La hazaña del equipo de ciclistas de Junín en el Campeonato Panamericano de Ciclismo de Pista, celebrado recientemente en Asunción, Paraguay, trascendió la mera estadística deportiva. Con un total histórico de 15 medallas (10 en pista y 5 en ruta), la actuación fue contundente, cosechando seis medallas de oro y cinco de plata solo en pista, y consolidó la figura de Walter Andrés «Fatiga» Gavazza, el entrenador cuyo compromiso y filosofía de vida fueron oficialmente reconocidos por la comunidad de Junín.
La Dirección de Deportes del Gobierno de Junín lo destacó como un «referente, un formador y un ejemplo de cómo el trabajo con pasión deja huellas en cada deportista.»
El éxito continental del equipo Fatybike, forjado bajo la guía de «Fatiga» Gavazza, es el resultado de un trabajo regional que potencia talentos de toda la zona. La contundente cosecha de 15 medallas fue protagonizada por sus ciclistas de localidades vecinas: Donato Defelice (Colón) se colgó 4 medallas (3 en pista y 1 en ruta); Juan Ignacio Córdoba Zcorsa (Vedia) sumó 6 preseas a la delegación (4 en pista y 2 en ruta), y Javier Cieri (Chacabuco) cosechó 5 (3 en pista y 2 en ruta). La excelencia del equipo se notó incluso en la adversidad, destacando el esfuerzo y la garra de Carlos Britos (Lincoln), quien, si bien no subió al podio, logró dos valiosos cuartos puestos en un evento de élite continental.

En una entrevista exclusiva, «Fatiga» desglosó el camino recorrido, desde los inicios humildes con un grupo de amigos hasta convertirse en el artífice de un éxito continental, revelando el motor de una motivación que va mucho más allá de las copas y los podios. Su testimonio es un manifiesto sobre la dedicación sin límites y la vocación de servicio.
La historia de Fatybike, el equipo de ciclistas, no es una de grandes inversiones, sino de constancia y esfuerzo personal. Gavazza, ex-ciclista de importantes carreras de ruta, comenzó su tarea como guía hace más de diez años. «Yo comencé hace más o menos 10 años o 9, creo que el 2014 por ahí con un grupo de amigos,» rememora. Lo que nació como un intercambio de ideas pronto se profesionalizó, aunque manteniendo el espíritu amateur.
La evolución fue constante: «Fui logrando resultados año tras año, con pocos chicos, con uno, con dos, pero siempre con algunos resultados. Todo lo que fue el Campeonato Argentino de Pista, gracias a Dios siempre me traje algo» El único quiebre, el único año sin medallas, se convirtió en su mayor escuela. Ocurrió en el velódromo techado de madera de San Juan el año pasado, un tipo de pista ajena a su entrenamiento local.
«El único año que no me traje nada fue el año pasado que se realizó en San Juan, piso de madera, cambiaron las relaciones de piñoneros, todos los piñones y no pude encontrarle la vuelta, es la realidad,» confiesa con honestidad brutal. «Fui con 11 chicos creo de la escuelita, anduvimos muy bien, estuvieron siempre cerca, pero no pude lograr la medalla que era el objetivo.»
Sin embargo, ese revés fue la clave para el triunfo en Asunción. La pista paraguaya replicaba las condiciones de San Juan, permitiendo a Gavazza aplicar la dura lección aprendida. «Aparte de eso, fue una enseñanza para mí, aprendí mucho,» reflexiona. «Ahora que volví a la pista de madera techada como en San Juan, que fue este Panamericano en Paraguay, con el aprendizaje de San Juan logré todo lo que logré este año.»
La cantidad de preseas obtenidas marca un hito. «Si bien yo venía sacando campeones,» aclara, «pero traía por corredor dos, tres por corredor y por ahí eran dos o tres corredores los que yo llevaba a los campeonatos.» Esta vez, la cosecha fue masiva. Gavazza destacó el desempeño individual: «Trajimos buenos resultados, cada corredor trajo algo, uno trajo seis medallas en seis pruebas diferentes, otro cinco, otro cuatro y así fueron sumando» ilustrando la tremenda performance del equipo juninense en la élite continental.

