El tiro deportivo de alto rendimiento exige un nivel de templanza, precisión y aislamiento mental que pocos deportes demandan con tanta rigurosidad. Lograr que el entorno se desvanezca, callar el murmullo exterior y concentrarse únicamente en la ejecución técnica de cada tiro es la máxima aspiración de cualquier tirador. Con apenas 16 años, la juninense Sol de la Riva demostró en su más reciente presentación internacional que no solo posee las condiciones técnicas para competir en la élite, sino también la madurez de una atleta experimentada.
En la reedición del prestigioso certamen internacional disputado este año, que a diferencia de la edición anterior otorgó MQS (Minimum Qualification Standard o Marca Mínima Exigida), insumo indispensable para ingresar a los torneos más relevantes del circuito mundial, la representante de la del Tiro Federal de Junín logró superar por primera vez el registro mínimo necesario para clasificar a los Juegos Parapanamericanos. Para sellar definitivamente su pasaje a la gran cita continental, el reglamento exige superar esa marca en dos oportunidades distintas. Con el primer escalón ya superado con creces, Sol enfoca su mirada en la cita de Buenos Aires, programada para el mes de octubre, donde buscará ratificar su gran momento y conseguir el segundo pasaporte que la deposite definitivamente en el certamen parapanamericano.
En un mano a mano imperdible, la joven atleta repasó los pasajes de una actuación consagratoria: las sensaciones al momento del tiro, la importancia del respaldo técnico nacional, la emoción de ver la bandera argentina y la premisa fundamental de disfrutar el camino. Asimismo, la voz de su entorno familiar aporta una mirada imprescindible para entender cómo se cuida, se sostiene y se moldea a una deportista de proyección que compite codo a codo ante referentes mundiales de la disciplina.
Afrontar una competencia de carácter internacional siempre implica una carga emocional extra. Sin embargo, para esta edición, la delegación argentina contó con un pilar fundamental que el año pasado había faltado: la presencia en el polígono del entrenador de la Selección Nacional, lo que brindó un marco de contención y serenidad decisivo para la actuación de Sol.
“Fui con expectativas de mejorar mi puntaje y seguir acumulando experiencias en torneos internacionales. Tuve dos competencias y en las dos pude estar bastante tranquila, este año pudo viajar el entrenador nacional, lo cual me dio más tranquilidad, es decir, pude contar con el apoyo y con la conversación que no tuve el año pasado. Lo que sí me costó fueron las dos finales porque hubo menos tiempo de preparación y, bueno, yo estaba bastante nerviosa porque sentía que no me pude acomodar del todo”, repasa Sol sobre el desarrollo del torneo.
Lo más valioso de su actuación fue la solidez mental para no dejarse condicionar por la presión de la marca mínima. En lugar de especular con los números y las planillas de puntuación, la tiradora de Junín se abstrajo del contexto y centró toda su energía en la correcta ejecución de cada movimiento. La noticia del objetivo cumplido llegó recién cuando bajó el arma y observó la reacción eufórica en la tribuna.
“Yo entré a la competencia no pensando en el MQS, sino más que nada en hacer bien mi técnica, estando bien concentrada en cada tiro que hacía. Cuando termino de tirar, me doy cuenta de que mi familia estaba festejando demasiado y ahí me enteré de que había logrado mi primer MQS. Nada, me puse re, re feliz. Lo que destaco de esta competencia fue que pude concentrarme en la técnica y el resultado fue una consecuencia directa de eso. Haber logrado mi primer MQS me pone re contenta y me da mucha confianza para poder lograr el segundo MQS que necesito”, confiesa con emoción.
Con la primera mitad del objetivo guardada en el bolsillo, la atleta ya planifica lo que será su preparación para el torneo de Buenos Aires en el mes de octubre. Fiel a la metodología que le dio dividendos, Sol no cambiará la receta: trabajo diario, constancia, foco técnico y oído atento a las indicaciones de sus entrenadores.
“De acá a octubre lo que hago es no pensar en la marca y seguir con lo mismo: pensar en la técnica, estar concentrada siempre, no faltar a los entrenamientos y escuchar los consejos de mis entrenadores. Lo que un tirador siempre busca es poder manejar los nervios, enfocarse en cada tiro y poder callar el entorno, o sea, no desconcentrarse por los factores externos”, explica sobre los secretos de una disciplina donde un microsegundo de vacilación puede cambiar el destino de una competencia.
