Hay edificios que representan mucho más que su interior y su fachada. Hay lugares que, con el paso del tiempo, pasan a formar parte de la memoria colectiva de una comunidad. El Teatro Italiano es uno de esos sitios caros a los sentimientos de miles de juninenses.
Recuperar su sala después de más de dos décadas significaría volver a poner en valor un espacio de pertenencia, devolviéndole a su vez a la ciudad toda (no solo a los miembros de la colectividad) un ámbito donde sus habitantes puedan reencontrarse con expresiones artísticas como la música, la danza, el cine y todas aquellas manifestaciones que hacen de la cultura una herramienta fundamental para cualquier sociedad.
Los actores sociales se reconocen en aquellas referencias que deciden ser conservados. En una época en la que muchas veces se impone lo inmediato y lo fugaz, preservar un teatro histórico es una manera de afirmar que la memoria tiene peso y que el patrimonio es considerado como tal.
Una ciudad necesita recintos específicos donde poder mirarse a sí misma y, al mismo tiempo, no olvidar su pasado. Donde conservar las voces de sus antecesores. Y cuando se trata de revalorizar un lugar tan significativo, el desafío requiere un compromiso inquebrantable de todos, no de una sola parte.
Junín tiene una historia cultural que la identifica. Recuperar sus espacios históricos no implica solamente vivir de recuerdo, sino además contribuir a la construcción de un futuro a partir de aquello que nos define.
Cuando una comunidad recupera una sala de teatro, no se trata solamente de un área determinada, de su escenario, de sus butacas. Recupera la posibilidad de volver a encontrarse con los orígenes y con la idiosincrasia de aquellos que la constituyeron como tal, allá por 1903 cuando fue inaugurada.
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