La comunidad educativa celebra con profundo orgullo el egreso de tres estudiantes de primaria, todos mayores de 70 años, quienes demostraron que la educación no tiene edad y que las trayectorias interrumpidas pueden retomarse en cualquier momento de la vida.
Ellos son Olga Rosas (88 años), Juan Hernández (75 años) y Agustín del Monte (70 años). Cada uno, a su ritmo, con su historia y sus desafíos, lograron finalizar sus estudios gracias a su esfuerzo y al acompañamiento de las docentes y del equipo de supervisión de la modalidad.
Estas historias cobran especial relevancia en el marco de la Ley de Educación Nacional N.º 26.206, que garantiza el derecho a la educación a lo largo de toda la vida y sostiene que la modalidad de Educación Permanente de Jóvenes, Adultos y Adultos Mayores debe asegurar la inclusión, la igualdad, la calidad educativa y la justicia social. La ley establece que la escuela tiene la responsabilidad de reconstruir trayectorias educativas interrumpidas y garantizar el acceso a este derecho fundamental, sin importar la edad ni las circunstancias.
Los tres egresados forman parte de centros educativos no nucleados, espacios donde la escuela va hacia la comunidad, acercando oportunidades reales a quienes por distintos motivos no pudieron terminar sus estudios. Allí, docentes profundamente comprometidas sostienen el día a día de un proyecto que transforma vidas.
En esta ocasión, la labor pedagógica estuvo a cargo de las docentes Gimena López, Gabriela Costales, Virginia Navarta y Gretel Ferrari, quienes han acompañado a estos estudiantes con dedicación, paciencia y una mirada profundamente humana. Junto a ellas, la inspectora Verónica Verón acompañó y fortaleció el trabajo territorial que permite que la educación llegue a cada rincón donde haya una persona con deseos de aprender.
Cada egresado tiene una historia que inspira.
Olga Rosas, a sus 88 años, decide cerrar una cuenta pendiente y demostrar que nunca es tarde para seguir creciendo.
Juan Hernández, a los 75, reafirma que la educación es un puente hacia la autonomía, la participación y la dignidad.
Agustín Delmonte, con 70 años, celebra la posibilidad de cumplir un sueño que había sido postergado por las exigencias de la vida cotidiana.
Estas trayectorias son una muestra del sentido profundo de la educación de adultos: recuperar derechos, construir igualdad, fortalecer identidades, garantizar oportunidades y reparar injusticias históricas.
Porque cuando un adulto mayor termina la escuela, no solo obtiene un certificado: recupera autoestima, fortalece su voz y reafirma que es sujeto pleno de derecho.
La comunidad educativa felicita con enorme alegría a Olga, Juan y Agustín, sus logros nos recuerdan que la educación pública sigue siendo uno de los caminos más poderosos hacia la justicia social y educativa, y que cada paso, sin importar la edad, abre posibilidades nuevas para el presente y el futuro.






