Llega el 11 de septiembre y nos inundamos de emoción al hablar del Día del Maestro porque es un día donde nos detenemos a pensar en nuestras trayectorias profesionales y todo lo vivido junto a nuestros niños, familias colegas desde ese rol. En ese día, creo, que cada docente renueva su vocación de servicio, renueva su ser DOCENTE comprendiendo que esta profesión nos desafía permanentemente a “mirar” a nuestras infancias y repensar la tarea en la sala.
Una profesión que se encuentra interpelada por cada situación que atraviesan nuestros chicos, por cada cambio social, por sentires diferentes, por formas de “ser” diferentes que circulan y habitan nuestro jardín presentándonos esos escenarios tan diversos de aprendizajes que nos desafían a pensar esas propuestas tan importantes de enseñanzas.
Cada 11 de septiembre reflexionamos sobre la importancia de nuestra profesión, de ser esos mediadores entre el mundo y los niños. Una profesión que no solo enseña sino cuida, acompaña y sostiene.
Una profesión que entiende que solo es en vano y que trabaja colaborativamente con su colega pero que crea permanentemente alianzas con las familias, con otras instituciones buscando el bienestar de cada uno de sus alumnos en esta trayectoria educativa.
Una profesión que nos enorgullece al ver cómo van creciendo y verte reflejada en ese proceso. Una profesión que EDUCA desde la complejidad que nos brinda la realidad pero que también APRENDE desde la mirada de un niño.
Una profesión que te permite descubrir y redescubrir, asombrarte, reir, mirar, justificar, escuchar…
Cada 11 de septiembre, afirmo mi profesión e invito a que renueven sus vocaciones de servicio, una profesión que tiene mucho para dar, pero también para recibir.
Desde el rol directivo
En el Jardín que me desempeño, me encuentro llevando adelante la tarea de gestionar la institución desde el rol Directivo, pero no por eso dejo de ser enseñante.
Tengo el privilegio de contar con un equipo de trabajo que permite llevar la tarea educativa adelante con idoneidad, con compromiso, con iniciativas, pero también con amorosidad, diálogo y escucha. Una familia institucional que se capacita, que aprende, para problematizar la realidad buscando las mejores oportunidades de enseñanza.
Y en ese entramado de circulación de enseñanzas, de cuidados acompaño desde mi rol a todas y cada una de ellas. Ese es mi desafío, poder estar para gestionar el trabajo colaborativo, pero también inspirar a nuevas experiencias, capacitaciones potenciando conocimientos, vivencias y resignificando otras, sin olvidar la importancia de sostener frente a diversas situaciones que nos interpelan.
En el jardín es ese lugar donde no solo circulan saberes sino miradas cómplices, contendoras y atentas donde se construyen lazos que dan lugar a acompañar y sostener, donde la palabra es el “motor de arranque” que enseña pero también cuida, respeta y alienta. Y así como las docentes habitan el jardín desde este lugar, yo intento todos los días habitarlo del mismo modo con docente, no docentes, niños y familias.
Coincido con aquellos autores que manifiestan que ser docente es ser “artesano” que construye, crea, moldea propuestas, realidades y oportunidades para conocer, asombrarnos y aprender.
Hoy la educación se encuentra envuelta en la complejidad que estamos atravesando desde los diferentes aspectos y por eso el desafío desde mi rol directivo, tal como lo manifiesta Bernando Blejmar es “hacer que las cosas sucedan”.
(*) Directora Jardín San Cayetano
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