Regresar al pago siempre tiene un gusto especial. Para Uriel Muñoz, volver a pisar el suelo argentino es mucho más que una escala competitiva en el calendario de alto rendimiento: es reencontrarse con los sabores que no se consiguen en el Caribe, con la charla mate de por medio, el abrazo de la familia y la mirada atenta de los formadores que estuvieron desde el día uno. Sin embargo, aun en medio del reencuentro y los afectos, la pista no espera. En su última presentación nacional, el atleta local volvió a dejar en claro por qué es una de las proyecciones más importantes del atletismo argentino de medio fondo y fondo: se consagró campeón nacional en las pruebas de 1500 y 5000 metros planos, demostrando jerarquía y templanza táctica.
Con la humildad que lo caracteriza y a días de emprender nuevamente viaje hacia Puerto Rico, donde cursa sus estudios universitarios y entrena bajo el exigente sistema académico-deportivo de los Estados Unidos, Uriel se tomó un tiempo para dialogar a fondo. Habló sin casetes: el balance de sus títulos, los dolores físicos y la biomecánica de una lesión que lo acompaña desde hace un año, la adaptación a la vida caribeña, la nostalgia de Junín, la sinergia con el club Galas y su entrenador histórico Gerardo González, la presión del alto rendimiento y la meta clara de vestir la celeste y blanca en la cita máxima del deporte mundial: los Juegos Olímpicos.
El reciente Campeonato Argentino volvió a consagrar a Uriel en lo más alto del podio nacional. El primer día de competencia se impuso con autoridad en la prueba de los 1500 metros, su especialidad de cabecera; al día siguiente, revalidó su versatilidad adjudicándose la medalla dorada en los 5000 metros. Sin embargo, para los atletas que transitan el alto rendimiento, las marcas no siempre reflejan el estado absoluto de la preparación, sino la inteligencia para gestionar los momentos de cada torneo.
“Gané los 1500 metros el primer día y el segundo día de competencia los 5000. Las marcas son bastante relativas; para lo que es un campeonato nacional, superbién, por una cuestión de que muchas veces se va solamente a conseguir la medalla, no se busca tanto un tiempo de la categoría porque depende del nivel y de la táctica de carrera. No fueron tiempos malos ni tampoco récords, pero relativamente muy bien, considerando que venía medio jodido, por así decirlo, con una casi lesión que estoy transitando hace casi un año. Así que todo salió muy bien por suerte”, analiza Muñoz sobre su actuación.
Al profundizar en la dolencia física que arrastra, el atleta explica la complejidad de lidiar con molestias impredecibles que condicionan la biomecánica de la zancada: “Específicamente no me han sabido decir con exactitud qué es, pero es más una cuestión de dolores en la ingle. Por una falta de compensación de esa pierna, el dolor se me termina pasando a la otra, en la zona del isquiotibial. Supuestamente se debe a un tema biomecánico en la pisada y en la postura, pero bueno, ya se está trabajando profundamente en ello para corregirlo.”

A pesar del desgaste físico, la sensación de competir en casa genera un plus emocional que compensa cualquier dolencia. El calor del público local, la contención del entorno y las costumbres criollas actúan como un bálsamo reconfortante antes de afrontar nuevos compromisos en el exterior.
“Es muy lindo volver y competir acá, como siempre, me encanta. Más allá del ambiente que se genera en las carreras, está la cuestión de volver a comer la comida de acá, que la verdad siempre extraño muchísimo cuando estoy afuera. Compartir con amigos, con la familia y también con mis ex entrenadores, como en este caso Gerardo González. Todo ese ambiente y la nostalgia de lo que uno extraña cuando está lejos me pone sumamente contento”, confiesa.
Radicado desde hace dos años en Puerto Rico, Uriel vive una experiencia transformadora tanto en el plano atlético como en el académico. Tras completar un periodo de descanso y entrenamiento en Junín, el atleta ya tiene la mirada puesta en su regreso a Centroamérica, previsto para mediados de agosto, donde completará la segunda mitad de su carrera universitaria.
“Me quedan dos años de cursada todavía, estaré viajando a mitad de agosto, aproximadamente el 17. Todavía no tengo los pasajes confirmados pero esa es la fecha aproximada. Estaba planeado irme después del Campeonato Sudamericano Sub-23, pero hubo un cambio de fechas y se pasó para dentro de dos meses. Como se va a realizar justamente acá en Argentina, estamos a la espera del boletín oficial para organizarnos y ver si vengo a competir. Si no, ya me reincorporo directamente allá”, detalla respecto a su itinerario inmediato.
El choque cultural al dejar el país suele ser uno de los obstáculos más complejos para cualquier deportista joven. Sin embargo, el mediofondista juninense logró acoplarse con soltura al estilo de vida puertorriqueño, encontrando similitudes en la calidez humana, aunque sufriendo las inclemencias de un clima radicalmente opuesto al pampeano.
