La noticia del crimen Lucio Dupuy, un niño de cinco años en la provincia de La Pampa, se difundió el 26 de noviembre de 2021 y estremeció por sus características. Con el paso de los días se fueron dando a conocer mayores detalles del hecho y el estupor se acrecentó.
El menor, se supo, ya había sido maltratado y violentado por su madre en más de una oportunidad previo al desenlace fatal. El proceso judicial puesto en marcha tras el lamentable deceso fue desentramando historias de abuso y agresiones de la que fue víctima permanentemente.
A un año de la muerte, su mamá Magdalena Espósito Valenti, y la pareja de esta, Abigail Páez, se sentaron por primera vez en el banquillo de los acusados para responder por sus actos ante la Justicia. Esta semana se anunció la sentencia y en poco menos de 10 días se conocerán las penas (por los delitos homicidio triplemente calificado por el ensañamiento, por la alevosía y por el vínculo; y homicidio calificado por ensañamiento y alevosía y por abuso sexual gravemente ultrajante) contra Valenti y Páez respectivamente.
El abuelo paterno de Lucio dejó en claro tras el veredicto del jueves que no había “nada que festejar” pese a las condenas, evidenciando el sufrimiento infinito de una familia que está destrozada desde lo emocional y desde lo anímico, y que atraviesa un calvario marcado por el dolor imposible de sobrellevar.
Casos como los de Lucio no pueden ni deben repetirse. Corresponde que los legítimos derechos de los niños se contemplen y se respeten. No puede interpretarse que una aberración tal se condiga con un episodio aislado. Resulta inadmisible.
Una encuesta de Unicef realizada entre 2019 y 2020 reveló que un 59 por ciento de chicos de entre 1 y 14 años experimentó prácticas violentas de crianza; el 42 por ciento castigos físicos; y casi el 52 por ciento agresiones psicológicas. Además, en nuestro país entre octubre de 2020 y septiembre de 2021 fueron atendidos, bajo un programa del Ministerio de Justicia de la Nación, 3.219 niños y adolescentes víctimas de violencia sexual y otros 6.770 menores de edad por padecer situaciones familiares violentas.
Sin embargo, por motivos diversos, y en diferentes contextos, acciones de este tipo se naturalizan y no son denunciadas. Pero las secuelas emocionales y físicas que derivan de ellas pueden alcanzar dimensiones inesperadas, como la muerte de un menor de cinco años a manos de su propia madre.
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