Por Redacción Grupo La Verdad
El Dr. Mario Cuitiño dijo que “la Argentina atraviesa la misma situación que el resto de países de América Latina en lo que respecta a un aumento de casos de tuberculosis, los datos oficiales de los últimos años muestran que hay una tendencia creciente y en ascenso, como también sucede con el sífilis aunque sean enfermedades distintas”. Luego, señaló que “la tuberculosis existe desde épocas inmemoriales, es de transmisión respiratoria y siempre se asoció con ciertos grupos vulnerables o susceptibles”.
Además, destacó el funcionamiento del programa nacional de Control de la Tuberculosis que garantiza tratamiento gratuito y acceso a la medicación a todos los pacientes.
Seguidamente, el doctor explicó que “las personas inmunocomprometidas o con las defensas más bajas tienen muchas más chances de enfermarse de tuberculosis, ya sea que se trate de pacientes con cáncer o diabéticos que deben hacer diálisis”, y completó: “El otro factor clave en todo esto tiene que ver con las condiciones de vida de la gente, con el hacinamiento y la desnutrición como mayores disparadores”.
“Las poblaciones carcelarias son muy proclives a contraer este tipo de enfermedades ya que hay un montón de gente que convive en un ambiente cerrado, por lo cual se está expuesto permanentemente”, indicó Cuitiño y continuó: “A diferencia de la gripe y el COVID, en el caso de la tuberculosis para que haya contagio entre personas tiene que haber un contacto muy prolongado, generalmente durante varios días y en ambientes cerrados”.
“Otra variante que distingue a estas enfermedades que la gripe tiene su estacionalidad puesta claramente en el invierno, mientras que la tuberculosis se mantiene constante y progresiva a lo largo del año en cuanto a contagios y aumento de casos”, expuso el especialista y ahondó: “La mejor manera de detectar que una persona tiene tuberculosis es cuando padece de tos constante y persistente durante dos semanas o más, porque la mayoría de las gripes, bronquitis y resfríos se suelen curar en ese período de tiempo”.
Además, el infectólogo expuso que “todos nos podemos contagiar de la bacteria, pero la probabilidad de que uno se enferme de tuberculosis es mucho mayor en aquellas personas que tienen comprometidos sus sistemas inmunológicos por alguna enfermedad crónica”. En continuidad, resaltó que “si bien tenemos un aumento de casos que se evidencia con los datos, lo cierto es que tenemos con qué responder ante esta situación por medio de tratamientos”.
Asimismo, Cuitilño resaltó que “Argentina cuenta con un programa nacional de tratamiento de tuberculosis por el cual las personas reciben su medicación de forma totalmente gratuita, así sea que cuente o no con una obra social y en cualquier hospital del país”, y completó: “Los tratamientos por tuberculosis son prolongados en el tiempo, tal es así que pueden ir de seis meses y alcanzar hasta un año de acuerdo al órgano afectado, y en todo ese tiempo el paciente tiene garantizado el acceso a la medicación”.
“También la Argentina cuenta con la vacuna BCG que es la indicada para prevenir la tuberculosis, cuyas dosis se aplican a los recién nacidos porque está dirigida a la población pediátrica, ya que por el momento no contamos con vacunas para la población adulta”, finalizó.
La enfermedad
La tuberculosis es una enfermedad infecciosa y contagiosa provocada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis.
Suele atacar los pulmones, pero puede dañar otros órganos como la columna vertebral o el cerebro. Es una afección curable y prevenible, pero resulta mortal si no se trata médicamente.
Se contagia de persona a persona por vía aérea. Cuando una persona enferma tose, estornuda, habla o escupe, libera bacterias en el aire en forma de pequeñas gotas. Estas pueden ser inhaladas por quienes se encuentran cerca.
Muchas personas se infectan y la bacteria permanece inactiva (tuberculosis latente) sin presentar síntomas ni contagiar a otros, pudiendo o no desarrollarse a lo largo de la vida.
Solo es contagiosa la tuberculosis activa, particularmente la que afecta a los pulmones o la garganta.
El diagnóstico suele realizarse mediante radiografías de tórax, análisis de sangre, pruebas cutáneas y el examen microscópico de muestras de esputo.
El tratamiento consiste en una combinación de antibióticos durante varios meses. Completar el ciclo completo de los medicamentos es vital para garantizar la cura total y evitar que la bacteria se vuelva resistente a los fármacos.
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