Desde 1917, año del nacimiento de Diario La Verdad, hay figuras cuya actividad fue destacada durante décadas en sus páginas. Entre ellas, la de David Panizza, italiano asentado en nuestro país –primero en Chacabuco y luego en Junín-, desde sus 12 años.
Comenzó percibiendo un salario de 8 pesos en el almacén de ramos generales de su tío. Se esforzó, ahorró, trabajó incansablemente hasta llegar a transformarse en un eslabón importante para el desarrollo local.
La Sociedad Comercio e Industria, o en la Sociedad Rural, el impulso dado a la “desgranadora de J. Schiavoni”, pasando por la actividad desplegada en el entonces colegio Roma o la Escuela 22. O su intervención en una sociedad italiana dividida allá por la década del 20.
Para el pequeño David, América era una puerta mágica que se abría a todas las esperanzas, les decía, por boca de los que han llegado enriquecidos de aquellas tierras, que la moneda se encontraban tiradas por la calle.
Cuando se embarcó en aquella gallarda nave que hinchaba sus velas al soplo del viento, se creyó tripulante de un navío prodigioso que remontaba su proa hacia el soñado ….viento….del vellocino de oro. Tenía 12 años.
Doce años florecidos bajo el sol del mediodía itálico y en el alma un soplo que impulsa al heroísmo silencioso y anónimo del trabajo.
Cuando el barco zarpó del pequeño puerto peninsular, contemplo con un poco de pena aquellos blancos edificios donde vivían sus amigos de la niñez y una lágrima furtiva brotó de sus párpados.
Mientras viajaba iba forjando en su imaginación, la visión de América que se entregaba a sus anhelos, como una madre amante que tendía sus brazos hospitalarios a todos los hombres de buena voluntad.
Buenos Aires
A su arribo, las luces del puerto de Buenos Aires que semeja a ojos luminosos parpadeando en la penumbra indecisa de los muelles. El Buenos Aires de hace 50 años. Una aldea grande, inmensa.
De ahí se fueron a Chacabuco, donde el pequeño David, se establece en el almacén de ramos generales de su tío. Cuando el pariente lo llamó a su lado, temblaba ante la realización de sus sueños. ¡Iba a trabajar!. Él, tan pequeño, ganaría muchos centavos, reunidos y tenía miedo de aquella fortuna que iba a conquistar en América.
Al otro día de llegado, lo llamó.
-Trabajarás aquí. Para empezar ganarás ocho pesos por mes. No es mucho, pero está en ti, el que se aumente. A trabajar sin desmayo, que la fortuna está siempre al alcance de quien sabe sacrificar los egoísmos de hoy para lograr la recompensa de mañana.
Así se inició Don David T. Panizza, prestigioso comerciante de nuestra plaza y que detenta actualmente el cargo de presidente de la Sociedad Comercio e Industria de Junín.
Un buen consejo y un puesto de cadete remunerado con 8 pesos mensuales fueron su capital inicial. El consejo fue el norte de su vida. El puesto, el camino arduo del éxito.
El muchachito de entonces se multiplicaba. Corría de un lado para el otro ofreciendo sus servicios. Siempre con una sonrisa en los labios. Intuyó tal vez en su infantilidad, que la sonrisa es un factor decisivo en los negocios.
A ningún cliente podía agradarle un rostro ceñudo y torvo que predisponía a los pensamientos lúgubres. Por eso agrandaba su sonrisa. Una carcajada esbozada que pugnaba por orquestar con sus notas el ritmo de la fe y del optimismo. Pronto se volvió indispensable. Aún los dependientes antiguos respetaban las ideas de aquel chiquilín que se preocupaba tanto del negocio como su propio dueño.
Y al fin de mes cambiaba los ocho pesos de su sueldo, por aquellos papeles de cinco y diez centavos de aquel tiempo que representaban para él, una fortuna fabulosa. A los doce años de trabajar en la casa, ya era encargado. Sus ocho pesos iniciales se convirtieron en 5.500. Y se sintió fuerte en sus veinticuatro años y capaz de conquistar el mundo con su pequeño capital.
