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La Deportiva

90 minutos: El hincha

Escribe MARIO UHALT (La Deportiva, de La Verdad) — Es más que un partido de fútbol. Son 90 minutos de sensaciones inigualables y difíciles de encontrar o sentir en la cotidianidad de una semana cualquiera sin que ruede la pelota, ya que el hincha tiene la necesidad de volver a su casa, ese lugar tan preciado que tanta falta le hace cuando se levanta todos los días a laburar, estudiar o ganarse la vida de alguna forma.

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Es más que un partido de fútbol. Son 90 minutos de sensaciones inigualables y difíciles de encontrar o sentir en la cotidianidad de una semana cualquiera sin que ruede la pelota, ya que el hincha tiene la necesidad de volver a su casa, ese lugar tan preciado que tanta falta le hace cuando se levanta todos los días a laburar, estudiar o ganarse la vida de alguna forma.

 

En su hogar, vivencia el momento donde las sensaciones y sentimientos se guardan un poquito para darle prioridad a otros aspectos importantes de la vida que lleva adelante. Sin embargo el día de partido siempre llega, puede variar el clima, los meses, días o años pero llega y cada uno tiene su historia, son distintos e iguales uno del otro porque puede variar el resultado, la estrategia, los jugadores, la luz solar o la temperatura, pero el sentimiento sigue siendo el mismo de siempre o aún mayor que la semana pasada.

 

Se prepara para vivir una fiesta cuando entra al estadio, es algo único que desearía tenerlo bastante más seguido porque al fin y al cabo es un hincha y lo lleva en el corazón. Pero más allá de la fiesta en la tribuna, ¿quién de ustedes no se imaginó adentro de la cancha algún día?, ¿quién no soñó con gritar un gol con la hinchada o besarse el escudo después de convertir un penal en el minuto 45 del segundo tiempo?. Admira, alienta, es perseverante y fanático pero daría la vida y algo más por estar cinco minutos ahí adentro, sí ahí en el mismísimo verde césped y traspasar el alambrado que tuvimos tuvo toda la vida por delante. Por eso digo y sostengo que es un juego de sensaciones, ya que grita goles, protesta, canta, camina en la tribuna, va y viene como un loco, se cuelga al alambrado, rezonga y festeja, porque en el fondo todos soñamos con estar ahí, y a no confundirse, no hay distinción de sexo ni edad para soñar esa hermosa situación.

 

Vive el partido representado por once jugadores que llevan el escudo que muestra con orgullo en cualquier rincón del país, reunión, cumpleaños o cualquier momento que nos permita ponernos la pilcha del club de nuestra ciudad. Todas estas situaciones generan un juego de sensaciones, donde seguramente el hincha siempre quiere ganar y festejar pero también en las derrotas es donde el mismo forja ese “no sé que” donde justamente sentís que siente que es más hincha que ayer.

 

Cuando se va derrotado no ve la hora de que llegue el próximo partido para tener revancha, mira los goles una y otra vez y no puede entender cómo se cometieron esos errores en defensa y rezonga, pero al “finde” siguiente, está primero haciendo la cola para entrar a la cancha tres horas antes de que empiece el partido, con el trapo en la mano. En cambio, cuando se va victorioso cada detalle es mejor, la alegría la siente en el cuerpo y la mente después de un fuerte abrazo con un desconocido en la tribuna, donde no importa el sexo, edad, clase social, ideología política o religión. Te une nada más ni nada menos que el lazo de los colores. La vuelta en auto, moto o a “pata” es mucho más placentera y cuando llega agotado, siente que él también puso su granito de arena desde la tribuna para conseguir esos tres puntos o para que esa pelota entre pidiendo permiso en el segundo palo.

 

 

Es un deporte que cuando los ingleses le pusieron “footbal” y hoy en día en nuestro país se llama fútbol, pero les puedo asegurar que para el hincha genuino del algún equipo, sin dudas es un juego de sensaciones y sentimientos, que van más allá de cualquier resultado, porque son 90 noventa minutos inigualables…SON 90 MINUTOS DE VIDA. 

 

 

 

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