Por Redacción Grupo La Verdad
El Gobierno nacional impulsa la derogación de la Ley de Etiquetado Frontal que obliga a identificar el contenido de nutrientes críticos en los envases de alimentos La iniciativa busca eliminar el actual sistema y abrir la discusión sobre un nuevo modelo de información nutricional.
Esto reabre el debate sobre los octógonos negros, con sectores que rechazan la medida ante la incertidumbre sobre cómo se informará a los consumidores.
En comunicación con Grupo La Verdad, el Dr. Sergio Caldirola, médico cardiólogo, se mostró en contra de la posible quita de los octógonos negros ya que dejaría al consumidor sin información clara en los productos.
“Hay que tratar de no desamparar al consumidor al dejarlo sin información en el producto. Si bien todos los productos tienen que, por ley, llevar un análisis cualitativo y cuantitativo de las calorías, hidratos, proteínas y grasas, es muy difícil que uno se ponga en el supermercado a leer cada etiqueta, que son muchas y con letras chiquitas. Nadie se detiene a leer toda la información nutricional porque tardaríamos muchísimo”, manifestó.
“Por eso las sociedades plantean que, si los van a sacar, haya un plan alternativo para que no quede todo al desamparo y sin ninguna información; porque es inviable pretender que lean todo lo que dice”, continuó.
El entrevistado sostuvo que “este etiquetado con los octógonos negros son pocos estampillados, grandes y con poca información, que indican en qué tienen exceso. Entonces la gente adopta ciertas conductas, al punto de no llevar un producto por tener muchas etiquetas negras”.
En tanto, “las empresas dicen que esa información no es cualitativa sino burda. Si un producto dice que tiene exceso en sodio, hay que ver en cuánto, porque no es lo mismo. Además, las formas de etiquetar son múltiples. Las industrias tratan de buscar una forma más prolija y categórica, y no tan absolutista. Las empresas notan que con esa etiqueta negra es probable que la gente no quiera comprar, sin detenerse a analizar cada producto en cuestión”, señaló.
E indicó: “No hay una sola visión y hay que dar información clara. Va a ser un tema difícil”.
Buena alimentación y controlar las cantidades
Por otro lado, Caldirola expresó que “para la gente comer no es una cuestión de nutrición, sino social, cultural y de reunión. Pero hay que tratar de tener un encuentro con un nutricionista para que nos dé información básica, clara y sencilla sobre qué tenemos que comer, y fundamentalmente cuánto”.
Y ejemplificó: “No es lo mismo comer una sola galletita que tiene exceso en sodio que comer un kilo de galletitas sin sodio. Es preferible comer una sola con exceso. Lo mismo pasa con los productos light: muchas veces se cree que por ser light no engorda. Esa información la da un nutricionista”.
“Luego están nuestras conductas. Hay que tratar de consumir productos lo más simples y naturales posibles. También evitar los fraccionados. En un supermercado nunca se va a encontrar un producto sin elementos conservantes. Una galletita por más sana que parezca, no va a reemplazar a una fruta. Hay que apuntar a los alimentos sanos”, recomendó.
Finalmente, enfatizó en que “hay que controlar las cantidades. Tenemos un desajuste en eso, nos llenamos para sacarnos el hambre y eso no es nutrición. Hay que preocuparse en la calidad de lo que comemos, pero también en la cantidad”.
Esturo: “No veo que el etiquetado frontal haya servido”
En contraposición, entrevistada por Grupo La Verdad, la nutricionista Daniela Esturo manifestó meses atrás que “no veo que el etiquetado frontal haya servido en todo este tiempo que lleva de funcionamiento. Considero que la educación tiene que ser más profunda que una simple advertencia con octógonos, porque esta metodología no brinda una información clara y precisa sobre lo que pasa”.
“Hoy en día ya se sabe que las calorías no son un condicionamiento para una dieta balanceada, sino que para eso hay que tener en cuenta cómo impacta cada nutriente metabólicamente en el cuerpo”, dijo Esturo y prosiguió: “Si la idea es la de prevenir enfermedades me parece que la cuestión debe pasar por una educación más profunda y verdadera, dejando intereses económicos de lado”.
Además, la doctora indicó que “una de las claves de la concientización pasa por hacer saber a la gente cuánto se gasta en la mala alimentación, si una persona quisiera modificar su forma de alimentación radicalmente le resultaría mucho más económico porque la comida real es más barata”, y continuó: “Lo ideal sería dejar de ir prácticamente a los supermercados y comprar en verdulerías, dietéticas, pollerías y carnicerías donde no existe el etiquetado frontal”.
Asimismo, la nutricionista consideró que “sí está buena la idea del etiquetado como advertencia para los alimentos ultraprocesados porque ponen un freno para su consumo, pero el problema pasa porque se trata de alimentos que son adictivos a propósito y la cuestión pasa por saber si la gente los dejó de consumir en todo este tiempo por el etiquetado o no”. Luego, explicó que “los alimentos ultraprocesados por lo general no son aconsejables para la salud, no solamente por el exceso de sodio y calorías, sino también porque contienen aditivos que son tóxicos por más que estén permitidos por el Código Alimentario Argentino”.
No obstante, Daniela Esturo también señaló que “tampoco me parece buena idea eliminar de un saque todo y no pensar en algo que reemplace esta metodología por algo que sea superador, porque de esta manera solo se genera una mayor confusión entre la gente”. Al mismo tiempo, afirmó que “todos los gobiernos deberían hacer hincapié en la importancia de una buena alimentación y la educación para el correcto desarrollo de las personas, y así promover también un verdadero ahorro de la economía a través de la prevención”.
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