Por Claudia Birello
Para Grupo La Verdad
Panagra había nacido en 1928 realizando vuelos desde Estados Unidos a América del Sur. Había establecido bases en Lima, Bogotá y Buenos Aires.
En su trayecto entre Chile y Buenos Aires, hacía escala en distintas ciudades, entre ellas, desde 1932, en Junín donde sus representantes eran los integrantes de la firma Castellazzi Hnos.
Dos años después del inicio de sus viajes por nuestra ciudad, un accidente aéreo en la Laguna Mar Chiquita marcó una de las mayores tragedias que la historia local recuerde y que fue ampliamente cubierta en las páginas de La Verdad.
Nueva ruta aérea
El 20 de enero de 1932, hizo escala en nuestra ciudad, uno de los puntos del itinerario que ha fijado la Panagra para los viajes aéreos de su servicio de pasajeros, encomiendas y correspondencia entre Buenos Aires y Mendoza, el avión “Santa Mariana”. Dejó así inaugurada esa compañía, su nueva ruta comercial.
Concurrieron al campo de aterrizaje, sito en la estancia del Sr. Mendizábal, numerosos y caracterizados vecinos y varias distinguidas familias de la localidad.
Todos ellos fueron debidamente cumplimentados por el Sr. Antonio Mendizábal y los representantes de la Panagra en Junín, señores Castellazzi.
Poco después de las 11:15 descendía en el lugar indicado el soberbio aparato aéreo en el que viajaban, además de varios representantes y técnicos de la Panagra, pasajeros cuyo destino era el de las distintas estaciones del trayecto fijado.
En los breves instantes que el avión permaneció en el lugar de aterrizaje, los pilotos e ingenieros de la empresa aludida, dieron, gentilmente, a los presentes, todo género de explicaciones relacionadas con la construcción del aparato, horarios, condiciones de viaje, etc.
Facilitaron, así mismo, la visita al avión, cosa que permitió admirar la prolijidad y perfección con que está construido, al par que las grandes comodidades de que se halla dotado.
Aimar Balbi fue el primer pasajero juninense.

1934
A fines del corriente mes llegará a Buenos Aires en un vuelo especial, el primero de los aviones Douglas, de la Cía. Pan American Grace Airways Inc., el cual dentro de poco tiempo será incorporado al servicio regular de la empresa.
Este tipo de avión es reconocido como una de las realizaciones más notables de la aviación comercial actual, pues ha llegado a combinar la perfección, técnica y comodidad máxima para el viaje.
La principal preocupación al construir este nuevo tipo de aeronave ha sido proporcionar en su amplio salón y con los elementos más modernos, el máximum de confort y bienestar para los pasajeros.
La cabina es completamente aislada al ruido debido a un tratamiento especial de material utilizado para su construcción, lo que permite sostener en pleno vuelo, conversaciones con voz normal. Los sillones son lujosamente tapizados, reclinables y reversibles, contribuyendo así junto a eso por las demás modernísimas facilidades a dar el mayor placer al viajero.
La seguridad en estos aviones la constituyen, a más de su tripulación experta, formada por Piloto, co-piloto, radio operador y comisario, los más modernos elementos que la técnica ha ideado para el vuelo mecánico, como son el piloto automático “Sperry”, hélices de paso variable y frenos aéreos para reducir la velocidad de aterrizaje. El tren de aterrizaje plegable puede ser subido en 25 segundos y bajado en 20, mediante una bomba hidráulica ubicada en la cabina del piloto.
11 de junio
A pesar del confucionismo propio de la magnitud de la catástrofe y más aún por la falta de medios de comunicaciones con que se tropieza en el aparado lugar donde ocurriera, pudimos vencer todos los obstáculos que se presentaban y dar por intermedio de nuestras pizarras, las primeras noticias, que sembraron como todas las informaciones sensacionales, una intensa expectativa pública.
Como siempre, la diversidad informativa resultaba abultada y difícil de precisar con exactitud, pero con todo, logramos cumplir con las obligaciones que impone el periodismo y dar a los pocos minutos del terrible accidente, una verdadera primicia.
