Pedro Cordova, descubrió su pasión por el golf desde muy chico, cuando tenía diez años pero no fue casualidad, ya que en su familia el deporte siempre estuvo presente. La abuela, el abuelo, los tíos, las primas… todos compartían ese amor por el deporte. Él, en cambio, siempre se inclinó más por el fútbol, pero las idas al club terminaron por convencerlo. Y la verdad es que no se equivocaban, porque el deporte le permitió compartir momentos únicos con gente de todas las edades.
Hoy, a sus 18 años, Pedro valora mucho esa decisión. Para él, lo mejor que tiene el deporte es que une generaciones, no hay nada como jugar un partido con la abuela de 83, la prima de 25 y el tío de 40. «Son tres o cuatro generaciones al mismo tiempo», agrega. Y es que el deporte, para Pedro, es mucho más que una actividad física: es un punto de encuentro, una excusa para compartir y crear recuerdos imborrables.
Al principio, lo suyo era más un pasatiempo, una forma de pasar el rato. Pero a los 14 años, Pedro decidió tomarse el deporte más en serio. Dejó de lado el fútbol y se metió de lleno con el golf. Fue entonces cuando empezó a competir a nivel nacional, participando en los mejores torneos del país.
Lo que más le atrae a Pedro del golf es la individualidad que ofrece. «Es un deporte que podés realizarlo solo, y la responsabilidad es 100% tuya», explica. «Si me sale mal, me sale mal a mí, no a otra persona». Esta autonomía se extiende a la planificación de sus entrenamientos, decide cuándo, qué y cuánto tiempo dedicarle a la práctica, «puedo elegir la cantidad de horas que yo quiera», afirma, destacando la libertad que le proporciona el golf en comparación con otros deportes.
Además, Pedro valora la igualdad de condiciones que ofrece, «sé que si juego bien, puedo pararme y ganar en cualquier lado», asegura. Esta certeza, según él, no siempre se encuentra en otros deportes, donde factores externos pueden influir en el resultado. Para Pedro, el golf es un desafío personal constante, una oportunidad para superarse a sí mismo y demostrar su talento en cada torneo.
Competir a nivel nacional le cambió la vida, «obviamente que es mucho más difícil y muchísimo más competitivo», reconoce. Los viajes constantes se convirtieron en su rutina, esta vorágine lo llevo a realizar determinados sacrificios, «dejás de juntarte con tus amigos, muchas faltas en el colegio, son cosas que tenés que sacrificar para hacer lo que te gusta». Pero para Pedro, el sacrificio vale la pena, «esto me encanta», afirma con convicción, dejando en claro que la pasión por el golf supera cualquier obstáculo.
Los torneos nacionales son una prueba de resistencia tanto física como mental, «generalmente son de cuatro a cinco días de competencia», explica Pedro. «Tres días de clasificación y dos de juego». La exigencia es máxima: de cien jugadores, solo cincuenta logran pasar el corte y jugar el fin de semana. «Es clave el comienzo si no ponés la pelota donde querés, se te complica». La presión es constante, y el resultado puede variar semana a semana. «Podés salir último una semana y ganar la siguiente», afirma Pedro, demostrando que, en el golf, la regularidad es tan importante como el talento.
La preparación para cada torneo es meticulosa, «llegás un día antes del torneo a hacer la ronda de práctica», explica Pedro. Durante la competencia, la capacidad de adaptación es fundamental. «Tenés que ir jugando con tu resultado», señala. «Si te fue mal un día, tenés que apretar el otro». Además, cada cancha presenta desafíos únicos, lo que exige una constante readaptación de la estrategia.
El 2024 fue un año de grandes avances para Pedro. «Pude llegar a mi mejor nivel de golf», afirma con orgullo. La dedicación y el esfuerzo dieron sus frutos: participó en entre 15 y 20 torneos, rozando la clasificación al ranking mundial de aficionados en Neuquén. Sin embargo, los logros no tardaron en llegar: un puesto 16 en el ranking argentino de menores, un top 17 en el Internacional de Córdoba, y la participación en los cuatro nacionales, entre otros torneos. Pero el mayor premio fue la obtención de una beca para estudiar en Estados Unidos. «Me iría ahora en agosto», anuncia con entusiasmo, anticipando un nuevo capítulo en su vida y en su carrera deportiva.
La beca que obtuvo Pedro representa un gran paso en su carrera. «Representás a la universidad como un jugador más», explica, destacando el apoyo económico que recibirá para sus estudios. En Estados Unidos, estudiará Business Administration, un sueño para muchos jóvenes golfistas argentinos. «Es lo máximo que pueden hacer hasta ahora», afirma Pedro, consciente de que esta experiencia es el trampolín hacia el profesionalismo en el PGA Tour. «Primero tenés que pasar por acá para poder ir ahí», concluye, con la mirada puesta en el futuro.
Los meses previos a su partida a Estados Unidos estarán llenos de actividad, «ahora mismo estoy haciendo mucho inglés», cuenta, consciente de la importancia del idioma en su nueva vida. Además, intensificará su entrenamiento y participación en torneos, «voy a seguir jugando aún más torneos de los que he jugado el año pasado», afirma. «No tengo el colegio que me impida si tengo alguna prueba o si estoy medio jodido con las faltas, por eso me la oportunidad de participar en más torneos», explica.
El sueño de Pedro es llegar al PGA Tour, como todo golfista. «Es lo que yo sueño y lo que yo creo que cada uno sueña en cada deporte: llegar a lo máximo», afirma con convicción. A corto plazo, su objetivo es destacarse en la universidad, representando a su equipo de la mejor manera posible. Pero a largo plazo, su meta es debutar en el PGA Tour, el circuito de golf más prestigioso del mundo. «Es lo que busco ahora mismo», asegura Pedro, con la mirada puesta en el horizonte.
El reciente campeonato nacional por equipos en Luján fue un hito para el Junín Golf Club. «A mí me fue más o menos», reconoce Pedro con humildad, «pero pude aportar bastantes puntos al equipo». El resultado fue histórico: un tercer puesto a nivel nacional, superando las expectativas del club. «Es una locura», exclama Pedro, recordando que el mejor puesto anterior había sido el décimo. La hazaña adquiere aún más valor al considerar que superaron a clubes con miles de socios más, «es mérito del equipo», insiste Pedro, destacando el esfuerzo y la dedicación de sus compañeros que fueron por Vicente Scevola, Gino Parodi, Pedro Silveira y Renata Liggera.
El apoyo incondicional de su familia es el motor que impulsa a Pedro en su carrera deportiva. «Sentir que tu papá, tu mamá, tus hermanos, tus tíos, tus abuelos te apoyan, te siguen y te acompañan en cada viaje es lo mejor que hay», afirma con emoción. Destaca especialmente el papel de sus padres, quienes lo acompañan a cada torneo, sin importar la distancia. «Mi papá sea donde sea me lleva, me va a buscar, me ve. Sentirte apoyado y acompañado por tu familia es algo único», concluye, agradecido por el respaldo constante que recibe.
El golf entró en la vida de Pedro gracias a su abuela y a su tío Juan. «Ella fue la que me inició en este mundo del golf», recuerda con cariño. «Le agradezco con la vida». Un homenaje sentido a quien sembró la semilla de su pasión, y que hoy ve florecer los frutos del esfuerzo y la dedicación de su nieto.









