Hay crisis económica, social, de representación política y rumbo inestable en un país que necesita de una vez por todas comenzar un sendero de crecimiento que comience a corregir de manera paulatina pero constante todas las asimetrías que no pudo en estos últimos 40 años de democracia.
La elección del próximo domingo es una nueva oportunidad para que de la mano de un gobierno electo por la voluntad popular se puedan construir los consensos necesarios dentro de la dirigencia política y fuera de ella, en las instituciones intermedias, en las fuerzas vivas de la comunidad, para que las mejoras que son urgentes se conviertan en políticas de estado.
Políticas de estado que son evidentes. Quién puede dudar que el país en todos los indicadores sociales y económicos ha involucionado.
Cómo pasamos de ser la segunda economía más potente de Latinoamérica y una de las más centrales del mundo por la capacidad productiva de nuestro suelo e industria a un país que se muestra ineficaz de pensar en al menos el mediano plazo y que solo vive el hoy con angustia y el mañana con grandes interrogantes.
Si la educación es prioridad, si la salud es prioridad, si la generación de empleo privado es prioridad, si la seguridad no puede esperar, por qué no se encuentran los vasos comunicantes entre las diferentes fuerzas políticas para poder desarrollarlos con seriedad y honestidad.
Honestidad, un concepto que se ve bastardeado a la luz de los últimos hechos de público conocimiento con el caso “Chocolate” Rigau y el ex jefe de gabinete bonaerense Martín Insaurralde y una vida llena de lujos alejada de la cotidianeidad del ciudadano común y trabajador que no puede más con la inflación de dos dígitos que llegó para quedarse al menos por los próximos meses.
El quiebre es el de la confianza, la gente reclama soluciones y no más grieta o discursos mágicos para ganar elecciones. A quién le sirve que un candidato diga que el otro es menos malo o que soy yo o el abismo si nada cambia realmente.
¿Ahora, el nivel de polarización extrema entre los mismos actores eleva el debate de ideas y propuestas o nos deja a los ciudadanos en medio de una guerra dialéctica sin fin o es que a los ciudadanos nos caló tan hondo esa situación que la tomamos como algo natural a esta altura?
Esta campaña va pasando deslucida, con laberintos sin salida para la sociedad. Los últimos datos de pobreza del Indec o del observatorio social de la UCA marcaron la escalofriante cifra del 40% de los argentinos sumidos en la pobreza, es decir casi 20 millones de personas y de más de 9 millones de personas en la línea de la indigencia.
“La sociedad interpela”, aseguró un dirigente político local hace algunas semanas y habló del gran nivel de ausentismo que hubo en las elecciones provinciales. “La gente no quiere ir a votar porque descree de que con su voto puede cambiar algo y por eso es que hay que volver a entusiasmar a la gente, pero no con slogans emocionales, con razón, con programas, no con redes sociales”, opinó.
Un llamado de atención, válido y crudo. La grieta no soluciona problemas, los agranda.
El mayor peligro es el desaliento a que todo continúe en la inercia destructiva y que el mañana sea peor al hoy. De estas elecciones debería surgir una alternativa, elijo creer que mis hijas verán otro país. La responsabilidad es de todos.
*********************************************************************************************************************
También puede interesarte:
• Todo el Deporte en: La Deportiva
• Escuchar las notas más importantes en: LT20 Radio Junin
• Escuchar LT20 Radio Junín en VIVO: Escuchar ahora






