Si pensamos en la historia educativa, necesariamente tenemos que pensar en las diferentes concepciones de educación existentes en los distintos momentos epocales.
El verbo educar, proviene del latín educare, que tiene el sentido básico de “criar”, “alimentar”, no sólo niños sino también animales. A partir de allí se desarrolla el sentido abstracto espiritual e intelectual de “formar”, “instruir”.
Si bien dicha concepción es la que impera en el modo de concebir a la educación en términos clásicos, me interesa traer a discusión otra concepción de la palabra educar, cuya etimología responde al verbo educere o también exducere, y que significa, extraer de dentro hacia fuera, e implica incitar y guiar al discente hacia su realización.
En tiempo de pandemia una de las cuestiones que se puso en jaque tuvo que ver con la posición del/la docente en torno a la virtualidad y al desafío de transmitir los contenidos pedagógicos a través de plataformas virtuales. ¿Cómo hacemos? Era la gran pregunta…
Fue ahí que la dimensión del verbo educere tomó gran relevancia, ya que al tener que reinventar la educación tuvimos que reinventarnos los y las docentes buscando nuevos modos de transmitir, uno de esos modos posibles, tuvo que ver con repensar nuestra forma de hacer docencia desde dentro hacia fuera. Pensarnos desde el educere implicó entre otras cosas intentar generar preguntas en lxs estudiantes, a partir de nuestras propias preguntas como docentes, o mejor dicho, preguntarnos como docentes, porque alguna vez fuimos estudiantes…
Pregunta estructural y existencial que entre otras cuestiones implica registrar la temporalidad que nos atraviesa, la cual por un lado nos devuelve nuestra propia inconsistencia, pero también aquello que nos motoriza para intentar darle sentido a todo lo que hacemos, inclusive a nuestra labor docente. En ese sentido, los seres humanos si de algo sufrimos es de tiempo, al respecto San Agustín decía que el tiempo es el pasado que ya pasó, el futuro que nunca llega, y el presente que en este mismo instante acaba de suceder. Es por ello que el sujeto está siendo en cuanto habla, ya que en tanto hablamos, capturamos pequeñas “partículas” del presente que nos definen cuando decimos, “soy eso”, “soy yo”.
Es por ello que Freud decía que las personas se transforman en sujetos en la medida en que hablan, en algún punto hablar implica sacar de dentro hacia afuera aquello que nos define, justamente para poder hacer algo con eso desde el presente en el que hablamos, ya que es desde el presente que resignificamos el pasado para proyectar el futuro.
La pandemia ya pasó, las plataformas virtuales ya no se imponen, pero sigue siendo una elección docente posicionarnos desde el educare o desde el educere, en definitiva más allá de la especificidad disciplinar que se intente transmitir, intentar generar preguntas en el otro a partir de nuestras propias preguntas, como decía Paulo Freire, sigue siendo un acto totalmente revolucionario.
(*) Prof. y Lic. en Psicología.
Egresado de la UNLP
MP: 56783
Correo electrónico: cringelman@gmail.com
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