El básquet, como la vida, suele ensañarse con los presupuestos acotados y las estructuras humildes. Sin embargo, en Junín existe un sentido de pertenencia que desafía cualquier lógica financiera. El pasado martes, Argentino no solo defendió su lugar en la Liga Nacional; defendió una identidad. Detrás de ese logro, con los ojos cansados pero el alma en paz, aparece la figura de Adrián Capelli. El técnico juninense, un «animal» del trabajo, cargó sobre sus hombros una de las temporadas más complejas de la historia reciente de la institución del barrio Las Morochas.
Lograr el objetivo de máxima, que era la permanencia, implicó mucho más que ganar tres partidos en una serie. Significó bajar a un histórico como Atenas de Córdoba y sobrevivir a una fase regular donde los golpes llegaron desde todos los frentes: fichas menos, lesiones inoportunas y un calendario que, sobre el cierre, pareció ensañarse con el plantel del barrio Las Morochas.
Este contexto adverso obligó a Capelli a reconfigurar no solo la táctica, sino la psicología de un grupo que se veía diezmado semana tras semana. La falta de recambio mayor obligó a los juveniles a saltar etapas de maduración, asumiendo roles protagónicos en el momento de mayor presión en la historia del club. «Muy agradecido a los chicos que conformaron el plantel porque nos dieron una mano increíble, se tuvieron que hacer hombres de golpe y tomar responsabilidades siendo tan jóvenes, y eso es algo que como entrenador valoro muchísimo», destaca el DT sobre la entrega de los más chicos, en diálogo con el programa D1470.

Capelli no oculta el costo personal que tuvo esta campaña. En una charla íntima y extensa, el entrenador reconoce el agotamiento que conlleva estar al frente de un barco que parecía navegar siempre contra la corriente. “Contento y feliz de haber logrado el objetivo principal de permanecer en la Liga Nacional pero fue una temporada dura, difícil, complicada, donde lamentablemente, por diferentes motivos, llegamos al final con dos fichas menos”, reflexiona Adrián, poniendo de relieve la desventaja competitiva que afrontaron.
Jugar en la elite con una rotación corta no es solo un problema de los 40 minutos de partido; es un problema que carcome el día a día. “Hoy en día, con dos fichas menos, es una gran diferencia. Aparte, con chicos que estaban lesionados antes del Play-Out, se hace difícil para entrenar, para jugar cinco por cinco, para hacer un montón de cosas que en el cotidiano se vuelven tediosas”, confiesa el DT.
El desgaste no fue solo físico. La presión de ser el equipo de «la ciudad de uno» añade un peso extra que pocos entrenadores logran procesar sin fisuras. “Seguramente yo no me doy cuenta, pero se debe notar un poco el cansancio, no tanto lo físico, sino lo mental. Tuvimos muchísimas cosas, pero igualmente, por mi forma de ser, no me iba a entregar, sabía que iba a pelear como loco con lo que me toque”, afirma con esa terquedad profesional que lo caracteriza.
Si hubo un punto de inflexión en la serie contra los cordobeses, fue el regreso de un hijo pródigo: Franco Balbi. Su llegada no solo aportó jerarquía técnica, sino que actuó como un pararrayos emocional para un plantel que estaba al límite de sus fuerzas psíquicas.
“Gracias a Dios llegó Franco, nos dio una mano enorme, nos ayudó de todos lados, el equipo fue otro, potenció a sus compañeros, lideró el equipo”, destaca Capelli. Para el técnico, la presencia de un líder representativo fue el combustible que necesitaban los más jóvenes, quienes tuvieron que «hacerse hombres de golpe» ante la falta de fichas mayores. “Franco les sacó presión a los chicos, les dio la confianza que les estaba faltando, y eso no tengo duda que ayudó un montón para los cierres de partido”, agrega.
Esa madurez se vio reflejada en la capacidad del equipo para cerrar los juegos. A pesar de los malos porcentajes de tiro en ciertos tramos de la serie y de la atmósfera de tensión que se respiraba en El Fortín de las Morochas, Argentino mostró una templanza impropia de un equipo golpeado. El trabajo del cuerpo técnico fue de gran importancia. “Antes del Play-Out trabajamos 10 o 15 días que fueron increíbles, realmente se mataron, hicimos mucho básquet, mucho físico, muchas pesas. Hablamos mucho en lo individual, y el trabajo tarde o temprano da su fruto”, explica Adrián.

