Por Redacción Grupo La Verdad
El arte es tan amplio como rico. Una de sus ramas es típica de nuestro país: el fileteado. O bien, el fileteado porteño, teniendo en cuenta su lugar de origen. Esta expresión cultural nació hace décadas, pero está lejos de estar en riesgo de extinción.
Por el contrario, es un arte que volvió a estar en la escena y hoy atraviesa un momento de auge. Esto también se replica en Junín. De hecho, en el Festival YESO que se desarrolló a fines del mes pasado, una de las propuestas que más despertó el interés del público fue la que brindó Fernando Borges.
Grupo La Verdad entrevistó al máximo exponente de esta actividad en la ciudad, quien lleva adelante este oficio como empleo, pero también como un estilo de vida. Borges trabaja diariamente buscando que el fileteado tenga el reconocimiento que se merece, dejando marcas de esta especialidad en distintas obras de Junín.

Familia de artistas
“Mi madre era artista; con sus manos hacía lo que sea: bordaba, pintaba, tejía… tenía habilidad. Bordaba en bastidores sin dibujar previamente. Y mi papá era músico, además de hacer macetas. Con lo cual, vengo de una familia muy relacionada al arte, la música y las formas plásticas. Era muy difícil no ser lo que soy”, expresó el entrevistado.
Casi 50 años en la actividad
Borges tiene 61 años y comenzó con este arte “a los 13 años. A esa edad hice mi primer trabajo, casi sin querer. Yo estaba en dibujo técnico en la secundaria. En la esquina de mi casa había un bar y le ofrecí hacer las vidrieras. Fue escribir y pintar la palabra ‘bar’ en la ventana”.
Cómo llegó el fileteado a su vida
“A los 16 años me tuve que ir a Buenos Aires. Ahí vi el fileteado por primera vez y me enamoré. Fue cruzando la calle cuando pasó un colectivo que tenía fileteado y no pude dejar de mirarlo. Nunca pensé que después me iba a dedicar a eso. Luego conocí a un hombre, Pablo Vargas, quien me terminó de meter en el mundo del fileteado”, contó el artista.
El arte como trabajo
En un momento de su vida, esta pasión por este tipo de expresión artística se convirtió en su fuente de ingreso. “Siempre volvía a los pinceles, pero terminaba dejando y trabajaba de otra cosa. Me decían: ‘¿cómo vas a vivir del arte? Te vas a morir de hambre’. No me dedicaba al fileteado, pero siempre lo hacía”, manifestó.
Pero, “aproximadamente a los 25 años, cuando vivía en Tierra del Fuego, estaba trabajando en una fábrica y me despidieron. Hasta que un compañero me insistió para dedicarme a esto, en un principio a hacer carteles. Nunca más trabajé en relación de dependencia. Llenaba mi bolsillo con los carteles y letreros, pero llenaba mi espíritu con el fileteado. Donde podía meterlo, lo hacía. A través de contactos, me llamaban desde Buenos Aires para ir a trabajar allá. Uno de esos vínculos hizo que me involucre mucho más en el arte y el fileteado. Cuando iba a Capital, siempre me encontraba con alguien que lo hacía y siempre me llevaba algo aprendido”, relató.
Borges intentó definir qué significa para él esta especialidad: “Es mi pasión y me emociona. Mi vida está compuesta de muchas cosas, pero una muy importante es el fileteado. Me generó tanta pasión que lo fui desarrollando como pude y nunca lo dejé».
“Ahora, de grande, tengo un vínculo más fuerte. Voy a encuentros de fileteadores y estoy más involucrado. No tengo problema en enseñar. Tengo una cantera chica atrás y más de 20 ‘herederos’, pero no me considero ni maestro ni profesor. Eso me choca un poco”, continuó.
En cuanto a su personalidad, a pesar de su talento, dijo que “siempre mantuve un perfil bajo y nunca me gustó hacerme ver. No me molestaba que vean mi trabajo, pero no me gustaba que me vean a mí. Quiero que se vea y se conozca el fileteado, no que me aplaudan a mí. Cuando me reconocen, me da vergüenza. De hecho, nunca firmé con mi nombre y apellido. Acá en Junín tengo un seudónimo: Filete Fueguino, para mostrar de dónde vengo. Aunque el fileteado es bien porteño y criollo”.
La habilidad puesta en práctica
“Terminé estudiando diseño, pero la habilidad y el talento no se compra. Se puede estudiar, pero el que nace músico es músico y el que nace pintor es pintor. Tengo el don de contar, desde chico, con la relación mente-mano, y yo lo alimenté. Cuando estaba en tercer grado ya dibujaba bien, me encantaba y ya sabía que quería dibujar”, sostuvo Borges.
Y añadió que “el pincel me llevó por varios lugares del mundo. He hecho trabajos insólitos: pinté cruces para fallecidos, aviones, barcos, etcétera. Y siempre que pude, le mandé algo de fileteado, aunque sea sutil”.
Etapa en Junín
El artista nació en Gualeguaychú, pero vivió mucho tiempo en la Patagonia. Por eso, relató la historia de cómo terminó instalándose en Junín. “Vine a visitar a mi pareja y me terminé quedando por la pandemia. No podía volver a Tierra del Fuego porque cerraron todo. Cuando quise acordar pasaron tres años. No tenía nada, tuve que comprar pinceles, tinta, hilos, tiza, todo. Sólo tenía un bolso. Fue como empezar de cero y volví a las fuentes, que es el pincel”, confesó.
“El primer trabajo que hice acá no fue de fileteado sino de letrista, que es otra cosa que hago y no reniego de eso. Fue pintar una marquesina. Repito: como letrista lleno el bolsillo y con el fileteado, el corazón”, destacó.
También comentó que en Junín “no había nada de fileteado. Con el tiempo conocí gente que lo hace, pero no había casi ningún antecedente. Sí había letristas”.
“Hace poco hice un trabajo en la ciudad, con el que una abuela le enseñaba palabras al nieto. Para mí, el reconocimiento pasa por ahí”, indicó.
El fileteado en la actualidad
Aunque pueda creerse que esta rama del arte se remonta a épocas anteriores, o que es una actividad que ya no se aprecia con habitualidad, Borges dejó en claro que sucede todo lo contrario.
“En la época de los militares, el filete fue prohibido por una cuestión política. En ese tiempo pareció estar en peligro de extinción, aunque seguíamos pintando más a escondidas. Y yo lo viví, fui artista en la dictadura. Pero nunca murió el filete, es imposible de matar. Fue mutando. Después volvió”, expresó.
Sin embargo, aseguró: “Hoy lo veo explotado. Hay un auge muy fuerte e impresionante. Hoy se ve en los colectivos. Hay muchísimos jóvenes, eso es para destacar. La pandemia tuvo mucho que ver. Además, empezaron a entrar muchas mujeres al fileteado y eso lo ha reconvertido, tuvo muy buena repercusión. Por otra parte, en el 2015 la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) reconoció al fileteado y desde ahí hubo un auge. Ahora sí es un arte popular, pero antes lo hacía muy poca gente”.
Además, contó que “acá en Junín, cuando puse esta vidriera en mi lugar de trabajo, hubo mucha gente que me vino a pedir cursos, cerca de 30 personas. Y tengo una estadística: de esas 30 personas, creo que 6 son mayores, después todos chicos jóvenes. Y no me llama la atención”.








