Conducir un vehículo requiere atención permanente. Sin embargo, una de las conductas más comunes y peligrosas al volante sigue siendo el uso del teléfono celular mientras se maneja.
Por Redacción Grupo La Verdad
Ya sea para responder mensajes, atender llamadas, mirar redes sociales o utilizar aplicaciones, el celular se convirtió en uno de los principales factores de distracción y una causa creciente de accidentes de tránsito en Argentina y el mundo.
Especialistas en seguridad vial coinciden en que utilizar el celular mientras se conduce multiplica considerablemente el riesgo de sufrir un siniestro. El motivo es simple: cuando una persona mira la pantalla del teléfono durante apenas cinco segundos, a una velocidad de 80 kilómetros por hora, recorre más de 100 metros prácticamente “a ciegas”.
La distracción puede ser visual, manual y mental. El conductor aparta la vista del camino, retira una mano del volante y además pierde concentración sobre el tránsito. Esta combinación reduce el tiempo de reacción ante frenadas, peatones, motos o cualquier imprevisto que pueda surgir.
Según organismos internacionales de seguridad vial, conducir utilizando el celular puede aumentar entre cuatro y diez veces las posibilidades de protagonizar un accidente. Incluso, varios estudios sostienen que manejar mientras se envían mensajes puede ser tan peligroso como conducir bajo los efectos del alcohol.
En Argentina, el uso del celular al volante está prohibido por la Ley Nacional de Tránsito. La normativa establece que el conductor no puede utilizar dispositivos móviles mientras maneja, salvo sistemas de manos libres que no impliquen manipular el aparato. Sin embargo, pese a las campañas de concientización y los controles, la infracción sigue siendo muy frecuente.
Las multas por utilizar el celular al conducir varían según la provincia y el municipio, pero en muchos casos representan montos elevados y hasta la pérdida de puntos en las licencias de conducir. En algunas jurisdicciones argentinas, las sanciones pueden superar ampliamente los cientos de miles de pesos dependiendo del valor de la unidad fija vigente.
El problema no solo afecta a automovilistas particulares. También se registra en motociclistas, conductores de transporte de pasajeros y repartidores, sectores donde la distracción puede tener consecuencias todavía más graves por la exposición al tránsito.
Otro aspecto preocupante es el crecimiento de la dependencia al teléfono móvil. Muchas personas sienten la necesidad de responder mensajes de inmediato o revisar notificaciones constantemente, incluso mientras manejan. Esa falsa sensación de “control” lleva a minimizar el peligro, aunque las estadísticas demuestran lo contrario.
Las campañas de educación vial insisten en que ningún mensaje o llamada justifica poner vidas en riesgo. La recomendación es clara: si es necesario utilizar el celular, lo correcto es detenerse en un lugar seguro antes de hacerlo. También se aconseja activar modos de conducción o silenciar notificaciones durante el viaje para evitar distracciones.
La tecnología avanzó y los vehículos incorporan cada vez más sistemas de conectividad, pero la responsabilidad sigue dependiendo del conductor. Mantener la atención en el camino continúa siendo la herramienta más importante para prevenir accidentes.
En un contexto donde los siniestros viales representan una de las principales causas de muerte, especialmente entre jóvenes, generar conciencia sobre los peligros del celular al volante se vuelve fundamental. Una distracción de segundos puede cambiar una vida para siempre.






