Llegó el fin del 2023. Un año complejo, extenso, pesado, cargado de política, pero por sobre todo un año donde los problemas económicos y sociales se han agravado con el paso de los meses. Un año que no dio respiro y que dejó una vez más un sabor amargo y anhelo de encontrar soluciones desde la gestión hacia los argentinos, postergado.
2023 fue un año electoral signado por la aparición de un fenómeno como el de La Libertad Avanza a nivel nacional que pocos creían que podía llegar a concretarse con el acceso a la presidencia del economista Javier Milei. Un personaje enigmático para muchos pero que supo canalizar el descontento y la frustración, de jóvenes sobre todo, pero también de los que peinan canas y ubicarse como alternativa a dos modelos que fracasaron en sus gestiones como el peronismo y Juntos por el Cambio en los últimos 8 años.
Las urnas hablaron y se produjo un quiebre. Lograron salir de la grieta instalada durante tantos años entre peronismo/kirchnerismo y no peronismo, sin lugar para otras opciones. El fenómeno libertario llegó y acaparó la escena prometiendo medidas de shock y ajuste, recetas que no son nuevas, pero que van en contra del rumbo del país de los últimos 20 años, salvo con los 4 años de presidencia de Mauricio Macri en el medio.
Achique del estado, privatizaciones, leyes del mercado regulando todo, apertura de las importaciones, ya lo vivimos y no terminaron de la mejor manera. De todos modos y siendo honesto con la realidad las otras alternativas, tampoco.
Los datos de la pobreza, de la indigencia, los indicadores educativos, el entramado social, la aparición de un nuevo fenómeno en el país como el de los trabajadores con empleo registrado por debajo de la línea de pobreza así lo marcan.
Los argentinos dieron un voto de confianza en el balotaje a Javier Milei, que intenta hacer todo de golpe, a fondo, llegando y acelerando. El tema está en que este «sinceramiento» económico donde los precios de los alimentos, combustibles, medicamentos, indumentaria, salud, transporte, entre otros, vuelan por el aire sea sostenido por medidas de alivio (sería contradictorio con los postulados del nuevo gobierno pero altamente necesario) y que la sociedad comience a ver antes que tarde que este esfuerzo vale la pena.
La democracia es diálogo, es consenso, es escuchar y ser escuchado, habilitar los debates y no obturarlos con posturas radicalizadas porque no hay verdades absolutas ni pensamientos únicos, ni líderes mesiánicos. La construcción debería ser más abarcativa.
Ni estaba bien antes, con el 56% de Cristina Fernández de Kirchner de 2011 o después del triunfo de 2007 cuando se puso en la vereda de enfrente del sector agropecuario y llevó al país al límite, ni está bien ahora.
Los primeros meses de 2024 serán del mismo modo que los últimos de este 2023 que se va: duros y sinuosos. De todos modos no debemos perder la expectativa de que se puede estar mejor. Los cambios se construyen con pequeños pasos, sin recetas mágicas.
Los responsables de los gobiernos en todas sus dimensiones, nación, provincia y municipio deben entender que la gente tiene problemas reales que requieren soluciones reales. El desafío radica en salir de una vez y de manera sostenida de lo urgente para pasar a las políticas de largo plazo, que sean sostenidas en el tiempo y que den certidumbre.
2023 ya forma parte del pasado. 2024 es una hoja en blanco que podemos comenzar a escribir desde lo personal, lo laboral, lo familiar. Celebremos con nuestros afectos y recordemos a los que no están con nosotros pero que siguen ahí, a cada paso.
Que tengamos todos un gran año. Salud.
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