Con apenas 12 años, el tenista juninense vive semanas de ensueño: tras alcanzar la final en el último Torneo Nacional, escaló al puesto número 2 del ranking de la Asociación Argentina de Tenis (AAT). Fue convocado a la Escuela de Talentos en el CeNARD y vestirá la camiseta nacional en el próximo Sudamericano de Bolivia. Una charla íntima con la joven promesa local sobre sus inicios a los 4 años, su juego agresivo y el esfuerzo detrás de los resultados.
El tenis de Junín y la región vuelve a posicionarse en lo más alto del mapa nacional, y esta vez de la mano de un pequeño gran gigante que no para de quemar etapas a fuerza de talento, disciplina y una mentalidad competitiva que asombra a propios y extraños. Conrado Rossi, jugador formado en las canchas del Club Atlético Sarmiento bajo la tutela del experimentado profesor Leandro Verón, está atravesando el momento más importante de su corta pero intensa carrera deportiva. En un abrir y cerrar de ojos, tras una semana bisagra en su calendario, el juninense saltó del cuarto al segundo lugar del ranking de la Asociación Argentina de Tenis (AAT) en la categoría Sub 12.
Este meteórico ascenso no es casualidad, sino la consecuencia directa de una seguidilla de logros que incluyó la final en el último Torneo Nacional y una doble convocatoria por parte de la máxima entidad del tenis de nuestro país: primero, para formar parte del exclusivo Encuentro de Tecnificación Nacional – Escuela de Talentos de la AAT en el prestigioso Centro de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD); y segundo, el llamado más esperado por cualquier atleta: ponerse la camiseta de la Selección Argentina para disputar el próximo Campeonato Sudamericano en Bolivia.
A pesar de la magnitud de los nombres que empiezan a rodearlo y de los escenarios que ahora pisa, Conrado mantiene la frescura y la inocencia propias de un chico de su edad. Detrás de ese prototipo de jugador moderno, de golpes potentes y un tenis sumamente ofensivo, se destaca un joven deportista que prefiere mantener los pies sobre la tierra y que, ante todo, encuentra su felicidad absoluta dentro de una cancha de tenis, haciendo lo que más le gusta: entrenar y competir.
La aventura grande de estas últimas semanas comenzó con una citación que tomó por sorpresa al entorno del jugador de Sarmiento. La Asociación Argentina de Tenis puso el ojo en el desarrollo técnico y físico de Conrado y lo sumó al selectivo de la Escuela de Talentos de la categoría Sub 12. Pasar de los entrenamientos habituales en Junín a la mística del CeNARD, donde entrenan los mejores deportistas olímpicos del país, fue un impacto que el propio Conrado asimiló con muchísima felicidad pero también con el asombro de quien no se lo esperaba tan pronto.
«Cuando me enteré de la convocatoria para ir al CeNARD me puse muy feliz, realmente no me lo esperaba para nada en este momento de mi año», confiesa Conrado con una sonrisa que denota la sencilles que lo caracteriza fuera del polvo de ladrillo.
La experiencia en el centro de alto rendimiento porteño no se limitó únicamente a raquetazos y entrenamientos extenuantes en la cancha. El programa de tecnificación de la AAT busca dotar a los proyectos más firmes del país de herramientas integrales que hacen a la formación de un tenista profesional moderno, abarcando aspectos que van desde la psicología deportiva hasta la preparación física preventiva y el manejo del entorno mediático.
Al recordar esos días rodeado de los mejores entrenadores del país, Conrado explica la dinámica de las jornadas de trabajo: «Fue una buena experiencia, la pasé muy bien con todos los chicos y los profes. Más que enseñarnos cosas de cero, lo que hicieron fue explicarnos detalladamente muchas otras cuestiones por ejemplo, nos enseñaron técnicas específicas de respiración para aplicar en los momentos de descanso para bajar las pulsaciones y mantener la concentración. También nos dieron charlas sobre cómo manejarnos con la prensa y nos marcaron muchas correcciones tácticas para implementar en los partidos».
Para entender el presente de Conrado Rossi hay que viajar un poco hacia atrás en el tiempo, específicamente a sus 4 años, la edad exacta en la que pisó una cancha por primera vez. Aunque resulte difícil de dimensionar para quienes ven el deporte desde afuera, Conrado lleva más de la mitad de su vida con una raqueta en la mano. Su ligazón con el deporte comenzó de forma múltiple, compartiendo el tiempo con otra de las grandes pasiones locales: el fútbol.
«Arranqué a jugar a los 4 años también había empezado a jugar al fútbol, pero me gustó más el tenis al tiempo decidí dejar el fútbol para dedicarme más a esto. Sinceramente no me acuerdo con exactitud qué fue lo que me llevó a elegir el tenis pero me gustó mucho», rememora el actual número 2 del país.
