Joseph Ratzinger antes de convertirse en el Papa Benedicto XVI ya era muy conocido debido a su amplia trayectoria anterior al papado. Aquí rescataremos las claves fundamentales de su vida y obra.
Aquel joven Joseph Aloisius Ratzinger, nacido en 1927 en Marktl am Inn, Baviera, en el seno de una familia de clase media, llegó a convertirse en un faro y referente de la Iglesia del siglo XX y XXI.
Luego de una brillante trayectoria como profesor, joven teólogo en el Concilio Vaticano II (1962-65), doctor de Teología y catedrático en Munich, Bonn, Münster y Tübingen, fue designado arzobispo por Pablo VI (1977) y unos días más tarde, cardenal. Consiguiente a ello, en 1981, le llegó el llamado del flamante Papa polaco para constituirse como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Papado
Su elección pontificia del año 2005 era prácticamente lo esperable. Hombre de confianza del gran santo Juan Pablo II y conocedor de la vida de la Iglesia y además, políglota, nadie mejor que él para sucederlo. “Queridos hermanos y hermanas, tras el gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador en la viña del Señor” fueron las primeras palabras de su pontificado.
El papado lo encontró en un momento delicado de la Iglesia. Suceder a un líder nato de la talla de Juan Pablo II es algo pesado para cualquier espalda. Con la elección del nombre de «Benedicto» y en homenaje a Benedicto XV quiso presentarse como alguien pacificador en medio de un mundo turbulento, pero también evocar la gran figura de San Benito de Nursia, un fundamento de la cultura y la evangelización de su época.
Los escándalos de los abusos por parte de clérigos fueron una particular cruz que tuvo que llevar en su ocupación del ministerio Petrino. Sin embargo, también tuvo que abordar grandes viajes apostólicos, sínodos, consistorios, canonizaciones, encuentros mundiales de jóvenes, audiencias privadas, públicas, y centenares de graves ocupaciones.
No se puede dejar de recordar el último gesto sorprendente de su pontificado, que, sin lugar a dudas, representa el hecho de su renuncia en 2013:
“…no seré más Sumo Pontífice de la Iglesia… …seré simplemente un peregrino que continúa su peregrinaje sobre la Tierra y afronta la etapa final”.
Conceptos de su pensamiento
Lector infatigable y escritor prolífico; comentarista agudo y conferenciante preciso, Joseph Ratzinger es un teólogo capaz de expresarse con gran desarrollo pero también con sintética brevedad.
Se trata de un intelectual de conceptos claros, a quién le cabe aquel dicho aristotélico de Amicus Plato sed magis amica veritas (Amigo de Platón, pero más aún de la verdad), es decir: ante todo, la búsqueda y el amor a la verdad. De hecho, su lema episcopal es «Cooperatores veritatis», es decir, un colaborador de la verdad.
Sin lugar a dudas, de entre sus muchas expresiones, la de «la dictadura del relativismo» es tal vez la más conocida y clásica. Mucho de su preocupación intelectual ha rondado en torno a ese tema. Pero, lógicamente, en una producción escrita tan basta, no es el único tema que lo desvela. En sus cuantiosos textos se puede vislumbrar una gran faceta de experto conocedor de la amplia tradición litúrgica y teológica de la vida de la Iglesia.
Esa tradición, tiene muy claro Ratzinger, es sumamente necesaria para afrontar los grandes temas de la vida de la Iglesia, y siempre es citada por él como fuerte argumento. No menor es su comprensión de las Sagradas Escrituras con todo su contexto histórico y cultural. Por otra parte, respecto de la liturgia católica, enfatiza Ratzinger, tiene por objeto celebrar a Dios y no celebrarse a sí misma, por lo cual – insiste el gran teólogo – Cristo ha de ser el centro de toda liturgia.
También, las referencias constantes hacia la eclesiología son numerosas y recurrentes en toda su obra. La visión de la Iglesia en el mundo contemporáneo es un tema de especial atención a lo largo de toda su vida. Leyendo los textos de Joseph Ratzinger y luego los de Benedicto XVI el lector encontrará un gran analista y crítico del pensamiento contemporáneo, mundo en el que la Iglesia se encuentra y al que debe dar una respuesta. Se trata de un hombre que supo leer y entender a aquellos teólogos de ideas contrarias para poder dar su propia respuesta como teólogo o la respuesta de la Iglesia como Pontífice.
Una cuestión interesantísima a nuestro entender, es la visión acerca del futuro de la Iglesia. A fines de los años 60 y durante los años 70, fue consultado en ocasiones, y escribió en otras, acerca de cómo sería la Iglesia del año 2000. Quien se tome el gustoso trabajo de leer «Fe y futuro» (especialmente el capítulo 5) o «Informe sobre la fe», se encontrará con un visionario teólogo que está dos pasos delante de la historia y notará cómo se cumplió todo el que él ya preveía unas décadas antes.
Para ir concluyendo ésta muy abreviada semblanza intelectual, no podemos dejar de mencionar la preocupación de la transmisión de la fe no fue un tema menor en sus ocupaciones de Prefecto y de Papa. La opción por la brevedad y simplicidad se vieron plasmadas en los catecismos y compendios que bajo se dirección se prepararon. Queda claro que sabe desarrollar y sabe simplificar según la cuestión lo requiera.
Guía para leerlo
Quien quiera conocer sus expresiones de un modo cercano y lejos de tecnicismos, puede acceder a ellas en las entrevistas que le hizo el periodista Peter Seewald. Allí, en las primeras como cardenal, y en las últimas como Papa o Papa emérito, Joseph Ratzinger responde a todo: desde cuestiones doctrinales hasta cuestiones prácticas de su vida personal y ministerial. «Sal de la tierra», «Dios y el mundo», «Luz del mundo», «Últimas conversaciones», son algunos títulos que nos pueden dar una visión panorámica de su vida y pensamiento.
Tema extenso sería ponderar sus obras teológicas, libros y grandes escritos. En nuestra lengua española hay muchas publicaciones, pero sus obras completas son presentadas por la editorial BAC (Biblioteca de Autores Cristianos).
Como Papa ha producido encíclicas, exhortaciones apostólicas, varios motu proprios, catequesis de audiencias, discursos, que se encuentran fácilmente en las páginas oficiales de la Santa Sede.
Podría decirse que tanto como teólogo y como Papa, Ratzinger es una figura importantísima que atraviesa el siglo XX y trasciende el XXI. Quien quiera conocer la historia del mundo y de la Iglesia de estos últimos tiempos deberá aproximarse a él.
Concluya aquí esta breve semblanza de este «cooperador de la verdad», porque la naturaleza nos ha dado una vida breve, pero la memoria de una vida bien empleada, es eterna.
Lee también: A los 95 años, murió el papa emérito Benedicto XVI
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