La actuación de los ciclistas de Junín fue determinante para que el equipo argentino se destacara en la competencia, demostrando la calidad del trabajo de base de «Fatiga».
Al abordar la esencia de su rol como guía, Walter «Fatiga» Gavazza enfatiza que su metodología se basa en una filosofía de entrega total. Su enfoque trasciende el aspecto puramente mercantil del entrenamiento, primando la pasión y el compromiso incondicional con el desarrollo integral de cada deportista.
«Lo que pasa es que yo soy una persona que entrega todo, no me guardo nada,» destaca. «Por otro lado también lo hago con mucha pasión. Me quedo con cada ciclista corrigiendo desde cómo está sentado en la bicicleta a cómo tiene que pedalear y no tengo problema en decirle lo que hay que decirle.»
Gavazza es claro: no ejerce su labor por una retribución económica, sino por un profundo placer personal y la búsqueda del avance de sus alumnos. Su ayuda material es una extensión de este compromiso, asegurando que los chicos puedan competir al máximo nivel a pesar de las carencias económicas. «Yo llevo y presto platos míos, piñones míos, un montón de cosas mías que los chicos no tienen, yo te doy todo lo que yo tengo. Porque me gusta y quiero que avancen,» asevera.
El punto de mayor inflexión es el económico. «Fatiga» ha mantenido su escuela con una política de puertas abiertas, sin presiones financieras, una actitud llamativa en un deporte con altos costos.
«Me han llegado muchos comentarios donde me felicitan por la entrega que tengo, por cómo soy como entrenador. Y otra de las cosas que me han recalcado que a ninguno de los chicos jamás les llegó un mensaje mío ‘Necesito la cuota del mes’,» revela. «Hay chicos que no me pudieron pagarme nunca y jamás los dejé de entrenar y jamás les cobré. Porque lo hago desde el alma, con pasión”.
Gavazza confiesa que, a pesar de los logros, no se siente cómodo con el título de «entrenador» ya que se formó de manera autodidacta. «Lo mío fue aprendizaje mío de horas de sentado en la computadora leyendo entrenamientos, aprendiendo y yo me formé solo como quien dice. Yo no tengo un título de entrenador,» explica, aunque con orgullo de haber logrado tanto basándose en la experiencia y la investigación.
En un deporte donde la frustración y el abandono son comunes, la motivación de Gavazza se centra en el apoyo incondicional a los que «la reman» sin apoyo.
«Porque yo veo que hay chicos que no tienen el apoyo de nadie y la reman, la reman, la reman y aguantan. Entonces, me lleva a querer ayudar a aquel que por ahí no tiene la posibilidad de pagar un entrenamiento o de varias cosas. Yo siempre voy a estar, pero porque me nace a mí,» confiesa.

Su instinto lo lleva a buscar y apoyar a los talentos desatendidos, incluso a aquellos que otros descartan. «Por ahí alguien me dice sobre alguno de los chicos: ‘No, no vas a agarrar a aquel para la escuelita que te arruine la escuelita.’ Y yo voy en busca a ese chico que me dicen, ‘No, no lo agarres.’ Y le doy una mano y le insisto, lo apoyo y bueno, y a la larga terminan saliendo adelante y mejorando,» revela.
El apoyo es total, costeando sus propios gastos para estar al lado de sus ciclistas: «Si se viene una carrera y puedo ir, voy, los acompaño, estoy con ellos, los guío de abajo. Cuando llega el campeonato argentino, yo pongo mi parte, pongo mis gastos, no pido nada, mientras pueda lo hago.» La posibilidad de asistir al Panamericano fue salvada por la generosidad de sus propios pupilos: «A Paraguay no iba a ir por los gastos que implicaba y no podía costearlos peor los chicos que llevé decidieron pagarme los gastos ellos y tuve la posibilidad de ir, gracias a ellos pude vivir toda esa emoción.»
«Estamos en todos los detalles: les digo cómo tienen que hacer el entrenamiento, cómo tienen que manejarse, qué piñón poner, qué plato no poner, dónde tienen que tener cuidado,» detalla sobre su rol en la competencia, evidenciando una atención total a la estrategia.
La enseñanza fundamental que «Fatiga» busca transmitir a sus alumnos trasciende el resultado inmediato. «El primero y principal objetivo es que crezca como deportista y bueno, el resultado es secundario. Se tiene que mejorar día a día,» subraya.
Él se enfoca en la fortaleza mental y la perseverancia. Su lema es simple: «Yo le transmito que puede, que tiene que poder y que si no es hoy va a ser mañana, y continuamente estoy con eso en la cabeza de ellos, buscando que logren mejorar día a día, pero demostrarles que pueden».
Recuerda el caso de un joven que se había frustrado en el campeonato de San Juan que estuvo a punto de abandonar, pero fue clave en Paraguay. «Me pasó con uno en San Juan, el año pasado, que quería vender todo y abandonar el deporte, estuve hablando con él, lo convencí, y bueno, fue a Paraguay y otra vez estuvo rasguñando la medalla porque tuvo dos cuartos. Ya por ejemplo entró dos veces cuarto en un Panamericano en Paraguay con gente de otros países, no es poca cosa, eso para mí ya es un re logro no cualquiera consigue eso.»
El próximo reto ya está en el horizonte: el Campeonato Argentino en Mar del Plata del 15 al 19 de noviembre. Mientras tanto, Walter «Fatiga» Gavazza sigue siendo el motor de un fenómeno deportivo que demuestra que, con pasión y guía, los sueños se alcanzan pedaleando desde el alma.






