Por Redacción Grupo La Verdad
El domingo pasado, México se vio revolucionado con la muerte del narcotraficante Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, el líder del Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), a manos del Ejército de ese país en una operación militar en Tapalpa, Jalisco.
Falleció durante su traslado aéreo a la Ciudad de México, luego de ser detenido y herido. Se montó un gran operativo de seguridad para recibir su cadáver.
Mientras tanto, fue decretado un “Código Rojo” en Jalisco, donde los enfrentamientos entre militares y células criminales han alterado profundamente el orden público, con decenas de vehículos quemados.
En este contexto, Grupo La Verdad se comunicó con el juninense Pablo Guaita, quien vive en el epicentro de este hecho. El entrevistado contó cómo se vivió y se vive la situación.
“Estoy en el ojo de la tormenta, aunque ya ha pasado: en Jalisco, muy cerca de Guadalajara”, dijo. Y comentó: “Estuve en Querétaro hasta hace seis meses y viajaba seguido a Guadalajara. En uno de esos viajes, hace un año y medio, me crucé con esta situación narco, aunque fue solo un camión, pero fue una noticia intensa”.
Respecto a cómo fue vivenciar este episodio, manifestó que “fue todo muy complicado. Ese domingo a la mañana, me llamó mi novia diciéndome que no salga. Abajo de donde vivo estaba lleno de gente con valijas porque habían detenido a todos los colectivos de larga distancia, era un caos total. También había mucho, pero mucho humo y olor a caucho quemado. Ahí me di cuenta de que a pocos metros estaba todo cortado y habían quemado unos camiones y colectivos. Estaba el ejército y la Guardia Nacional. Todavía no se sabía cuál era el motivo”.
Continuando con el relato, expresó: “Cuando empezó a correr la versión de lo que estaba pasando, cerca del mediodía se declaró el estado de alerta rojo, que es como un toque de queda. En Jalisco nos resguardamos y no salí de mi casa hasta el otro día. Seguía todo por las redes sociales. Él (el ‘Mencho’) estaba a unos 70 kilómetros nada más, en un lugar residencial. También su gente, que es la segunda línea y que han sido detenidos en su mayoría”.
Y amplió: “Durante varios días se escucharon muchas detonaciones de armas de fuego en la madrugada. Estuvimos dos días sin nuestras acciones laborales. Ahora se vive con normalidad, solo se pide que no se circule a la noche. Yo veo que siguen pasando helicópteros del ejército. Hay zonas que siguen estando calientes con incendios de autos”.
Asimismo, a casi una semana del hecho, señaló que “desde la parte de seguridad, se vivió como un alivio porque hubo un mensaje de que el Estado pudo enfrentar y detener a este cartel, que es lo más sanguinario que hay. La orden era detenerlo. En 30 kilómetros a la redonda de donde estoy se encontraron tres fosas del cartel de las cuatro letras. Fue un mensaje para los violentos. Casi el 90% de la población aprobó esta medida del Estado”.
“Entre todas las bajas que hubo, tanto del cartel como de las fuerzas federales, lamentablemente hubo una civil que quedó en un fuego cruzado. También dicen que aparecieron otros cuerpos que no se saben si son civiles o pertenecen a carteles. Pero la población civil no se sintió atacada en un sentido físico. Sí desde lo material. Hay que ir con cuidados, pero no se ha violentado contra la población civil”, indicó.
Y remarcó: “No se vivó con tranquilidad. El pueblo mexicano quedó asombrado porque nunca se había visto algo así, con semejante magnitud a nivel nacional. Hubo reacción en todo México”.







