La tradición familiar en la esquina de General Paz y Alem, que resistió al paso del tiempo, se aggiornó una y otra vez, y es un lugar emblemático de la ciudad.
En 1932, Don Franco abrió una gomería. Nunca sospechó que, con el paso del tiempo, se transformaría en una bicicletería y más de 90 años después, siguiera erigiéndose como un emblema en la tradicional esquina de General Paz y Alem.
Desde muy chico, su hijo Ricardo transitó el negocio, y estuvo a cargo luego durante décadas, para hoy pasarle la posta a Gastón, que representa la tercera generación Franco.
Ricardo contó cómo fue su historia entre ruedas, asientos y los libros que debía llevar en sus años de primaria en la Escuela Normal y secundario en el Comercial. “Pasaba bastante tiempo en el negocio y siempre me gustó”, afirma, y eso fue lo que lo impulsó a pasar a trabajar en la bicicletería, en lo que hace a reparación y luego distribución. Fue su lugar en el mundo durante más de 70 años, y todavía hoy suele pasar a diario a echar un vistazo.
“Mi padre corría en bicicleta y los mismos simpatizantes fueron quienes lo llevaron a volcarse a la bicicleta, porque le pedían algún arreglo siempre, así que fue dejando la gomería”, explica.
Según recuerda, alrededor del año ’34 se mudaron al lado de la esquina donde existe desde hace tantos años, para “luego comprar el lote y extenderse tras construir, alrededor del ’45. Fue el lugar definitivo”.

UNA TRADICIÓN
Después de más de 90 años, sigue la familia Franco al frente del negocio, a la que se suman dos empleados de toda la vida. “En la actualidad queda uno, el más viejo de los dos, que sigue trabajando después de 47 años en el negocio”, cuenta.
Sobre la actividad actual, Ricardo dice que “se siguen haciendo reparaciones y se deben hacer retoques de todo tipo a las bicicletas nuevas que llegan, antes de salir a la venta”.
“Cambiaron mucho los modelos. Estuvieron las tradicionales, luego hubo plegables, las famosas Auroritas y después estaban las de ‘media carrera’ que tenían el manubrio hacia abajo pero sin cambios, que servían para todos”, señala Ricardo.
Después se pasó “a las todo terreno, pero ahora con cambios y capaz llegan hasta 27 velocidades, son cuadros de aluminio con suspensión. Muchos las usan para ir a trabajar, pero la mayoría las utiliza para distraerse, como recreación y un buen ejercicio para mantener el físico”, dice Ricardo.
En esta tradición bicicletera juninense que impuso la familia Franco, ahora es Gastón, tercera generación, quien está al frente del comercio y debe velar por la continuidad rumbo al centenario de esta empresa señera en la ciudad.