A Junín
El almacén de ramos generales se vendió y el joven Panizza, después de una gestión en Buenos Aires, se vino a Junín. Invirtió sus ahorros en una empresa comercial y, poco a poco, sacrificando los egoísmos de hoy por la recompensa de mañana, echó las bases de su porvenir.
Cuando conversa con nosotros, al referirse a sus comienzos, una sonrisa de orgullo destella por un instante en sus labios firmes. Es la satisfacción de haber llegado, paso a paso, escalón por escalón, a la situación que actualmente ocupa.
Su actuación
El mismo año de su llegada a Junín, se inició actuando como dirigente de varias instituciones culturales y de fomento. Poco después de haber ingresado como socio activo de la Sociedad Italia Unita de Socorros Mutuos, fue designado para el cargo de secretario, como integrante de su comisión directiva. Terminado su mandato, fue electo presidente.
Frente a este cargo, desarrolló una activa gestión en pro de la construcción del edificio que hoy constituye su sede social. Tuvo, a sí mismo, como preocupación dominante, la elevación del número de socios, hecho que culminó en haberse conseguido contar con mil socios.
Dentro de esa misma institución, desempeñó, por espacio de seis años, la presidencia de la Comisión Sostenedora y fundadora del Colegio Roma. Otro hecho que considera como el que más justamente preocupó su atención, es el que se refiere a las gestiones de acercamiento que realizó, procurando unir las dos facciones en pugna, que se hallaba dividida la colonia italiana.
Se consiguió así no sólo el acercamiento anhelado, sino la fusión de las dos que, a su vez, representaban dos entidades, realizando el ideal de constituir la unidad y estrechamiento de vínculos entre todos los de la colectividad.
Sociedad Comercio e Industria
Fue uno de sus fundadores, pues él y otros comerciantes de la localidad, en octubre de 1912, dejaron constituida la Sociedad Comercio e Industria. A partir de la fecha de la fundación, hasta ahora, ha ejercido en diversas oportunidades la presidencia, cargo que a la fecha mantiene.
Dentro de esta institución, ha llevado a cabo diversas obras, entre ellas, la de constituir la Sociedad Rural de Junín, entidad de la cual también ha sido su dirigente.
Caja Mutua para Accidentes de Trabajo
Siendo miembro de la Sociedad Comercio e Industria, en compañía de otros señores comerciantes, realizó gestiones en procura de la formación de esta entidad Cooperativa de la cual fue su presidente.
Gestor principal del establecimiento, en Junín, de la sucursal del Banco Avellaneda, auspiciado por la Sociedad Comercio e Industria. Formó parte de la directiva de varias instituciones, entre las que recuerda al Club del Progreso, del Hospital de Caridad, del Colegio N° 22.
Su colaboración fue siempre asidua y entusiasta en múltiples comisiones y entidades.
Sociedad Anónima J. Schiavoni
Fue uno de los iniciadores, como presidente de la Sociedad Comercio e Industria, de la formación, en Junín, de una sociedad anónima destinada a la fabricación de implementos agrícolas, base, en primer término, a la desgranadora, de invención del Sr. Schiavoni.
El camino del éxito
Le preguntamos por las condiciones que se requieren para triunfar y nos responde:
-La fórmula del éxito es a mi entender, la siguiente: Tener buena voluntad, ser económico, cumplir con sus obligaciones y tener fe en el éxito, para sufrir las contrariedades que sobrevengan y no confiar en nadie sino en sus propias fuerzas.
-Creo, añade, que estamos aún en mejores condiciones que antes para lograr su porvenir.
Al despedirnos de aquel hombre esforzado, que venció a la suerte con el trabajo, abrigamos la íntima convicción que su ejemplo ha de ser un estímulo poderoso para los que luchan y una medicina eficaz para los que desmayan. (La Verdad, 17 de Mayo de 1931)
Enrique Guillaume






