Por Claudia Birello
Para Grupo La Verdad
Muerte instantánea del Sr. Cuenin
1924 La Verdad Abril – La crónica policial registra un hecho importante a raíz del accidente producido ayer en el paso a nivel de calle Rivadavia.
Serían aproximadamente las dos de la tarde cuando el automóvil N° 414, propiedad del Sr. Edmundo Cuenin, al querer cruzar por dicho paraje, de regreso de un paseo efectuado por Tierra de Fuego, con dirección hacia el centro de la ciudad, se produjo el fatal accidente que pasamos a relatar.
El tren 4, llamado también el Internacional, arrolló el auto de la referencia tomándolo por el lado derecho y a consecuencia del fuerte golpe lo llevó en el miriñaque hasta la estación, lugar donde se desprendió, ante la estupefacción de una buena cantidad de público que había presenciado tan dolorosa escena.
El automóvil lo guiaba el hijo mejor del señor Cuenin, llamado Lorenzo, quien milagrosamente se ha salvado de perecer en el accidente. En cambio la suerte fue adversa con su padre que a consecuencia de un golpe recibido en el frontal derecho, falleció instantáneamente.
Inmediatamente corrió la noticia en todos los círculos de la ciudad, causando como es de imaginar, la dolorosa impresión con que se reciben todos estos tristes sucesos, máxime cuando la víctima es apreciada por todos.
Era, en efecto, el sr. Edmundo Cuenin, un caballero en la más alta expresión del vocablo, sus dotes de bondadosa generosidad y exquisito don de gentes, condiciones esenciales de su espíritu, hiciéronle atraer cordiales simpatías y sinceros afectos de cuantos lo conocieron.
Espíritu ponderado, la franqueza y la honradez destacaron su personalidad, que tenía títulos sobrados y merecimientos propios para la consideración de nuestro pueblo, gozando por eso, en el vecindario, de un alto concepto moral que puede ser el mejor legado de honor para sus hijos.

ECOS DEL FALLECIMIENTO DEL SR. CUENIN
La Verdad 14 de Mayo de 1924 En la inhumación de los restos del Sr. Cuenin fallecido en la forma trágica que hemos dado a conocer, el Sr. Claudio Colonel leyó el discurso que transcribimos:
“Ha muerto un francés. Esto es motivo de mucho pesar . Pero ha muerto con éste francés, un admirador sincero de la Argentina. Y esto aumenta el dolor de nuestro espíritu.
Un accidente causó la muerte inesperada y trágica de quien fue digno agente consular de Francia en esta ciudad, digno presidente de la Sociedad Francesa, digno jefe de familia y digno vecino.
Dentro de la esfera en que actuó, D. Edmundo Cuenin lo fue todo y todo lo resolvió con dignidad. Es pues, un muerto querido el que despedimos en este instante y lugar. Dejemos de él lo material: llevamos en el corazón lo espiritual.
Es conocida su actuación. Veinticinco años hace que residía en Junín, es decir que Edmundo Cuenin fue de los organizadores de esta sociedad. Contribuyó a su crecimiento dándole una familia virtuosa y trayendo a su seno el saber comercial que adquirió en su país natal. Le dio también horas de espiritualidad con su trato afable y exquisito y el entusiasmo patriótico con que supo animar las empresas de esa índole en que intervino.
De cuanto se lo conocía y quería, informa el malestar moral que produjo en toda nuestra sociedad la infausta noticia que circuló ayer. Pocos minutos después de ocurrido el accidente que le costara a vida, de extremo a extremo de la ciudad se pudo notar el mismo gesto de pesar y la misma palabra de respeto. Y lo dice también este acto lleno de la solemnidad que solo el mucho dolor colectivo y la mucha importancia personal que el extinto puede provocar.
No es el mejor momento para Hacer el panegírico de este muerto distinguido. La emoción corta el pensamiento y reconcentra el espíritu en un justo recogimiento meditativo. Sabemos que se va de nuestro lado un hombre bueno, que se hizo querer precisamente por sus buenos actos, y es ya saber demasiado para justificar la actitud pesarosa de sus amigos. Es toda la población, inmensa, trabajadora y culta de su pueblo la que se halla poseída del profundo sentimiento de pesar que la terminación de vida provoca. Cosa que acrecienta la forma trágica y digamos, injusta, con que el destino detiene las generosas palpitaciones de su corazón caballeresco y sencillo.
Dentro de un momento, la soledad

