La historia del joven basquetbolista de Junín, Francisco Pagura, se escribe con la misma pasión y dedicación que marcó la carrera de su padre, el reconocido entrenador Julián Pagura. Con su reciente convocatoria a la preselección argentina U17, Francisco no solo logra un hito en su incipiente trayectoria, sino que también cumple un sueño de la infancia y ve la recompensa a años de esfuerzo y sacrificio.
La noticia llegó de forma sorpresiva, con un giro inesperado que duplicó la emoción. «Fue muy loco», relata Francisco, con la voz llena de alegría. «Cuando salió la lista en la CAB (Confederación Argentina de Básquetbol) no vi mi nombre y pensé: ‘Bueno, será la próxima, tengo que seguir esforzándome para estar’. Dos días después, me llegó la noticia de que estaba convocado. Me agarraron unos nervios de golpe, fue algo muy lindo porque no me lo esperaba, más después de haber visto esa primera lista».
Esa doble dosis de felicidad se extendió a su familia, que estalló de alegría al conocer la noticia. «Primero me lo contó mi papá y después, cuando se lo conté a toda mi familia, estallaron de la emoción y de la alegría, igual que yo», cuenta el joven, reflejando el orgullo que sintió al compartir ese momento con sus seres queridos. Para Francisco, esta oportunidad no es solo un logro personal, sino el fruto de un esfuerzo constante y un sacrificio que inició desde muy chico. «Es un orgullo muy grande por todo el sacrificio que estoy haciendo y que hice desde niño», afirma. «Siempre tuve la mentalidad de querer ser jugador de básquet y, además, jugador de la selección. Ahora, estando en la preselección, quiero seguir compitiendo para ganarme un lugar y poder estar en el Sudamericano».
El básquet es una parte fundamental en la vida de Francisco, un deporte que corre por sus venas gracias a la influencia de su padre. «Arranqué a los 3 años en Ciclista porque mi papá era entrenador en ese momento», recuerda. Desde entonces, su camino estuvo ligado al movimiento de los clubes, acompañando el trabajo de su padre por distintas ciudades del país.
Pasó por San Isidro en San Francisco, Olímpico en La Banda, y Argentino de Pergamino, club donde tuvo un debut muy especial. «Pude debutar en primera con 15 años», destaca. «Fue en la primera de local, fue una experiencia hermosa porque venía entrenando un montón. Justo me habían llamado para la preselección de Buenos Aires, y después de esa convocatoria me llamaron para el equipo de primera. Pude debutar unos meses después, y fue muy lindo la verdad».
Con la misma convicción que lo llevó a debutar, Francisco decidió regresar a sus orígenes. «Tenía muchas ganas de volver a Ciclista porque es donde nací y donde tenía todos mis amigos», explica. Tomó la iniciativa de irse solo a probarse y, tras quedar en el club, se reencontró con su familia cuando su padre asumió la dirección técnica de Argentino de Junín. Este recorrido, aunque exigente, le permitió crecer como persona y como jugador. «Fue una linda experiencia porque pude hacer muchos amigos, siempre con la mentalidad de querer ser jugador de básquet, esforzándome en cada club y en cada práctica, sea donde sea», asegura.
La figura de su padre, Julián Pagura, es un pilar fundamental en su carrera. «Es mi ídolo», confiesa con admiración. «Siempre le pregunto qué hice mal, cómo me vio, qué tengo que mejorar y qué consejos me da. Siempre me ayuda, me aconseja y siempre está cuando se le pregunta. Es lo mejor que me puede pasar, tenerlo ahí marcándome todo».
Francisco describe su estilo de juego como el de un «tirador sin vergüenza». «No tengo vergüenza de tirarla, y si me queda siempre la voy a tirar, pero si es un buen tiro y si hay un compañero solo, obviamente se la voy a pasar», aclara, demostrando la generosidad que lo caracteriza en la cancha.
A pesar de la vida nómade que lo fue llevando por diferentes clubes, Francisco logró equilibrar el básquet con su vida personal y académica. «Al principio fue duro porque tuve que cambiar de colegio y tenía a todos mis amigos en Junín», admite. «Pero con el paso del tiempo me fui acostumbrando y sabiendo que es por el bien de la familia y, también, por el básquet, que es lo que más amo».
Mirando hacia el futuro, el joven basquetbolista tiene metas claras. A corto plazo, aspira a «tener un lugar fijo en Ciclista», mientras que, a largo plazo, sus sueños son aún más grandes: «jugar en el exterior y ser parte de la selección mayor. Eso sería un gran sueño».
Para los jóvenes que recién comienzan a transitar el camino del básquet, Francisco tiene un mensaje claro y conciso: «que sigan entrenando, pase lo que pase, si no los citan o si tienen un mal partido. Que sigan entrenando porque a la larga es lo que te lleva a ser un buen jugador. Hay que entrenar duro y siempre estar enfocado, tener la cabeza fría para poder afrontar todo lo que venga».
Agradecido y feliz por el momento que atraviesa, Francisco cierra la entrevista con un mensaje a su familia, su mayor apoyo. «Un saludo a mi papá, a mi mamá, a mi hermana Delfi y a mi hermanito, que siempre están cuando estoy mal y siempre me están apoyando. La verdad que estoy muy contento por todo lo que me está pasando últimamente, y lo que me está pasando ahora con la selección es un orgullo, así que muy contento y agradecido».