Una mañana neblinosa
La inclemencia del tiempo que venimos soportando desde hace tres semanas, nos ha ofrecido algunas mañanas, espesa niebla que, como es notorio, dificulta por lo general la visibilidad.
Con tales características amaneció el día de ayer (11 de junio). Aunque en nuestra ciudad la neblina sólo duro escasas horas, en las afueras, este fenómeno demoró más en desaparecer. Fue así como pudo comprobarse que la niebla cubría por completo el espacio en una larga extensión de Agustina, principalmente en las inmediaciones de la laguna Mar Chiquita, en cuyas aguas cayera el trimotor San Pedro.
Sin que hasta estos momentos se haya podido comprobar debidamente las causas que ocasionaron la horrible catástrofe que nos ocupa, se atribuye sin embargo a la existencia de la niebla, que no permitía la visibilidad necesaria a los tripulantes del San Pedro, ser el factor principal del accidente.
Lo que atestigua más esta presunción son las declaraciones de algunos pobladores de aquellos lugares que con cierta extrañeza observaron al trimotor volando a muy escasa altura.
Se sabe también que cuando el San Pedro pasaba ayer por Agustina, el trepidar de los motores era normal.
Esto deja pensar entonces que el funcionamiento del aparato no sufría alteración alguna en esos momentos.

Con el primer testigo
Uno de los primeros testigos que pudimos abordar a nuestro arribo al lugar del hecho fue el joven Leoncio Mendizábal, que reside en un importante establecimiento de campo lindero a la Laguna Mar Chiquita.
Este conocido y caracterizado vecino de Agustina empezó manifestándonos que, serían las 9:45 horas cuando atraído por el ruido del San Pedro, se dispuso a contemplar su travesía p0orla estancia, como acostumbraba hacerlo habitualmente.
El señor Mendizábal nos dijo que mientras desde un punto estratégico miraba el avanzar del San Pedro, le llamó la atención que lo hiciera en forma tan baja, pues presumía que siguiendo a esa altura le sería difícil poder salvar la plantación de eucaliptus allí existente, que es bastante elevada.
Este inconveniente que sin duda fue observado a tiempo por los tripulantes del trimotor, siguió diciendo Mendizábal, obligó al piloto del San Pedro a tratar de recobrar nuevamente altura, pero ni bien pasó nuestra población, noté que el trimotor empezaba a descender, hasta que lo perdí de vista por la niebla.
Sin imaginar, por supuesto, en ningún momento, en la tragedia que acechaba al desdichado aparato, a los pocos minutos alcancé a escuchar un fuerte ruido que partía del lado de la laguna en cuya dirección pasara el San Pedro y sucesivamente gritos y llamados de socorro.
Sin demora, en compañía de algunos peones que conduje en mi automóvil, me dirigí a las lagunas y después de algunas incursiones infructuosas pude localizar por las contestaciones que a nuestros llamados hacían del San Pedro, el lugar donde se encontraba.
A partir de entonces tuve más o menos la primera impresión del desastre y como careciéramos de medios para los trabajos de salvamento, atiné a poner en conocimiento de la policía lo que acababa de acontecer. Para cumplir con esta diligencia me trasladé hasta Agustina, distante unas treinta cuadras y una vez hecha la denuncia, regresé a la laguna para procurar de cualquier forma llegar hasta los accidentados.
Dispuse que un baqueano del establecimiento, montado en un caballo, tratara de acercarse al aparato que estaba a una legua de la costa.
La espera del regreso del peón fue angustiosa. Luego de las narraciones penosas que nos hiciera a su llegada, buscamos un botiquín y algunos abrigos y así conseguimos auxiliar en la medida de nuestros esfuerzos a la tripulación y pasajeros del San Pedro hasta que se hicieron presentes las autoridades policiales.
La concurrencia pública
Como ocurriera en la inolvidable desgracia registrada el año pasado en la laguna de “Gómez”, también ésta vez, la concurrencia pública al lugar de esta nueva y espantosa catástrofe, fue extraordinaria.