LAMENTABLE ACCIDENTE
Del local en construcción donde estuvo el “Ambos Mundos” se desploman las vigas de hierro del techo, ocasionando la muerte del propietario del edificio, y caracterizado vecino, Don Francisco Soba e hiriendo a seis obreros que trabajaban en la construcción de aquel.
Desastrosa actitud de la policía
La Verdad 12 de Julio de 1924 – Ayer siendo las 13 horas, en circunstancias que los obreros encargados de la construcción del edificio ocupado anteriormente por el cine Ambos Mundos se daban a la tarea de levantar los soportes de hierro que debían sostener los techos del mismo, debido a una mala maniobra del encargado de sostenerlos en alto con el guinche, se desplomaron. Los que a su vez hirieron a seis trabajadores y ocasionaron la muerte de Don Francisco Soba que en esos momentos se hallaba inspeccionando la obra.
Herido de muerte, el señor Soba y teniendo gravísimas heridas varios obreros, gran cantidad de público se encargaba de dar aviso a la policía, que debió ser la primera en acudir dada la poca distancia que la separa del lugar del suceso.
No lo hizo hasta después de haber pasado largo rato, actitud que motivó justas protestas de la enorme cantidad de público que atendía a los heridos en la medida de sus recursos.
Varias de las personas que formaban parte del público, en vista de no conseguir concurso de la policía, se dirigieron al domicilio del Dr. Battilana, quien fue el primero en auxiliar a los heridos.
Cuando tardíamente llegó el comisario señor Iturria, este funcionario no atinaba a adoptar ningún procedimiento, ni aun los que en estos casos son de sentido común. Su absoluta incapacidad para hacerse cargo de tales situaciones, le llevó hasta el extremo de no saber disponer de la traída de una camilla para la conducción de los heridos al hospital.

Tan es así que personas del público que increparon violentamente a este funcionario su ineptitud o su falta de sensibilidad tuvieron que verse obligados a conseguir en las inmediaciones, una cama en la que fue llevado el señor Soba al Hospital.
Los heridos son Américo Tesori, Antonio Puentes, Galato Parrili, Pascual Tiloti, Ángel Calzolari, Pascual Rizzi y Daniel Crespo, todos ellos con heridas cortantes y contusiones de gravedad.
TRÁGICO ACCIDENTE AUTOMOVILÍSTICO
Ayer a las 14 horas. Fallecimiento del farmacéutico Dr. de Rossi
La Verdad 5 Noviembre 1924 – Un trágico suceso automovilístico, que costó la vida del apreciado farmacéutico de esta ciudad, Dr. Lorenzo de Rossi, tuvo lugar ayer a las 14 horas en el camino general de ésta a Roca.
Nuestro vecino, el señor Juan Balbi, acababa de adquirir un automóvil nuevo y flamante, marca Oakland, y en el deseo de probarlo invitó a sus amigos, el Dr. de Rossi y el señor Martín Brath, a efectuar un paseo hasta la próxima localidad de A. Roca.
Dirigía el automóvil el chauffer César Priani, que manejó el coche hasta unos momentos antes de ocurrir el accidente.
Después de haber pasado el monte de López, según nos dice uno de los viajeros, el Dr. de Rossi que estaba sentado junto con el Sr. Balbi en el asiento trasero del coche, le propuso al Sr. Brath, que tomara la dirección del mismo, como así sucedió, en efecto.
El coche marchaba con bastante velocidad cuando ocurrió la rotura de la dirección que desvió al coche contra la zanja del camino, produciéndose el trágico accidente.
Enseguida, los infortunados viajeros recibieron auxilio de otras personas que transitaban en un automóvil y de una casa vecina.

