La inflación de diciembre se ubicó en 5,1%, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Con ese registro, la variación de precios durante todo 2022 ascendió a 94,8%, la más alta desde 1991, año en que el índice marcó 84% anual.
Desde la estadística económica y fría son números alarmantes, sin dudas, hablan de un nuevo fracaso de un gobierno que prometió asado y heladera llena y se quedó en eso, en la promesa. Desde lo social y hacia el futuro es una situación que alarma porque pulveriza salarios, poder de compra, el acceso a la canasta básica alimentaria se va alejando y la pobreza aumenta a diario.
«Argentina se afirma como el segundo país con más alta inflación en la región, sólo superada por Venezuela. No es casualidad. No va a bajar la inflación sin inversiones, sin seguridad jurídica, sin respeto a la Constitución Nacional y sin un plan económico en serio», se quejó un dirigente opositor en diálogo con este diario.
«¿Buscar resolver el 94.8% de inflación en el 2022, peor registro en 30 años, o defender los intereses personales de su Vicepresidenta en su lucha contra el Poder Judicial? Único mensaje presidencial: juicio a la Corte Suprema», agregó.
De todos modos no es una competencia exclusiva de este gobierno la espiral inflacionaria ascendente. Durante la administración Cambiemos con Mauricio Macri como presidente fue un tema igual de perjudicial para la clase media, sumado al aumento de tarifas en los servicios públicos, cierre de pymes, la disparada del dólar y la lluvia de inversiones que nunca llegó.
En un país con alta informalidad laboral como Argentina, la inflación se presenta como la principal causa de los aumentos de pobreza y de indigencia porque deteriora rápidamente los ingresos de los hogares, y especialmente los más vulnerables.
En ese sentido, desde ambos lados de la grieta han demostrado la incapacidad de resolver la mayor demanda de la sociedad, poder vivir dignamente con el ingreso genuino producto del trabajo y no depender al extremos de la asistencia social, que es fundamental que esté presente como política de estado para tender una mano a quien lo necesita, pero que no puede crecer exponencialmente año a año en paralelo con la pobreza.
Algo no está cerrando, algo no se está haciendo bien. Si el estado gasta más de lo que recauda no hay recetas mágicas. O se compensa el endeudamiento con emisión monetaria o se toma deuda. Las dos variables no han hecho más que daño.
La clase política parece anestesiada ante un problema que se profundiza. 2023 es un año electoral en el país y los ejecutivos en el nivel nacional, provincial y municipal se juegan la continuidad o la pérdida del poder. En eso andan, viendo cómo se hace para generar expectativa positiva y a futuro en el electorado.
El tema es que no se trata de ganar la elección, después hay que gobernar y llevar soluciones. Si una elección se gana es apenas el comienzo, no un objetivo cumplido. Si se queda en eso la dirigencia política volverá a repetir los mismos fracasos de siempre.
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