La carrera de un basquetbolista profesional suele medirse en estadísticas: puntos por partido, asistencias o porcentajes de triples. Sin embargo, para el base juninense Bruno Conti, que hoy visita los estudios de Radio Junín, esta última temporada en la Conferencia Norte se midió en kilómetros, en madurez y en el descubrimiento de una plaza deportiva que está rompiendo el molde del básquet del interior.
Tras su salida de Junín, el destino lo llevó a San Salvador de Jujuy, un punto geográfico distante y con una tradición basquetbolística que, hasta hace poco, parecía dormida. Pero lo que encontró allí, según relata en esta extensa entrevista, fue un proyecto que combina la mística de las provincias del norte con una organización logística que envidiaría cualquier equipo de la Liga Nacional.
«La verdad que cuando me escribió Ale, no dudé», comienza diciendo el jugador, agradeciendo el espacio para compartir su experiencia. Lo que siguió a su llegada a Jujuy fue un choque de realidad profesional. A pesar de su juventud, Bruno ya ha recorrido varios equipos, pero lo que describe de la Federación Jujeña de Básquet es superador.
«El equipo es relativamente nuevo en la competencia, pero tiene una estructura, la verdad, privilegiada. Lo hablábamos mucho con nuestros compañeros y con el cuerpo técnico: el lugar, la federación, la reformaron toda hace unos cuatro o cinco años y es todo de primer nivel», detalla. Para el jugador profesional, la «comodidad» no es un lujo, sino una herramienta de trabajo. El base describe que esta infraestructura es clave para el día a día: «Se hace muy favorable trabajar así, tenés el kinesiólogo a disposición en la federación apenas llegás a la mañana. Si hacíamos doble turno, teníamos otro por la tarde, hay un cuarto preparado especialmente para ellos con aparatología completa: dos camillas, magneto, todo muy completo».
Este entorno profesional incluye detalles que en la Liga Argentina son excepciones: vestuarios de primer nivel con climatización frío-calor, heladeras a disposición de los atletas y oficinas específicas para que el cuerpo técnico realice su labor de scouting y video en una sala preparada para tal fin. «Son cosas que no son normales en la categoría, por lo menos no todas juntas en un mismo polideportivo», asegura.
Uno de los puntos más apasionantes de la charla fue el análisis del fenómeno social que rodea al equipo. A diferencia de los clubes tradicionales de Junín como Argentino o Ciclista, que tienen una base de socios histórica, Jujuy Básquet representa a toda una provincia.
«El jujeño es muy de su ciudad, de representar su lugar», explica el base. Al no ser un club con otras disciplinas, la identificación fue inmediata. «Vivíamos algo medio irreal porque jugábamos con 2.000 personas todos los partidos. Y no estoy exagerando, la cancha explotaba, para nosotros, que hoy vemos mucha escasez de público en el básquet e incluso en el fútbol, entrar a la cancha y ver ese marco era algo increíble».
El jugador recuerda con gracia que solo un partido no alcanzó ese aforo masivo, y fue por una razón de fuerza mayor en el norte: el Carnaval. «El carnaval lo viven como una tradición muy de ellos, muy fuerte, pero el resto del año, el apoyo se sintió siempre. En la calle la gente te para, te pide fotos, te hacen saber que tenés que ganar».

El básquet del norte tiene sus propias reglas y sus propias rivalidades. La disputa entre Jujuy y Salta es histórica y trascendió al rectángulo de juego. «Te hacen saber que el clásico vale la pena ganarlo», comenta el base.
Aunque en Salta el marco de público puede ser menor (unas 500 personas según su estimación), en Jujuy la rivalidad alcanzó picos de 2.200 espectadores con la cancha «explotada». «Hay una pica interna de ciudad a ciudad que es de ellos, pero que a nosotros como jugadores nos motivaba mucho más, esa presión linda de la gente en la calle te marca un parámetro de que el proyecto está pegando fuerte en la sociedad».
Quizás el desafío más grande para el juninense no estuvo en los tiros de último segundo, sino en el vestuario. Por primera vez en su carrera, a Bruno Conti le tocó asumir la capitanía de un equipo profesional.
«Fue un rol diferente, nunca me había pasado, éramos un equipo joven, el más grande tenía 28 o 29 años, así que a los 25 me tocó ser de los más grandes», relata con sinceridad. El rol de capitán en el básquet moderno implica ser un nexo constante: «Tenés que hablar con el entrenador, fijarte en los problemas del equipo, hablar con los dirigentes, existe ese nexo de gestión de grupo. Traté de tomarlo con naturalidad, pero el desafío me encantó, me movió un poco el piso».
El base realiza una autocrítica valiente sobre este nuevo rol: «Con el diario del lunes te das cuenta de errores que cometí, cosas que hice mal y que son lógicas por la falta de experiencia. Aprendí mucho a hablar desde el lado de la incomodidad, a generar esas charlas incómodas que a veces el equipo necesita, el objetivo es minimizar esos errores para la temporada que viene».
Uno de los temores constantes en los equipos del interior es la dependencia del presupuesto estatal. El jugador juninense aportó una mirada esclarecedora sobre cómo se financia Jujuy Básquet, comparándolo con modelos como el de Pergamino Básquet.
«Por lo que hablé con el jefe de equipo en los viajes, ellos buscan la autogestión, tienen muchas empresas de la zona que colaboran. El mensaje de la dirigencia es claro: no quieren que esto dependa 100% del gobierno porque si el apoyo estatal se corta, el proyecto se muere, quieren que tenga estabilidad propia», revela.
Además, destacó que la dirigencia no tiene prisa por «comprar» una plaza o forzar un ascenso, sino que buscan consolidar las bases. «Tienen una estructura de Liga Nacional, eso te lo aseguro, pero quieren llegar bien, con las bases aceptadas. Están logrando continuidad, que es algo que a veces pedimos para los clubes de Junín, el año pasado no habían repetido ni jugadores ni cuerpo técnico, pero ahora tomaron nota y buscan generar ese sentido de pertenencia».
Cruzar la Conferencia Norte no es para cualquiera. Las distancias son abismales y el desgaste físico es un rival extra. «He sufrido giras de 16 horas en colectivo, se hacen duras», confiesa el base.
Sin embargo, destacó cómo el club intentó minimizar ese impacto: «Viajamos en un colectivo que estaba muy bueno, era cama, fundamental para nosotros y algo que vi por primera vez: WiFi con Starlink. Capaz que estabas en el medio de la ruta y tenías internet para mirar una serie o lo que sea, eso ayuda mucho a que el viaje sea llevadero».
Finalmente, el jugador resaltó el impacto del proyecto en el básquet de base de la provincia. Jujuy Básquet no funciona como un club estanco, sino como un faro. «Cuando arrancamos la temporada teníamos ocho juveniles seleccionados de distintos campus que entrenaron todo el año con nosotros, para la temporada que viene van a estar mucho mejor preparados. Esto impulsa al básquet local, que es algo a lo que antes no se le daba tanta bola y ahora hay una potencia en crecimiento».
La entrevista cerró con un balance positivo. Si bien el equipo quedó fuera en un quinto partido, la sensación para el embajador juninense es de misión cumplida en lo personal y profesional. Jujuy no solo le dio la oportunidad de liderar, sino de entender que el básquet, cuando se hace con estructura y apoyo popular, no tiene techo. Con el bolso cargado de experiencias y el orgullo de haber sido el capitán del norte, Bruno Conti ya mira al futuro, con la madurez de quien sabe que los 25 años son apenas el comienzo de su mejor versión.