No bastó la distancia ni los inconvenientes que ofrecía el arribo hasta una parte tan aislada del centro de la ciudad, para que buena parte del vecindario fuera hasta allí interesado por la suerte que habían corrido todas las personas que viajaban en el San Pedro.
Esto demostraba el dolor colectivo que sacudiera intensamente a los vecinos de Junín y localidades limítrofes. La conmoción espiritual por la desgracia ajena se ha puesto nuevamente de manifiesto en todas sus sensibles proporciones, frente al accidente.
Cuadros impresionantes
Ante la expectativa reinante del grueso público que bordeaba la costa de la Laguna Mar Chiquita, poco después de las 16 horas, llegó la primera carga macabra que provocó escenas de amarga impresión. El bote que tripulaba Andrés Oyhanarte tocó tierra para desembarcar un cuerpo exánime, el de la señora Milla que había expirado en el trayecto, su hija María, gravemente herida, y al ingeniero Alessandri lesionado levemente. Volvió la pequeña embarcación a ganar agua y luego de una larga y paciente espera, regresó con los heridos Colona y Molla.
Partió de nuevo el bote para cumplir con otra etapa y ya entrada la noche apareció con el último de los sobrevivientes, Smith. Todos esos heridos, con la urgencia que se requería, fueron trasladados en furgones que dispusieron las empresas de pompas fúnebres La Argentina, La Nueva y Lavalle.
Llegada de representantes de Panagra
En un trimotor similar al San Pedro, llegaron ayer a la tarde procedentes de la C. Federal, el gerente de la compañía La Panagra, señor Eduardo Bradley y el director de la aeronáutica civil, José Méndez Goncalvez, un mecánico y el piloto a cargo del aludido aparato.
Nuestro servicio
El servicio informativo de LA VERDAD fue solicitado en esta ocasión por los colegas de “Los Andes”, de Mendoza, “La Capital” de Rosario, El Diario, La Nación, La Razón la agencia United Press, todas de Capital Federal.
En el Hospital de Caridad
Anoche, en el Hospital de Caridad, en momentos que el Dr. Gustavo Pérez Herrera se disponía a practicarles las primeras curas a algunos de los heridos, pudimos a cercarnos a uno de los lechos de dolor: Al del señor José Eduardo Colonna, norteamericano, de 37 años, soltero, quien presenta la pierna derecha fracturada, lesiones en la izquierda y contusiones en la cabeza.
El mismo que es representante de los productos Profylactic y Listerine, se trasladaba en el trágico avión a Chile, de donde continuaría viaje a Perú, requerido por las obligaciones de sus tareas. El señor Colonna, dentro de la fuerte y dolorosa impresión que ha debido soportar y acicateado por el dolor de sus heridas encuéntrase tranquilo y da muestras de una entereza poco común dejando entrever un notable temperamento.
El presidente de Chile
El Dr. Arturo Alessandri, apenas tuvo conocimiento del accidente sufrido por el avión donde viajaba su sobrino, se interesó por la suerte de los tripulantes y pasajeros.
La tragedia quiso que dentro de sus horrorosas consecuencias hubiera alguna excepción. Ella fue el viajero Don Carlos Alessandri, sobrino del presidente de la República de Chile, que si bien sufrió algunas contusiones de menor importancia, puede decirse que salió ileso.
El ingeniero Alessandri, se hospedó anoche en “Villa Elisa”, casa quinta del presidente del Concejo Deliberante, Don Oscar Schultz Cazeneuve.

Balance de la tragedia
Después del lamentable suceso, ha quedado el siguiente balance.
Piloto, Charles Lindenberg, muerto; Copiloto Samuel Eisemann, muerto; radio telegrafista, James Raleigh, muerto; María Milla de Martínez, muerta; Creig Veeder, muerto; Carlos Alessandri, contusiones leves; María Martínez Milla, fracturas en ambas piernas y contusiones de consideración en ambas manos; Vicente Molla, contusiones internas; José Colonna, fractura de la pierna derecha, lesiones en la izquierda y contusiones en la cabeza; Maxwell Smith, fractura de tibia y peroné, contusiones en diversas partes del cuerpo. Todos los heridos se encuentran internados en el Hospital de Caridad.
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