El automovilismo de regularidad en cupecitas históricas tiene nuevos campeones, y el triunfo se queda en familia y en Junín. Nicolás Nomdedeu, junto a su nieto Santiago (hijo de Darío Nomdedeu), se coronaron en el Campeonato de Regularidad de la Agrupación TC Histórico Bragadense. Este logro va más allá de un título: simboliza la pasión transmitida a través de tres generaciones y el sabor especial de compartir la victoria entre abuelo y nieto.
Nicolás Nomdedeu, un referente de la regularidad desde hace décadas, compartió la rica historia que culminó en este emotivo campeonato, el valor de correr con un familiar y la adrenalina de una definición que se disputó hasta el último metro.
La historia de Nicolás con la regularidad comenzó hace más de cuatro décadas, mucho antes de las cupecitas históricas. «Yo corrí regularidad, digamos, la tradicional en ruta desde el año ’84 más o menos,» recuerda Nomdedeu. Su carrera temprana incluyó desafíos internacionales: «Corría con un Renault 12, corrí campeonato argentino y algún sudamericano también.»
Tras una pausa en la actividad, retomó en el año 2002, dando el salto a los autos históricos con una Cupé Ford modelo 37. «Retomé en el año 2002 con una Cupé Ford modelo 37, después vendí esa Cupé y armé una Ford modelo 1940. Y bueno, ahí fue cuando comencé a correr con mi hijo Darío.»
Con su hijo Darío, Nicolás cosechó su primer gran éxito. «En el año 2007 gané el primer campeonato con Darío en la Asociación de Buenos Aires,» detalla, demostrando que el éxito siempre estuvo ligado a la familia. Posteriormente, en 2013, volvió a coronarse campeón en la Asociación de Santa Fe.
Sin embargo, el campeonato logrado junto a Santiago, de 19 años, tiene un significado especial e inigualable. «Ya hace un par de años que empecé a correr con mi nieto Santiago, que es hijo de Darío y en estos días el domingo pasado logramos en el TC Bragadense un campeonato. Con eso completé algo, digamos, especial para mí que es haber logrado ese éxito con los tres equipos con los que corrí”.
Este hito no era solo un objetivo deportivo, sino emocional. «Era un objetivo, digamos, al margen de la importancia que tiene en estos tiempos correr con un nieto, este tiene un sabor especial,» confiesa Nomdedeu, reconociendo el inmenso disfrute que implica esta dupla.
La idea de correr con Santiago surgió de forma natural, ya que su nieto «se crió con eso», absorbiendo la pasión automovilística desde la cuna. Nicolás recuerda con afecto cómo Santiago, de niño, mezclaba la realidad con la ficción: «En la imaginación de un niño muy pequeño, él veía una carrera de Fórmula 1 y creía que yo estaba ahí.»

Con el tiempo, Santiago maduró la idea de convertirse en navegante, un rol crucial en esta disciplina. «En la actividad que nosotros tenemos el navegante es muy importante, porque que lleva la hoja de ruta,» explica Nicolás, ya que las carreras son de regularidad, no de velocidad, y el objetivo es mantener el tiempo promedio impuesto.
«Que él sea mi navegante surgió de manera natural y terminó siendo una dupla que funcionó muy bien, porque ya el año pasado habíamos salido subcampeones y bueno, esto funciona y lo disfrutamos.»
La definición del campeonato en Bragado fue de alto voltaje. La última carrera otorgaba «puntaje y medio,» lo que multiplicaba las posibilidades de cambio en la tabla. «Nosotros llevábamos apenas dos puntos y medio de ventaja. Para tener una idea, esa carrera otorgó al ganador, que fuimos nosotros, 67 puntos y medio, o sea, que estaba para cualquiera.»
La pareja Nomdedeu tuvo la suerte y la pericia de ganar esa final, sellando el título. El binomio de Bragado Pérez-Padilla (con Daniel Padilla de Junín) se quedó con el subcampeonato, mientras que los hasta entonces tetracampeones Garrasi-Garrasi terminaron terceros, lo que da una idea del altísimo nivel de la competencia.