“El miedo de toda persona al irse a otro país es enfrentarse a otra vida, otra cultura, prácticamente otro mundo; eso genera incertidumbre. Pero estos dos últimos años me fueron muy bien. La gente allá tiene ese carisma muy parecido al argentino, de aceptarte a pesar de ser extranjero, de tenerte muy en cuenta en todo y ser muy amigable. Lo que cuesta mucho para un atleta de medio fondo y fondo es el clima: al ser un lugar muy caribeño, hay un calor y una humedad sofocantes que te juegan en contra a la hora de sumar kilómetros. Pero bueno, es parte del proceso. La comida también la extrañaba mucho porque allá es muy diferente. Sacando eso, todo 10 de 10. Con las clases me adapté muy rápido a los horarios y la modalidad; el primer año tuve muy buenas calificaciones y el segundo me fue aún mejor.»
Una de las grandes ventajas operativas que encontró Uriel en Puerto Rico es la infraestructura del sistema deportivo universitario ligado al modelo norteamericano. La concentración geográfica de los recursos le permite maximizar el descanso, un factor crítico para sostener el alto rendimiento.
“Lo bueno de allá es que, al ser territorio de los Estados Unidos, se manejan con el mismo sistema de campus donde tenés todo a la mano. En un radio de un kilómetro tenés absolutamente todo: en mi caso, mi hospedaje está literalmente enfrente de la pista, me caigo de la cama y estoy pisando el sintético. Eso te ayuda y te ahorra muchísimo tiempo diario. Además, las clases están organizadas para no cargarte física ni mentalmente, para llegar y mantenerse en el alto rendimiento el secreto es la combinación entre descanso, entrenamiento y alimentación; tener todo eso compactado y coordinado con el estudio ayuda enormemente a rendir mejor”, remarca.
A pesar de su proyección internacional y de contar con un nuevo cuerpo técnico en la universidad, la figura de su entrenador de formación en Junín, Gerardo González, y los colores de la Agrupación Atletismo Galas de Junín siguen ocupando un pilar central en la identidad competitiva de Uriel Muñoz; “Estoy muy contento y agradecido porque Gerardo siempre ha apostado en mí y lo sigue haciendo como con muchos chicos, eso es lo más valioso. A pesar de que fui uno de los atletas que más resaltó en los últimos años y llegó al plano internacional, él siempre se enfocó en todos por igual. Le da la oportunidad tanto al que menos condiciones tiene como al que más promete, no le pone etiquetas a nadie. Es una relación de ida y vuelta: él te da todo lo que tiene, vos cumplís, das el máximo y las cosas fluyen. Ha figurado muchísimo en mi vida porque me enseñó cosas tanto del atletismo como de la vida misma, me gusta tener esa comunicación fluida con un entrenador y no que sea una simple relación fría de atleta y técnico.”
Muñoz destaca que, tras el traspaso institucional al ámbito universitario, la relación con el entorno deportivo de su ciudad natal se mantuvo intacta, sirviendo incluso como red de contención económica y logística: “A pesar de que tuve que cambiar de entrenador por la universidad, que por suerte también es argentino y me entiende a la perfección, yo sigo representando a Galas de Junín. Gerardo nunca me cerró las puertas; al contrario, siempre me da una mano gigante con los gastos económicos de los viajes para que no todo corra por mi cuenta ni tenga que depender exclusivamente de salir a buscar sponsors. A pesar de haberme ido para desarrollar mi carrera atlética y estudiantil, seguimos en contacto permanente. Él me llevó a tener los resultados que hoy me permiten estar donde estoy.”
Sostener la exigencia de la competencia, los exámenes universitarios y la distancia familiar no es un camino lineal. El mediofondista reconoce abiertamente que existen momentos de saturación mental donde el cuerpo y la cabeza piden un freno, y revela la estrategia logística que planea para los próximos meses con el objetivo de consolidar su crecimiento deportivo y financiero.
“En estos dos años las ventanas para volver a Argentina fueron de mayo a agosto y de diciembre a enero. Pero lo más probable es que esta última etapa de diciembre a enero me la saltee y me quede allá. Se vienen competencias muy buenas en esa época que me van a servir para seguir creciendo en lo económico, algo que es importante a futuro para recaudar fondos para siguientes viajes y poder ir a competir a Estados Unidos, donde el nivel es bárbaro. Vamos a ver qué sale, pero la idea es quedarme”, explica.
Al abordar la carga emocional que implica el alto rendimiento, Uriel comparte la intimidad de los días más difíciles: “Hay momentos donde no tenés ni ganas de salir a entrenar, por más que ames lo que hacés, estás estresado. Con las clases y los entrenamientos he llegado a picos de cansancio extremo; literalmente, la última semana antes de volver a Argentina llegué con un pico de estrés terrible por la suma de competencias, exámenes y viajes. En esos momentos pienso mucho en mi familia y en toda la gente que hizo posible que yo esté acá. Mucha gente se ha matado trabajando para que yo pudiera llegar a donde estoy hoy; eso es lo que me motiva a no frenarme, a no volverme loco ni decir ‘suelto todo acá’. Agarrarme de mi pasado y de mis afectos es lo que me empuja a seguir siempre para adelante.”

