únicamente del procedimiento. La preparación previa de la piel, la elección adecuada del peeling, los cuidados domiciliarios posteriores y, fundamentalmente, la fotoprotección diaria forman parte del tratamiento.
Cada piel necesita su propio protocolo
Antes de realizar un peeling es fundamental evaluar el fototipo, sensibilidad, estado de la barrera cutánea, presencia de pigmentaciones, acné, exposición solar, tratamientos previos y objetivos del paciente.
La profundidad y el tipo de peeling determinan también el tiempo de recuperación y los cuidados necesarios.
En estética profesional, más intensidad no significa necesariamente un mejor resultado. Un buen tratamiento comienza con un diagnóstico correcto y una elección responsable de los activos.
El objetivo no es simplemente “pelar” la piel, sino estimular una renovación controlada respetando su fisiología, sus tiempos y sus necesidades.
Otoño e invierno pueden ser el comienzo de una piel renovada, pero el verdadero cambio comienza cuando aprendemos a tratarla de acuerdo con lo que realmente necesita.
Ángeles Simeón
Dermatocosmiatra · Micropigmentadora
Meraki Estética