Al Dr. De Rossi lo alzaron del automóvil muy mal herido y con varias fracturas de gravedad que le produjeron, poco después, la muerte. El señor Balbi se encuentra lastimado en el rostro y sus heridas son de poca gravedad.
El señor Brath se salvó de una herida en el pecho que le hubiera producido el filo del parabrisas, si no lo hubiera salvado la camisa gruesa de plancha, que la cortó.
El chofer Priani se hallaba ileso.
Estos datos son de fuente particular porque la policía no había levantado anoche aún el sumario de práctica, no pudiendo por lo consiguiente, suministrarnos ninguna noticia.
Lamentamos el fallecimiento del Dr. Lorenzo de Rossi, persona que gozaba en nuestra ciudad de general estima, como profesional y como caballero y cuyo deceso ha causado una profunda impresión por las cualidades del extinto y por la forma inesperada y trágica en que se ha desarrollado.
Presentamos a su joven esposa, con quien se uniera el año pasado, nuestra más profunda condolencia.
La Verdad, 7 de noviembre 1924 – La relación del fatal accidente que costó la vida del malogrado farmacéutico, Dr. Lorenzo de Rossi y que publicó LA VERDAD en su edición de ayer, viene a ser confirmada en casi todos sus detalles, por las informaciones que hoy suministramos del Sr. Balbi.
En una visita que hicimos ayer al Sr. Juan S. Balbi, uno de los ocupantes del automóvil cuyo trágico accidente costó la vida al apreciado Dr. Lorenzo de Rossi, nos refirió el hecho más o menos de la misma forma que lo dimos a conocer en nuestra edición de ayer.
El señor Balbi que hace poco fue nombrado representante en la localidad, del automóvil marca Oakland estaba en tratos con el señor Martín Brath, para la venta de un coche de su representación.
Ayer, después del almuerzo, el malogrado Dr. de Rossi le comunicó al Sr. Balbi, que el interesado se encontraba en su casa y que deseaba probar el vehículo.
En efecto, pocos momentos después, el Sr. Balbi, en compañía del chauffer César Di Prianose dirigió con el automóvil a la farmacia del Dr. de Rossi y allí, éste y el Sr. Brath subieron al coche.

Los señores de Rossi y Balbi ocuparon el asiento trasero y el delantero el señor Brath y el chauffer.
Di Priano dirigía el coche con perfecta regularidad, con dirección hacia A. Roca.
Al enfrentar el monte de López, el chauffer cedió su puesto al señor Brath, quien tomó la dirección después de una indicación que le hizo el Dr. de Rossi en ese sentido.
El coche aceleró su marcha en una velocidad de 60 o 70 km. por hora y los ocupantes, advirtiendo el peligro que corrían, avisaron al Sr. Brath que redujera la marcha.
La curva del callejón la pasaron con bastante peligro y unas cuatro cuadras antes de llegar a las inmediaciones del Central, en una mala maniobra, el automóvil se estrelló contra la zanja del terraplén.
El Sr. Balbi, previendo el desastre, se había agarrado fuertemente de las varas de la capota, y en esa forma pudo salvarse de los efectos del golpe. No así el Dr. de Rossi que terminó con una pierna horriblemente fracturada y graves lesiones en el cuerpo que le produjeron la muerte dos horas después.
El Sr. Barth que recibió varias heridas de carácter leve, se libró de un tajo profundo que le hubiera producido el parabrisas en el cuello, gracias al cuello almidonado y al doble que se rasgó en las dos partes del doblez.
Nos asegura el Sr. Balbi que la dirección del automóvil quedó intacta, como lo han comprobado numerosos testigos.
Hasta aquí la relación del Sr. Balbi, quien se halla en cama, curándose de sus heridas que felizmente son de poca importancia.

El sepelio de los restos de Rossi
La profunda impresión causada por el luctuoso suceso y el prestigio que gozaba entre nosotros el Dr. de Rossi, se exteriorizaron en el acto del sepelio que resultó grandioso y solemne.
A las 10 horas partió de la casa mortuoria la carroza fúnebre, que se detuvo frente a la iglesia parroquial donde rezó las preces de difuntos el sr. Cura Párroco Vicente Peira.
De la iglesia, la comitiva se dirigió a la estación Pacífico depositando la caja en un furgón especial que condujo los restos mortales del Dr. de Rossi hasta Mercedes donde sus restos fueron sepultados.
Durante la traslación de los restos en nuestra ciudad, el comercio de adhirió al duelo cerrando sus puertas.
Una circunstancia debemos hacer resaltar. Mientras tuvo lugar anteayer el luctuoso suceso, la esposa del Dr. de Rossi se encontraba en la ciudad de Mercedes, en donde había fallecido dos días antes su señora madre.
Anteanoche cuando se dirigía a ésta con el tren de las 20:30, se encontró en la estación con un grupo de familias que la esperaban, preparando su ánimo para comunicarle la ingrata noticia.
Recién cuando llegó a su domicilio, preguntó la señora porqué había tanta gente apostada junto a su casa y entonces fue cuando le comunicaron el fallecimiento de su esposo.
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