En el mundo del atletismo, los segundos son tiranos. Se trabajan meses para limar apenas un instante al cronómetro. Pero para Andrea Silva, la destacada corredora de Junín, el tiempo no solo se mide en la pista, sino en el delicado equilibrio de una vida donde las zapatillas de carrera conviven con los elementos de limpieza, las tareas escolares y la logística de una familia que hizo del running su lenguaje principal.
Andrea viene de un fin de semana soñado. Dos podios en menos de 48 horas, marcas personales pulverizadas y una sensación de plenitud que, sin embargo, no le hace perder de vista el suelo que pisa. Su historia es la de una mujer que, tras un parate necesario, decidió que ser mamá de dos y trabajar a diario no eran obstáculos, sino el motor para volver a las pistas con más fuerza que nunca.
El pasado fin de semana fue una confirmación del gran presente de Silva. El viernes comenzó la racha y el sábado, en Peirano, Santa Fe, volvió a subirse a lo más alto. «Estoy muy contenta con todo lo que estoy logrando», confiesa Andrea con una humildad que conmueve. «Había frenado unos meses, pero me puse las pilas para arrancar otra vez. Ser mamá de dos y el trabajo es demasiado difícil, pero se me dio por arrancar y empecé a ir para adelante».
Ese «ir para adelante» se traduce en números concretos. En la carrera Red Power de Junín en 2025, Andrea clavó el reloj en 33m 20s. Una semana después, en 9 de Julio, bajó a 32m 29s. Y este último fin de semana, en “Junín Corre de Noche”, selló su mejor marca personal con un impresionante 32m 27s. Cada zancada es un avance hacia su próximo gran objetivo: la carrera Sonder en Rosario, una de las vidrieras más importantes del país.
«Mi meta ahora es bajar mi marca de los 10 km en la Sonder. Después, en abril, nos preparamos para el gran desafío: los 21 km de la Pampa Traviesa en Santa Rosa», explica. El calendario 2026 de la juninense no se detiene ahí; ya tiene en la mira los provinciales y nacionales de Cross y Pista, una agenda que exige una disciplina de hierro.
Lo que hace única la historia de Andrea no es solo su velocidad, sino su entorno. En su casa, el atletismo no es un hobby, es la sangre que corre. Su entrenador es su propio padre, el hombre que le enseñó a amar este deporte cuando ella apenas tenía 5 años en las carreras de barrio de Junín.
«A mi papá le agradezco porque él me hizo conocer este deporte tan lindo que el día de hoy sigo haciendo. De chica me decían que corría por la sangre, que era una ‘extraterrestre’ porque no sabían cómo hacía con el trabajo, los chicos y venir a entrenar igual», recuerda con una sonrisa.
Esa herencia hoy se replica en Eloy, su hijo, quien a los 5 años decidió seguir el camino de su mamá. «Él empezó a los 5 como yo, primero me dijo que quería hacer fútbol, pero después se quedó con el atletismo porque le re gusta. Yo nunca lo voy a obligar a hacer algo que no le guste, pero verlo disfrutar de esto es muy lindo».
Pero la red de apoyo es total. Su marido también es corredor y habitual visitante de los podios, y su hermana es su sombra en los entrenamientos de lunes a sábado. Juntas comparten no solo el esfuerzo, sino muchas veces el escalón del podio. «Nos sentimos re felices cuando estamos las dos arriba. A veces nos ponemos mal cuando una está y la otra no, pero nos apoyamos igual. Ella a veces quiere dejar porque se le complica con el trabajo y su nena, pero yo le digo que siga adelante».
Muchas veces la rutina es cuesta arriba y más cuando son tres en una casa que entrenan «tratamos de turnarnos», explica Andrea sobre la dinámica con su marido. «Cuando yo voy a trabajar, él viene; en ese rato yo me voy. Cuando vuelvo, sale él. Para entrenar a veces se complica con la nena más chica, pero están mi suegro, mi hermana y mi familia que nos ayudan. Nos organizamos y vamos los tres: mi marido, el nene y yo. Si no, sale él primero y después salgo yo. Así estamos todo el día».
Sin embargo, el esfuerzo físico no es el único reto. Andrea aborda con sinceridad la presión psicológica que mencionábamos al principio: el miedo a que «la cabeza explote» cuando el resultado no acompaña el sacrificio diario. «A veces uno le pone mucho esfuerzo a una carrera y es difícil superarlo si te va mal. Si mi marido no logra su marca u objetivo, esa semana es difícil. Ahí es donde entra el apoyo de la familia y de nuestra entrenadora».
A pesar de ser embajadores deportivos de Junín, Andrea y su familia enfrentan obstáculos económicos que limitan su techo. Mientras otros atletas de élite pueden viajar a Cachi (Salta) para entrenar en la altura, ellos deben quedarse en la llanura por falta de presupuesto.
«Nosotros lo que estamos necesitando es ayuda con las inscripciones», dispara Andrea con una honestidad necesaria. «Es increíble, pero en otros pueblos nos invitan, nos liberan la inscripción. En cambio, acá en Junín está difícil, a veces nos da bronca que, siendo de los mejores de la ciudad, tengamos que pagar la inscripción nosotros mismos. Nos gustaría que nos digan ‘vengan, les liberamos el cupo’, pero no sucede».
Además, la atleta hace hincapié en dos necesidades fundamentales para seguir mejorando: la suplementación y la infraestructura. «Andaría necesitando la ayuda de algún sponsor de suplementos deportivos (creatina, proteínas, vitaminas) para mejorar el rendimiento. Y algo muy importante: que puedan mantener mejor la pista de atletismo para que todos los atletas de Junín podamos entrenar bien».
Actualmente, Andrea cuenta con el apoyo de Axión Junín (Isee y Nolberto) para el combustible, y este año se sumó Schnell indumentaria de Villegas (Chiné), quienes la ayudan con la ropa deportiva. Sin embargo, para una atleta que corre «con lo justo» en lo alimentario y que balancea el cansancio de limpiar casas con el rigor de la pista, cualquier ayuda extra es la diferencia entre un podio provincial y uno nacional.
Al final del día, cuando las luces de la pista se apagan y los trofeos descansan en la repisa, Andrea Silva sigue siendo la misma vecina trabajadora de siempre. Su mensaje para quienes la ven pasar corriendo por las calles de Junín es simple pero potente:
«Que le den para adelante, que no bajen los brazos. A mí me pasó de querer dejar, de llorar porque sentía que no me daba el cuerpo… pero seguí. Todo se puede. Con la ayuda de Dios y, sobre todo, con humildad, nunca hay que creerse más que nadie».
Andrea quiere agradecer profundamente a quienes hacen posible este presente: a su entrenador Gerardo González, a la Agrupación Galas de Junín, a sus sponsors actuales, a sus suegros y, por sobre todo, a su familia, ese equipo que no solo la espera en la meta, sino que corre al lado de ella en la maratón de la vida.
Junín tiene en Andrea Silva no solo a una campeona de pista, sino a un ejemplo de resiliencia. Una mujer que demuestra que, aunque el camino sea cuesta arriba y la «medicina» del trabajo diario a veces parezca no alcanzar, siempre hay un segundo más para bajar y un sueño más por alcanzar.