Ese camino que inició casi como un juego infantil se fue transformando paulatinamente en un proyecto serio de la mano de Leandro Verón, un formador clave en la región que ha sabido pulir las condiciones naturales de Conrado sin quitarle la diversión al proceso. Hoy, cuando se le pide al juvenil que defina su propia identidad dentro de la cancha, no duda un segundo en su diagnóstico táctico: «Si tengo que definir mi estilo de juego, diría que soy un jugador agresivo». Esa agresividad, entendida en el tenis como la búsqueda constante de la iniciativa, de dominar el punto con el drive y de no esperar el error del rival, es el sello distintivo que lo llevó a encandilar a los reclutadores nacionales.
A la hora de buscar espejos donde mirarse y buscar referencias en el circuito internacional, el jugador de Sarmiento tiene muy en claro quién es su máximo referente en el profesionalismo actual. Sus ojos están puestos en la jerarquía, la regularidad y el juego del actual número uno del mundo: «Me gusta mucho cómo juega Novak Djokovic, sigo de cerca sus partidos», detalla Conrado, demostrando que consume tenis del más alto nivel mundial para aprender y replicar conceptos en su propia categoría.
El trampolín definitivo hacia la cima del ranking nacional de la AAT se dio la semana pasada en el Torneo Nacional de la categoría, donde Conrado desplegó su mejor versión tenística, encadenando triunfos de enorme jerarquía que lo depositaron en la gran final del certamen. Aquella definición fue una verdadera batalla mental y tenística, de esas que dejan marcas y enseñanzas para toda la vida en la etapa formativa de un atleta.
Los grandes rendimientos traen grandes recompensas, y el premio mayor no tardó en llegar a la familia Rossi y al Club Sarmiento. Tras el cierre del torneo nacional, llegó la confirmación oficial: Conrado Rossi fue convocado para integrar la Delegación Oficial de la Selección Argentina de Tenis que participará en el próximo Campeonato Sudamericano de la categoría, a disputarse en las próximas semanas en territorio boliviano.
Vestir los colores celeste y blanco implica una responsabilidad y una carga emotiva muy particular, algo que moviliza las estructuras de cualquier deportista, sin importar los años de trayectoria que tenga en el lomo. «Saber que voy a pertenecer a la Selección Argentina y que voy a representar a mi país en un Sudamericano me emociona muchísimo, estoy muy contento» expresa Conrado, dejando ver el brillo de la emoción genuina en sus ojos.
A pesar de la magnitud de la cita internacional, la estrategia de trabajo junto a su entrenador Leandro Verón apunta a mantener los pies sobre la tierra y no alterar una fórmula que viene dando resultados excelentes. La preparación en Junín de cara al viaje a Bolivia no sufrirá modificaciones drásticas ni cargas horarias que saturen la cabeza del jugador. Al ser consultado sobre cómo planifican estas semanas previas, Conrado aclara: «Nos preparamos como siempre, el entrenamiento sigue siendo igual, mantenemos la misma rutina y la misma intensidad de siempre».
Esa filosofía de mantener el eje y la normalidad es lo que le permite a Conrado procesar las presiones del alto rendimiento sin perder de vista la esencia del porqué elige pasar sus tardes sobre el polvo de ladrillo: «A mí del tenis lo que más me gusta es competir, me encanta entrenar, jugar y estar adentro de la cancha compitiendo», afirma con una simpleza que desarma cualquier análisis complejo.
El rol de su núcleo familiar es el motor fundamental que financia y acompaña la logística de un deporte sumamente costoso y demandante desde lo familiar. Los viajes a los torneos nacionales, las estadías y el soporte emocional en los momentos de frustración deportiva son coordinados íntegramente por sus padres, quienes se turnan para que Conrado nunca se sienta solo en ninguna tribuna del país. «Mi familia está muy contenta con todo este presente que me toca vivir, mi papá y mi mamá me acompañan siempre a todos lados, a veces viaja mi papá y otras veces me acompaña mi mamá, pero siempre están», agradece el juvenil.
Con el bolso casi listo para subirse al avión rumbo a Bolivia y con el cartel de número 2 de la Argentina colgado con orgullo, Conrado Rossi prefiere no marearse con el futuro de largo plazo. Cuando se le pregunta si se imagina el día de mañana como un tenista profesional recorriendo el circuito ATP del mundo, prefiere dejar la respuesta en suspenso, entendiendo que a los 11 años el foco debe estar puesto en el día a día, en terminar la escuela y en disfrutar del proceso de aprendizaje. «Todavía no sé si me veo como profesional a futuro, prefiero ir paso a paso», responde con una prudencia admirable.
Antes de cerrar la charla y regresar a las canchas de Sarmiento para una nueva sesión de saques y derechas junto a Leandro Verón, Conrado se toma un tiempo para dejarle un mensaje simple pero directo a todos aquellos chicos de Junín y la zona que recién están dando sus primeros pasos en los frontones o en las escuelitas de tenis de los clubes locales: «A los chicos que recién están arrancando a jugar al tenis les diría que disfruten y que sigan, que se puede llegar».
Conrado Rossi ya no es solo una promesa del Club Sarmiento; es una realidad del tenis nacional que se prepara para llevar la bandera del país a lo más alto del continente. El Sudamericano de Bolivia lo espera, y la certeza de que su juego agresivo y su mentalidad ganadora darán batalla en cada punto es la mejor garantía de un futuro que no parece tener techo.