Ese rigor de entrenamiento se apoya en una estructura multidisciplinaria que le permite sostener el rendimiento en el tiempo sin descuidar la salud mental ni el disfrute de la actividad: “Para mantener mi nivel lo primero es no faltar a las prácticas, pero también tengo un apoyo psicológico muy importante, tengo a mi familia que me apoya y me acompaña siempre, y también a mis entrenadores: Martín, de la Escuelita de Tiro de Junín, y Mario, de la Selección Nacional. A todos los que me acompañan quiero decirles gracias por todo el apoyo y cariño; esto no sería lo mismo sin ustedes”, enfatiza.

Más allá de los resultados, los puntajes y la búsqueda del pasaje parapanamericano, vestir los colores patrios representa para Sol una experiencia que la desborda de emoción en cada torneo internacional: “Representar a la Argentina es un orgullo y un privilegio, a veces hasta me parece increíble. Me emociona mucho ver mi bandera y a mis compañeros con los colores de Argentina”, señala sobre el sentimiento patriótico que se vive en los polígonos del mundo.
Acompañar el crecimiento de una deportista de 16 años en el deporte federado exige un equilibrio delicado entre el profesionalismo y la protección de la etapa evolutiva. Su padre, pilar fundamental en cada viaje y día a día de la tiradora, aporta una perspectiva valiosa sobre cómo abordan en el hogar el presente deportivo de Sol.
“La idea es que vaya paso a paso, nosotros, como familia, tratamos de no presionarla, de que ella lo disfrute y la pase bien, principalmente eso. Ella es la más chica del circuito; en este torneo volvió a ser la participante de menor edad con una diferencia abismal respecto al resto de los tiradores, donde el promedio supera ampliamente los veinte pico de años y ella, con 16 años, todavía tiene un montón de aspectos por formar, sobre todo en el carácter, en el manejo de las emociones y en esto de no ponerse nerviosa ante la envergadura de las competencias”, detalla el papá de la deportista.
Un aspecto técnico determinante que engrandece aún más el logro de la joven juninense es la modalidad de la categoría en la que compite. En las pruebas de rifle SH2 no existen subdivisiones por rango etario ni por género, lo que obliga a medir fuerzas en absoluta igualdad de condiciones contra los tiradores más experimentados del planeta.
“Es importante destacar que en las competencias en las que ella participa, que son las de rifle SH2 específicamente, no hay división ni de sexo ni de edad. Por lo tanto, le toca tirar con deportistas de cualquier género y con personas que tienen una trayectoria y una experiencia enorme a nivel internacional. En esta oportunidad, por ejemplo, le tocó compartir línea de tiro con el brasilero Alexandre Galgani, quien viene de ser medalla de plata en los Juegos Paralímpicos de París 2024”, remarca con orgullo su padre.
Pese al alto nivel de exigencia y a la envergadura de sus rivales, Sol de la Riva no pierde la frescura, el carisma y la empatía que la caracterizan fuera de la pedana. Para la delegación nacional y los organizadores internacionales, la juninense es sinónimo de calidez y camaradería, un valor que su familia celebra y busca preservar por encima de cualquier trofeo.

“Sol es una persona sumamente sociable: le hace una sonrisa a todos, va y felicita a cada competidor sin importar el resultado. En este torneo llevó unos pines de Argentina para intercambiar, se acercó a deportistas de todas las delegaciones y se trajo un montón de pines de otros países. Digamos que lo que nosotros como familia resaltamos y priorizamos es eso: que ella la pase bien, que lo disfrute al máximo y que sea feliz haciendo este deporte”, concluye el papá de Sol, sintetizando el espíritu con el que la joven promesa de Junín encara su camino hacia los Juegos Parapanamericanos de Buenos Aires.
El camino hacia la gran cita continental ya está trazado y tiene su próxima parada en el mes de octubre. Entre la rigurosidad técnica de cada entrenamiento, el sostén incondicional de su familia y el orgullo de defender la camiseta argentina, Sol de la Riva demuestra que la verdadera madurez deportiva no se mide en años, sino en la serenidad para enfocar el objetivo. Junín acompaña el vuelo de una joven promesa que, tiro a tiro y con una sonrisa imborrable, construye su propio sueño para-panamericano.






