Hablar de La Casa del Celíaco es hablar de una historia personal de lucha, aprendizaje y superación. Detrás de cada producto sin TACC y de cada receta elaborada con cuidado hay una experiencia de vida que comenzó mucho antes de que existiera el local.
Soy Carolina Marcela D’Ortona. Algunos me conocen como Carolina, otros como Marcela, pero la mayoría simplemente como Caro. En esta Semana del Gastronómico quiero compartir el camino que me llevó a dedicar mi vida a la gastronomía para personas celíacas y con otras intolerancias alimentarias.
Cuando miro hacia atrás, entiendo que la celiaquía siempre formó parte de mi vida, aunque durante muchos años nadie pudiera ponerle un nombre. Recuerdo a mi mamá buscando distintos shampoos porque mi cabello era extremadamente seco, los controles médicos constantes por mi bajo peso y esa sensación permanente de estar al borde de la desnutrición. A eso se sumaban fuertes dolores de panza, migrañas y un malestar que parecía no tener explicación.
Los años pasaron y llegaron algunos de los momentos más felices de mi vida: mis embarazos. Sin embargo, mientras la ilusión crecía, también lo hacían las complicaciones. La anemia, la caída del cabello y el deterioro físico se hicieron cada vez más evidentes.
Mi primer hijo, Nikias, nació prematuro, con apenas 1,900 kilos. Con mi segundo embarazo debí ser derivada a Buenos Aires porque existía un alto riesgo de un nuevo parto prematuro. Así llegó Jere, también con muy bajo peso. Más tarde nació Agus; aunque llegó a término, también pesó menos de lo esperado.
Y hay otro hijo que ocupa un lugar muy especial en mi corazón. Un embarazo que no pudo llegar a término, pero que forma parte para siempre de mi historia y de mi familia.
Hace ya veinte años llegó finalmente el diagnóstico que cambió mi vida. Pesaba apenas 42 kilos y convivía con un sinfín de síntomas que ya consideraba normales. Después de los estudios, el médico me dijo una frase que jamás olvidaré: «Flaca, sos recontra celíaca».
A partir de ese momento comenzó un desafío completamente nuevo. Cambiar la alimentación parecía sencillo, pero aprender a convivir con la enfermedad llevó tiempo. Durante casi tres años sufrí contaminaciones cruzadas sin darme cuenta, ya fuera en restaurantes, reuniones familiares o incluso en mi propia casa. Poco a poco aprendí a manipular correctamente los alimentos, a cuidar cada detalle y a recuperar mi salud.
Pero el miedo seguía presente. Miedo a viajar y no encontrar qué comer. Miedo a asistir a un cumpleaños o a una reunión familiar. Miedo, simplemente, a enfermarme por un descuido.
Fue justamente ese temor el que despertó una nueva pasión.
Comencé a cocinar junto a mi mamá, Mónica, adaptando recetas tradicionales para que pudieran disfrutarse sin gluten. Probamos una y otra vez hasta lograr pizzas, empanadas, ñoquis, panes, tortas y muchas otras preparaciones que conservaran el sabor de siempre, pero fueran completamente seguras para quienes padecemos celiaquía.
Después de varios proyectos y muchas experiencias, en mayo de 2022 nació La Casa del Celíaco, en Pellegrini y Sarmiento, un espacio que hoy ocupa gran parte de mi vida y que nació con un objetivo muy claro: “que ninguna persona tenga miedo de compartir una comida”. La Casa del Celíaco desde septiembre abrirá sus puertas en un nuevo y mejor local en Sarmiento 234, a pasitos de donde estamos hoy.
Con el tiempo comprendimos que nuestras recetas también podían ayudar a muchas otras personas. Por eso continuamos capacitándonos permanentemente y desarrollando productos destinados no solo a quienes tienen celiaquía, sino también a personas con diabetes, SIBO y distintas intolerancias alimentarias, siempre trabajando con materias primas libres de gluten y bajo estrictos cuidados para evitar cualquier contaminación cruzada.
Más allá de los productos, creemos que lo más valioso que construimos fue una comunidad.
Muchos clientes llegaron buscando un alimento seguro y terminaron encontrando un lugar donde sentirse comprendidos, hacer preguntas, compartir experiencias y saber que alguien conoce exactamente lo que significa vivir con estas restricciones todos los días.
En esta Semana del Gastronómico quiero agradecer profundamente a quienes confiaron en nosotros desde el primer día, cuando apenas teníamos unas pocas preparaciones, y también a quienes se fueron sumando con el paso del tiempo.
Gracias por convertir La Casa del Celíaco en mucho más que un comercio. Gracias por hacer de este espacio un lugar de encuentro, de escucha, de contención y, sobre todo, de tranquilidad para quienes necesitan alimentarse con seguridad.
Porque detrás de cada receta hay una historia. Y detrás de cada historia, la esperanza de que nadie vuelva a sentirse solo frente a un plato de comida.
Con mucho cariño, Caro / Marce





