«Cuando andaba el molino, temblaban todas las puertas. Y cuando paraba, todo el mundo se despertaba».
Por: Juan Carlos Tassara (director de la empresa)

El origen: de Italia a las vías de Junín
La historia comenzó alrededor de 1860, cuando mi bisabuelo llegó a La Boca proveniente de Rapallo, un pueblo vecino a Génova, Italia. Allí, todos compartían el apellido Tassara Costa, formando una gran comunidad de parientes con familias numerosas de diez o doce hijos.
A raíz del brote de fiebre amarilla, la familia se trasladó a Avellaneda. Con el tiempo, dos de los hermanos, Fortunato y Héctor, decidieron independizarse para buscar nuevos rumbos. Recorrieron la Argentina, trabajaron en los ingenios azucareros del norte del país y finalmente se establecieron aquí, fundando originalmente el Molino Junín. Posteriormente, Héctor compró otro molino en San Luis y se separó de la sociedad.

Ubicación estratégica y crecimiento
El molino se instaló estratégicamente entre dos vías ferroviarias clave: el Ferrocarril Central Argentino y el Buenos Aires al Pacífico. Esta ubicación privilegiada permitía comprar trigo a lo largo de toda la línea ferroviaria, descargarlo directamente en la planta y, luego, distribuir la harina producida entre los diferentes pueblos de la región.
El crecimiento con los años ha sido rotundo: en sus inicios, el molino producía 60 bolsas por día, mientras que en la actualidad la producción alcanza las 9.300 bolsas diarias.

El hogar de la familia y el barrio
Esta manzana fue, literalmente, nuestra casa. Aquí vivió mi abuelo con sus 10 hijos, después mi padre, y luego nosotros.
El molino formaba parte de nuestra vida cotidiana. La harina se envasaba en el tercer piso y bajaba por unos toboganes por los que los chicos de la familia nos tirábamos para jugar, saliendo por abajo completamente blancos. Además, una vez al año, la calle Alberdi se convertía en el escenario de las fiestas del molino, una celebración a la que se invitaba a todo el barrio.

Anécdota: el motor de Normandía
Cuando llegó el momento de reemplazar la vieja máquina de vapor, compramos un motor diésel proveniente de las barcazas del desembarco de Normandía, los cuales se comercializaban en muchos lugares tras finalizar la Segunda Guerra Mundial.
Aquel motor, que funcionaba con una correa sumamente ancha, movía absolutamente todo: las transmisiones, los tres pisos del edificio y hasta la sierra de la carpintería. Tenía una particularidad: al arrancar, generaba tanta electricidad estática que, si acercabas la mano, te saltaban chispas de gran longitud. Hoy en día ese motor ya no está; se cambió, tal como se transformó todo lo demás con el paso del tiempo.
El Molino Tassara, se llamaba Molino y fábrica de fideos Junín.






