Por Gustavo Rosas
Uno de los fundamentos del escandaloso fallo que por mayoría de dos jueces decidió anular el procedimiento realizado por la policía en relación a Julio Segundo Rigau (alias “Chocolate”), empleado de la Legislatura Bonaerense, es que retirar dinero de un cajero bancario no comporta delito alguno. El argumento es tan superficial como candoroso. Acaso retirar dinero de una billetera constituye delito? Desde luego que no! en tanto la billetera sea mía, ya que si lo estoy retirando de una ajena, sí lo es.
En este caso surge evidente que sacar dinero ($1.260.000) durante casi una hora de un cajero utilizando cuarenta y nueve (49) tarjetas de débitos que en la parte inferior de las mismas rezan «HONORABLE CAMARA DE DIPUTADOS, tiene todas las notas de sospecha que el Código de Procedimientos exige para justificar la actuación preventiva de la policía.
Como dijo el juez Mateos, en su excelente voto que quedó en minoría: «Tanto la requisa como el secuestro no requieren un estándar de certeza acerca de la existencia o la vinculación de ciertos objetos con un delito, sino tan sólo una sospecha fundada. Es decir que, el funcionario policial o quien lleve a cabo la restricción de derechos con fines preventivos o investigativos, no actúe por mero capricho. Esta exigencia de motivación debe ser lo suficientemente estricta para evitar un ejercicio arbitrario de las facultades de requisa o secuestro, pero también lo suficientemente flexible para permitir la prevención e investigación de los delitos» (Tribunal de Casación bonaerense, Sala V, causa 78.003).
De lo contrario se caería en el absurdo de que la policía debería contemplar pasivamente la comisión de delitos que se están cometiendo delante de sus narices, hasta que, digamos por ejemplo, el delincuente dispara un arma y la víctima rueda muerta por la calle. Ahí si hay delito, antes el poli tenía que quedarse piola.
Muy acertadamente adiciona el Juez Mateos, “no puedo dejar de mencionar el estrépito social o el desconcierto y descrédito para el común de la gente que se derivaría de una decisión que implique anular el procedimiento policial sellando la suerte de una investigación que razonablemente podría relacionarse con la Convención Interamericana contra la Corrupción (aprobada por ley 24.759, B.O. 17/01/1997) y la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción (aprobada por ley 26.097, B.O. 9/06/2006), que, entre otros criterios y en lo que cuenta, mandan asegurar la eficacia de medidas y acciones para sancionar los actos de corrupción en el ejercicio de las funciones públicas y los actos de corrupción específicamente vinculados con tal ejercicio (conf. art. II, pto. 2, de la primera), y adoptarlas medidas que sean necesarias para proceder efectivamente al enjuiciamiento y el fallo de los delitos relacionados con la corrupción (conf. art. 30, pto. 2, de la segunda).”
Es que no cabe dudas que nos encontramos en un típico caso de cobro de los salarios de algunos de los numerosos ñoquis que figuran como empleados de la legislatura y que, además de no prestar servicio alguno, ni siquiera se molestan en ir a cobrar el sueldo que va a parar directamente a los bolsillos de algunos de sus jefes políticos, que por ahí les retorna algunas migajas.
Eso ocurre de manera harto frecuente, es archisabido y es una vergüenza, que ahora quedó a la vista, demostrando que “chocolate” no actuó sólo y que hay un sistema de corrupción organizado para defraudar al Estado, o sea a todos los argentinos.
Lamentablemente dos jueces opinaron que la policía se había “excedido” en sus funciones y metido sin permiso en un lugar privado para aprender a una persona de la cual no era dable sospechar nada incorrecto.
Entonces, a la vergüenza de los ñoquis hay que sumarle la vergüenza de este fallo tan flojo y condescendiente con las miserias de la política y la corrupción que debemos desterrar de una vez y para siempre del país, tal como lo han reclamado conspicuos legisladores y políticos de la Unión Cívica Radical y del Pro (el diputado nacional Ricardo López Murphy, Javier Iguacel, intendente de Gral.Sarmiento, y María Laura Talerico) a cuyos voces corresponde sumar el clamor popular.






