Los casinos, más que simples lugares para jugar, son espacios donde el azar, la estrategia y, en ocasiones, la audacia imprudente teje relatos que desafían la historia.
Estas no son hazañas comunes de ganancias de la noche a la mañana, sino más bien relatos de personas que desafiaron las probabilidades de maneras tan extraordinarias que sus nombres se grabaron en la historia.
Charles Wells
En 1891, un misterioso inglés llamado Charles Wells irrumpió en el Casino de Montecarlo y en una sola tarde de juego, Wells desafió todas las estadísticas en la ruleta, acumulando una racha tan improbable de 23 de 30 giros consecutivos que dejó atónitos a crupieres y espectadores por igual.
Su éxito fue tal que llegó a agotar todas las fichas de su mesa en varias ocasiones, por lo que el casino más icónico del mundo tuvo que realizar el ritual de cubrirla con un paño negro, señal de que «la banca había sido rota».
Wells amansó varios millones de francos, una suma colosal para la época. Su hazaña le dio fama mundial, hasta el punto de que se escribió la canción «The Man Who Broke the Bank at Monte Carlo».
Aun a día de hoy es un misterio si usaba algún tipo de sistema secreto o si simplemente tuvo mucha, pero mucha, suerte. Lo que sí sabemos es que recrear esta hazaña, así sea con inteligencia artificial, es casi mposible.
Stu Ungar
Para muchos, el mejor jugador de gin rummy y póker de todos los tiempos; un hombre con memoria fotográfica y capacidad analítica sin par que entró en el high stakes y lo destrozó.
En 1980, cuando apenas tenía 24 años, Ungar ganaría su primer Evento Principal de las World Series of Poker (WSOP), el mayor torneo del mundo, repitiendo la hazaña para 1981. La competencnia de juego de Ungar era tan desproporcionada, así como su capacidad para anticiparse a sus oponentes y la agresividad con la que jugada, que llegó a considerarse a sí mismo un «monstruo».
Algunos han llegado a afirmar que durante su carrera logró ganar y perder 30 millones. Ungar ganó por última vez en el Evento Principal de 1997, con mucho drama. Pero, lamentablemente, apenas un año más tarde, sus demonios personales le llevarían a perder la vida a los 45 años de edad, acabando así con la leyenda de un genio frustrado.
Archie Karas
La de Anargyros Karabourniotis, más conocido como Archie Karas, es una de las historias de los extremos en el juego. En 1991, este inmigrante griego llegó a Las Vegas con 50 dólares en el bolsillo tras perderlo todo en Los Ángeles apostando al póker.
Tomó prestados $10,000 de un amigo y se sentó en una mesa de Razz. Lo que vino después fue The Run, la racha ganadora más legendaria en la historia del juego, ya que durante los siguientes meses, Karas se dio la tarea de derrotar a los más grandes del juego, incluido a Stu Ungar.
Finalmente, Karas logró ganar más de 40 millones de dólares en las mesas de juego. Pero esta historia tampoco tiene final feliz, ya que en cuestión de semanas lo perdería todo. Su historia sirve como un escalofriante recordatorio de que en el juego de alto riesgo, la suerte puede girar en un instante.
Vanessa Selbst
El poker siempre ha sido un juego de hombres, pero Vanessa Selbst entró pisando fuerte y se convirtió en la jugadora más ganadora de todos los tiempos.
Graduada en Ciencias Políticas del MIT y en Derecho de Yale, Selbst mezcló cerebro y agresividad calculada en las mesas y amasó más de 11.8 millones de dólares en torneos en vivo.
Es la única mujer en haber llegado al número uno del Global Poker Index, y por si fuese poco, tiene tres brazaletes de las World Series of Poker y ocho mesas finales más en las WSOP.
A diferencia de otros jugadores de su talla, Selbst nunca hizo del poker su única profesión. Aunque, en 2018, se retiró del poker profesional para trabajar en un fondo de inversión, llevando su mente estratégica al mundo de las finanzas, dejando en evidencia cómo la suerte no lo es todo, a veces se necesita talento, disciplina y saber detenerse.
Pedro Grendene Bartelle
Las historias de éxito no solo se encuentran en Las Vegas. En 2017, el empresario brasileño Pedro Grendene Bartelle protagonizó una noche épica en el entonces Hotel Conrad de Punta del Este, Uruguay. Cofundador del imperio de calzados Grendene, Bartelle apostó fuerte a su número de la suerte, el 32, y cubrió los números de alrededor. Cuando la bola aterrizó en el 32, las ganancias alcanzaron los 3,5 millones de dólares.
Su victoria se viralizó inmediatamente en el casino uruguayo, pero un tiempo después, Bartelle afirmó haber ganado mucho menos. Y además, señaló que repartió el dinero con sus amigos. Sea verdad o no, lo que sí está claro es el tremendo golpe de suerte que tuvo.
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