De cara al inicio del próximo ciclo competitivo, Uriel busca dar un salto de calidad enfrentando a los mejores exponentes del circuito universitario y profesional en territorio estadounidense, eludiendo la falta de roce que a veces presenta el calendario regional caribeño: “Lo que me pasó este último año es que no tenía competencias de tanto nivel en Puerto Rico. Para los chicos de allá el nivel está bien, pero no se puede resaltar tanto por el clima y la dinámica de las carreras, por eso tengo planeado irme a competir a Estados Unidos, ya sea con un grupo de amigos o solo. Hay una competencia muy importante en California que me serviría muchísimo para ver dónde estoy parado y buscar una gran marca para arrancar el año. Eso me ayudaría a estar bien posicionado en el ranking para campeonatos grandes como los Juegos Odesur o torneos continentales, sin tener que estar sufriendo hasta último momento para ver si clasifico o no. No quiero jugármela a último momento con los tiempos; prefiero buscar la marca fuerte de entrada y planificar con tranquilidad.”
Al ser consultado sobre sus máximos anhelos deportivos, Uriel no duda en señalar el Olimpo del deporte mundial, analizando con rigor técnico la dificultad que representa ingresar al evento más importante del planeta: “El sueño en grande que tenemos la gran mayoría de los atletas es llegar a los Juegos Olímpicos. Estar ahí es algo increíble y sumamente difícil. A veces a un Mundial de atletismo podés clasificar ganando el Campeonato Sudamericano porque te da el cupo directo sin necesidad de una marca mínima descollante; pero el acceso a un Juego Olímpico es puramente por marcas mínimas extremas o por el sistema de puntos del ranking de la World Athletics. Es mucho más complicado de lo normal. Si estás ahí, es porque verdaderamente pertenecés a la élite mundial. Estar presente a futuro sería un logro gigante. Pero mi meta, tanto a corto como a largo plazo, es mantener este nivel y sostener el privilegio de seguir representando a la Argentina. Ponerme la camiseta nacional es un sentimiento indescriptible.”
Con una madurez que supera su edad, reflexiona sobre el peso simbólico de portar la indumentaria de la Selección Argentina en cada pista del mundo: “Es un orgullo enorme porque, como muchos dicen, cuando competís afuera no estás representando a tu persona sola: estás llevando la bandera de tu país y el sentimiento de muchísimos deportistas, atletas y vecinos que ni siquiera están metidos en el atletismo pero te apoyan porque ven el esfuerzo y la persona que sos. Llevar la celeste y blanca es dejar absolutamente todo en la pista por tu país”.
Para finalizar, Uriel deja un mensaje dedicado a los niños y jóvenes deportistas de Junín y la región que lo observan como un modelo a seguir. El atleta insiste en desmitificar el éxito lineal y resalta la importancia de procesar las malas actuaciones como parte indispensable del aprendizaje.
“Siempre intento estar presente para los chicos en cualquier actividad que se haga. Ha habido veces que Gerardo llevaba a los más chiquitos a competir y, aunque yo no tuviera que correr, iba igual para estar con ellos, darles un consejo y motivarlos. Mi mensaje principal es que dejen todo, pero que entiendan que no siempre va a ser fácil, las partes malas también son buenas y nos enseñan. Hace poco lo resalté mucho en mis redes sociales: la semana anterior me había salido un entrenamiento pésimo y me mantuve tranquilo, no me desesperé, eso puede pasarle a cualquiera. Podés tener un mal día en la pista y al entrenamiento siguiente volar, que fue justamente lo que me pasó a mí: un día entrené mal y a la semana siguiente me sentí espectacular y salió todo perfecto. No hay que dejarse llevar por un resultado aislado; las malas actuaciones tienen que ser el motor para entrenar más fuerte y tener esperanza.”
Para ejemplificar esta filosofía de perseverancia, Uriel apela a los inicios de su recorrido en las grandes citas internacionales: “Un ejemplo muy grande en mi carrera ocurrió cuando recién arrancaba. En mis primeros Juegos Suramericanos de la Juventud quedé cuarto. Yo quería ganar, como cualquier atleta que compite, y en vez de frustrarme me dije: ‘El año que viene me voy a preparar el doble, voy a llegar en mejores condiciones y voy a ganar’. Y así fue durante los tres años siguientes. Esa mentalidad de entender que un tropezón no te define es lo más importante que le puedo transmitir a los chicos que recién empiezan”, concluyó el campeón juninense, reafirmando que el verdadero secreto del éxito no está en no caerse, sino en levantarse siempre con más fuerza.