«Hay que correr medio olvidándose de lo difícil que es, porque la cuestión es cometer los menos errores posibles,» enfatiza Nicolás. En la regularidad, la precisión es todo. «Uno se entera del resultado un tiempo después, hasta un par de horas después de que terminó la carrera, cuando las fiscalizadores computan los tiempos y establecen cuál es la clasificación.»
La Cupé Ford modelo 1940 con la que compitieron es una pieza histórica. Nicolás consiguió solo el casco y se ocupó de armar el vehículo a su gusto. «La modelo 39 y 40 de Ford es una de las más linda, de forma más estilizada, digamos, y que tiene bastante que ver con la historia del TC de la cupecita,» describe.

La mecánica de la «40» incluye un motor Falcon Ford 221 con cierto grado de preparación. Pero la diferencia está en el instrumental de navegación.
«El auto compuesto por varios instrumentos para la navegación, que son velocímetros, cuentavueltas, cronómetro, que son distintos a un auto de competición tradicional.»
Si bien hay varias formas de correr, en este binomio, la responsabilidad está dividida: «Yo en realidad llevo los tiempos, los llevo yo y el navegante va llevando la hoja de ruta. La cuestión es que esta forma que elegimos funcionó.»
Al reflexionar sobre el significado de este campeonato intergeneracional, Nicolás lo sintetiza como un disfrute de la vida y una forma de «compartir la vida, disfrutar algo que a uno lo apasiona en familia.»
«Nosotros en realidad somos más adultos que juegan, digamos, como un chico… Es una actividad para compartir la vida, disfrutar algo que a uno lo apasiona y tiene ese sentido.»
Además del lazo familiar, destaca el espíritu de hermandad que fomenta este deporte. «El automovilismo especialmente en este que practicamos, una de las cosas buenas, lindas que tiene que es una competencia muy amigable, no hay rivales ni hay enojo ni hay peleas prácticamente,» valora. La pasión por los autos antiguos se convierte en un medio para generar vínculos sólidos.
«Yo con las cupecitas he hecho varios amigos, esos amigos que son de verdad, digamos, con los cuales uno comparte, así que también tiene esa arista de la de compartir la vida con otras personas, conocerla y disfrutar de eso.»
El camino al campeonato no estuvo exento de momentos difíciles. Nicolás confesó que un error propio en una carrera previa en Máximo Fernández lo atormentó hasta el último día de competencia.
«El momento fue difícil, fue un despiste que tuvimos en una carrera, donde yo me equivoqué y terminamos abandonando en la cuneta con el auto con un deterioro. Y bueno, eso nos podría haber costado el campeonato.»
La responsabilidad personal se sintió pesada: «La responsabilidad es mía porque el que se equivocó fui yo al doblar sobre un guadal prácticamente. Hasta el último día esa responsabilidad a nivel personal la sentí, porque nos podía constar ese campeonato». Afortunadamente, ese traspié no les impidió alcanzar la gloria final.
El momento de la consagración, cuando se enteraron de que eran campeones, fue la culminación de años de esfuerzo y afecto.
«Eso termina generalmente en un abrazo que sintetiza y transmite muchas cosas que son difíciles de describir en palabras. Es un momento hermoso.»
Con 72 años, Nicolás celebra la victoria de su nieto de 19 años. «Mi primer campeonato lo gané a los 54, y cuando volvimos el otro día le comentaba a mi nieto, bueno, él lo logró a los 19 eso quiere decir que tiene un futuro bastante importante por delante.»
El próximo año, la Cupé de Nomdedeu lucirá el número 1 en la puerta, un honor que también conlleva una gran responsabilidad. «Hay que empezar a trabajar para el 2026. Que vamos ahí con el uno en la puerta, lo cual significa también un cierto grado de responsabilidad,» concluyó, confirmando que si «todos los planetas se alinean» seguirán compitiendo con la excelente organización de Bragado.







