Ante la gran cantidad de reclamos sin fundamento real de una parte de la industria farmacéutica y de diversas instituciones, el gobierno suscribió el Decreto 63/2024 modificando el DNU 70/23.
En el mismo se cambia el único punto que en forma inmediata traía beneficios a la población toda. Si solo fuera que deja la Ley 25.649/02 como estaba, no sería en gran detrimento para la población, simplemente seguiríamos igual. Pero hicieron un agregado, casi imperceptible a quien no sea parte de la industria farmacéutica y de la dispensa, que genera un perjuicio inmenso a la población, directa e indirectamente.
En su artículo 1 el Decreto 63/24 vuelve a permitir la recomendación y/o sugerencia de la marca comercial realizada por el médico, lo cual en definitiva no sería mayor problema, vivimos así hace 22 años. Solo sería necesario seguir informando acerca de la igualdad en la calidad, seguridad, eficacia terapéutica, controles y vigilancia, y desde el Estado, se debiera reforzar esta información para el bien de toda la población.
Pero se da un paso más poniendo obstáculos a la sustitución de marca en la farmacia al cambiar el último renglón donde establece que: “el sistema de receta electrónica deberá́ devolver al profesional actuante la información en caso de sustitución en farmacia para preservar un adecuado seguimiento del tratamiento clínico del paciente”.
Parece un agregado inocente, pero en la práctica, desincentiva a los farmacéuticos a intercambiar las marcas de medicamentos para evitar ser acusados de alterar el tratamiento clínico del paciente. A la vez desincentiva también al paciente a solicitarlo por temor a ser “retado” por no seguir la sugerencia del médico. Por motivos que no encuentran fundamento, estas sugerencias de marca, suelen direccionar a las opciones más caras.
Es casi como volver a prescribir por marca, como hace tantos años, retrocediendo muchos casilleros.
Hasta ahora, ¿no era importante preservar un adecuado seguimiento del tratamiento clínico del paciente?
Aquella parte de la industria farmacéutica que hace estos reclamos, los justifica poniendo en duda la calidad de los demás medicamentos, los que no son propios. Haciendo lugar a dicho reclamo y desincentivando la sustitución de marca, se alimenta el engaño constante y el temor infundado de la población que, asustada por las manifestaciones públicas de dichas instituciones y viendo que desde el Estado se corrigen textos por demás defendidos previamente, corre a endeudarse pagando altísimos precios con miedo a pedir algo más económico. Esto en el mejor de los casos. En otros, incumple la duración, la frecuencia de tomas, o directamente no puede acceder a esos medicamentos.
Los medicamentos genéricos y/o similares no alteran el tratamiento clínico del paciente. Lo que permite un tratamiento exitoso es la droga, el principio activo, no la marca comercial.
Llevamos 22 años de vigencia de esta Ley 25.649, sin que se hayan presentado reportes de farmacovigilancia ni por falta de efectividad, ni por alteraciones de tratamientos clínicos que hayan podido ser provocados por dichos cambios de marca. Llevamos también más de 50 años usando estos medicamentos para tratar pacientes desde la terapia intensiva hasta la guardia en todas las instituciones de salud públicas y privadas de todos los tamaños en todo el país.
Se avalan con esta firma, los tremendos argumentos falsos de una parte de la industria y de diversas instituciones, sobre la calidad de los medicamentos. Todos, absolutamente todos los laboratorios tienen los mismos controles y auditorías de nuestra autoridad sanitaria: ANMAT.
¿Cómo pueden hablar alegremente sobre falta de calidad? ¿En base a qué estudios? ¿Cuántas denuncias al respecto se hicieron en los últimos 20 años?
¿Cómo pueden siquiera poner en duda la calidad de los medicamentos con los que se trata a los pacientes en todos los hospitales, clínicas, ambulancias, terapias intensivas, etc.? ¿Cómo las instituciones pueden hacerlo sin haber hecho un solo reclamo en los últimos 20 años? ¿Cómo puede un medicamento ser bueno en el hospital y ser dudoso en la farmacia?
Todo lo expuesto causa un perjuicio económico al paciente, quien necesita los medicamentos para poder tratar su dolencia. Esto último debe ser particularmente considerado en el actual contexto económico, donde los aumentos de precio son constantes.
Diferentes relevamientos nos muestran que una parte considerable de la población no está pudiendo acceder a los medicamentos necesarios para poder atender su salud y continuar sus tratamientos médicos.
También muestran diferenciales de precios de hasta un 345% entre el más caro y el más económico, siendo que todos contienen la misma droga, reciben los mismos controles de calidad y las mismas auditorías de la misma autoridad sanitaria.
No se está respetando al paciente, ni al farmacéutico, ni la competencia. Se vuelve a direccionar hacia la marca cara. Mucho se ha hablado de libertad, competencia y todas las mejoras que estas combinadas traerían. Directa o indirectamente este cambio no respeta la libertad del paciente y afecta la defensa de la competencia, favoreciendo el abuso de la posición dominante. Concesiones discrecionales. En los últimos 22 años, se había logrado cierto avance en la equidad de acceso a los medicamentos. Hemos retrocedido tirando por la borda 22 años de mejoras. ¿La perjudicada? La población.
Hay otro tema adicional. Entendemos que son tiempos de austeridad obligada. Y así acompaña la población, que se ajusta día a día. Hay organismos públicos que otorgan coberturas del 100% en determinados medicamentos. ¿Cómo puede ser que la población toda vaya a seguir pagando a través de la enorme presión fiscal, indirectamente, precios de medicamentos que duplican o triplican los precios de otros similares?
Con mucha tristeza vemos que mientras el mundo avanza hacia la prescripción por droga, aquí volvemos 25 años atrás. Una vez más, se alimenta el imaginario colectivo de que los medicamentos accesibles son malos. Irónicamente, a la vez, se dice buscar bajar el precio de los mismos. El camino era ese. No importa casi la sugerencia de marca. Lo grave es desincentivar la sustitución. Los precios iban a bajar sin lugar a dudas. Y si no lo hacían algunos laboratorios, el paciente dispondría de gran variedad para elegir de acuerdo a su preferencia y posibilidad.
Se vuelve a permitir que se llene de miedos a la población, miedos infundados absolutamente.
¿Acaso están diciendo que en hospitales, clínicas, sanatorios, ambulancias, salitas de primeros auxilios, guardias públicas y privadas, usan medicamentos que no sirven?
¿Acaso conocen ustedes a UNA persona que al estar internada en cualquier centro de salud pregunte de qué laboratorio es el comprimido o inyectable que la enfermera les trae?
¿Acaso están diciendo que ANMAT, una agencia regulatoria de alto prestigio, autoriza cualquier cosa?
¿Acaso están dudando de los controles de ANMAT solamente cuando los controles se hacen en otros laboratorios y no en los de marcas conocidas?
La única perjudicada por este sorpresivo cambio es la población toda, a quien llenan de miedo sin fundamentos ni pruebas. Sin haber hecho jamás una denuncia respecto al supuesto peligro en que vivimos los últimos 22 años.
Recordemos y celebremos que el mismo medicamento que usan los médicos en todas las internaciones, urgencias, terapias intensivas, ambulancias y salitas de primeros auxilios, hoy se puede encontrar en la farmacia de tu barrio a precios muy diferenciales. Pero lamentablemente es muy posible que el farmacéutico ni lo ofrezca. Un callejón sin salida para el paciente, acorralado por las estrategias comerciales de los demás actores del sector y obligado a pagar de más para que la rueda siga girando… para los otros.
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