Decíamos en la columna anterior. Hay adultos preocupados y escépticos y jóvenes a los que no les importa demasiado bajo qué régimen vivir en la medida en que sus necesidades sean satisfechas y sus reclamos atendidos y un sistema que cuanto más se llena la boca hablando de inclusión, excluye, de todas las formas posibles.
El país está sumergido en un 40,1% de pobreza (primer semestre del año), indigencia del 9,3%, 30% de chicos que pasan hambre, apenas un 13% que termina el secundario a tiempo y con los conocimientos básicos, 6,9% de desempleo…
Casi 18.500.000 de personas son pobres en Argentina, de los cuales poco más de 4 millones serían indigentes. Ya estamos llegando a la mitad de la población. Tantas cosas nos cuestan tan poco en este país, como generar más pobres.
Pero esto no es todo. En donde sí pasamos la mitad es en la población de jóvenes de menos de 14 años: pasamos del 50,9% al 56,2% de pobres (11 millones). Adolescentes y jóvenes, el futuro, son los más golpeados … Con hambre no se puede pensar…
Todo en aumento. El ingreso total familiar promedio de los hogares pobres fue de $ 124.071, mientras la CBT (Canasta Básica Total) promedio del mismo grupo de hogares alcanzó $ 199.593 (menos ingresos que el costo de la canasta básica total, 37,8%. No sólo hay más pobres, sino que, además, los pobres están más lejos de salir de esa situación.
La inflación explica una porción más que significativa de esta suba de la pobreza, pero tampoco hay que perder de vista que estamos en una economía que hace mucho tiempo que no crea empleo, y esto, pasa factura.
“Reformas Estructurales”. Palabras muchas veces utilizadas pero pocas veces aplicadas. Hacerlo, implicaría, generar las condiciones para lograr que el contexto macroeconómico favorezca el crecimiento con estabilidad, y, gobernar para garantizar el acceso a los servicios básicos, a una vivienda digna, al trabajo decente, educación para el futuro, adecuados servicios de salud, disminuyendo desigualdades.
Parecería que, el cortoplacismo es más efectivo, políticamente hablando.
Poner en primer lugar a los más desfavorecidos, debería ser la norma. No políticas prebendarias, sino con visión de futuro.
Parecería que hablar de crecimiento económico sostenible, inclusivo, sostenido y equitativo, es una utopía en este país, pero no, esto es lo que se debe hacer. El pan para hoy y el hambre para mañana, no garantiza futuro.
Vamos a contramano, y las pruebas están a la vista. Se disputan internas, se cuentan dólares en cantidades obscenas, se toman medidas para trasladar al próximo gobierno, se hace cada vez más elefantiásica la administración pública, endeudándose cada día un poco más. Nada bueno para el ciudadano de a pie.
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