Jugar en Junín es una experiencia que trasciende lo deportivo. La hinchada de Argentino es conocida por su fervor, pero esa misma energía puede ser un arma de doble filo cuando la ansiedad por no descender domina el ambiente. Capelli y su equipo trabajaron minuciosamente para que el jugador pudiera aislarse de la presión externa y transformarla en impulso.
“La cancha tanto el domingo como el martes fue algo impresionante, pero muchas veces te puede jugar en contra, hablamos mucho, sobre todo con aquellos jugadores que era la primera vez que estaban en el club o que jugaban una instancia así”, relata el entrenador. El tercer punto de la serie fue el quiebre. En un partido «feo», trabado y defensivo, Argentino supo jugar con la ansiedad de Atenas. “Tuvimos esa tranquilidad al final para, cuando pudimos sacar una pequeña diferencia, jugar con la ansiedad de ellos. Eso fue fundamental”.
Quizás lo más difícil de esta temporada fue el «mientras tanto». Argentino supo con mucha antelación que su destino era el Play-Out. Mantener la motivación alta durante dos meses de partidos que no alteraban el destino final fue una tarea titánica para el liderazgo de Capelli.
“45 o 60 días antes de terminar la liga ya sabíamos que íbamos a jugar la permanencia. Eso, agregado a lesiones y a que era muy difícil tener la localía, nos complicó la diaria. Es difícil entrenar cuando los ánimos no son los mejores”, confiesa Adrián. En esos momentos de angustia personal y profesional, el DT se encerró en sus convicciones: “Soy bastante porfiado, bastante terco por más que esté dolido, siempre busqué entrenar. Yo tengo que entrar a la cancha y me tienen que ver bien, por más que tenga mis angustias”.
Esa fortaleza mental fue la que permitió que el equipo no se desmoronara ante la incertidumbre del calendario, que incluyó reprogramaciones y viajes agotadores sobre la hora. Capelli reconoce que, aunque el fantasma del descenso rondaba, el grupo se blindó puertas adentro: «Me encerré en lo que siempre soy un convencido: del trabajo, de mis colaboradores, de charlar mucho y de empujar con lo que tenía. No la pasé bien, tengo que ser sincero, pero mi única receta fue el laburo diario para llegar lo mejor posible a la definición frente a un rival que tampoco llegaba con margen».
Incluso el cierre de la fase regular fue una carrera de obstáculos: el viaje fallido a Comodoro Rivadavia, los cambios de programación y el desgaste de jugar cuatro partidos en siete días con un plantel diezmado. Todo parecía indicar que el «Turco» llegaría rendido a la serie final, pero la mística del club y la resiliencia de su guía pudieron más.
Hoy, con Argentino confirmado en la próxima edición de la Liga Nacional, Capelli puede finalmente soltar el aire. El peso de un posible descenso en su propia ciudad era una sombra que lo perseguía. “Me hubiera dolido un montón perder la categoría, porque sé que no es sencillo subir nuevamente, porque estoy en mi ciudad, porque en Argentino veo muchísima alegría, y por suerte pudimos lograr una más”, dice con la humildad de quien sabe que ha cumplido con su gente.

El triunfo ante Atenas no solo queda en los libros por el nombre del rival, sino por la forma en que se consiguió: con el corazón en la mano, con pibes que saltaron a la cancha a defender el prestigio del barrio y con un cuerpo técnico que no se entregó nunca. Adrián Capelli, el hombre que no sabe trabajar de otra manera que no sea como un «animal», ha vuelto a dejar al club de sus amores donde pertenece. Ahora, es tiempo de un merecido descanso, aunque todos en Junín saben que, más temprano que tarde, su cabeza ya estará planeando la próxima batalla.
«Digo esto: nunca más jugar una permanencia», bromea al final de la nota, consciente de que, en Argentino, el sufrimiento es parte del ADN, pero la victoria en el barro se disfruta el doble.






