Por: Jorge Palavecino – MP61100
La migración dentaria patológica (MDP) es una afección odontológica caracterizada por el desplazamiento de una o varias piezas dentarias cuando se interrumpe el equilibrio de las fuerzas que las sostienen.
Aunque puede manifestarse de diversas formas, su causa principal reside en la enfermedad periodontal (periodontitis), una infección bacteriana crónica que destruye gradualmente el hueso alveolar y el ligamento periodontal. Al perder su base de sustentación, la pieza dental queda vulnerable a las presiones habituales de la boca, lo que genera su movimiento incontrolado.
Principales factores desencadenantes
El desarrollo de la MDP suele responder a una combinación de factores locales e infecciosos:
*Pérdida de soporte óseo e inflamación:
La destrucción del hueso reduce la estabilidad del diente. A esto se suma la acumulación de tejido de granulación infamatorio en las bolsas periodontales, cuya presión física empuja gradualmente la pieza hacia afuera.
*Fuerzas oclusales descompensadas:
El impacto habitual de la masticación o el apretamiento involuntario (bruxismo) ejerce un sobreesfuerzo en dientes cuyo anclaje ya está debilitado.
*Ausencia de piezas dentales no reemplazadas:
La pérdida de un diente genera un “espacio vacío” que altera el equilibrio de fuerzas de toda la arcada. Los dientes vecinos tienden a inclinarse hacia el lado de menor resistencia (diente ausente) para cubrir la brecha, mientras que el diente opuesto se extruye (asoma más de lo normal) al buscar contacto.
*Hábitos orales nocivos:
La costumbre involuntaria de empujar los dientes con la lengua al tragar, la respiración bucal o la interposición de objetos aceleran la desviación.
Señales de alerta
La detección temprana es crucial para evitar la pérdida definitiva de las piezas afectadas. Se recomienda consultar a un profesional ante los siguientes síntomas:
* Aparición repentina de espacios entre los dientes (sistemas) donde antes no los había.
* Inclinación evidente o dientes que comienzan a abanicarse “hacia afuera” (vestibulización).
* Sensación de que un diente está “más largo o flojo” que el resto.
* Dificultad o molestias al morder debido a contactos prematuros.
Tratamiento o intervención multidisciplinaria
El abordaje de la MDP requiere un plan integral estructurado en etapas.
En primer lugar, es indispensable detener la infección mediante la fase periodontal, que incluye la instrumentación periodontal no quirúrgica (raspaje y alisado radicular), y quirúrgica, si está indicado, para estabilizar la pérdida ósea.
Se procede a la corrección del esquema de mordida y la ferulización de piezas con movilidad.
En casos seleccionados y únicamente tras erradicar por completo la infección- inflamación, es posible recurrir a la ortodoncia para llevar los dientes a su posición correcta.
Cuando haya pérdida dentaria, se finaliza con la rehabilitación prostodóntica para reponer las piezas faltantes y devolver la estabilidad biomecánica a la boca.






