El referente e ídolo del club Ambos Mundos analizó la contundente victoria en el clásico ante Independiente, destacó la calidad humana del plantel y confesó su amor incondicional por los colores: «Me pone contento que me quieran los míos y que me odien los demás».
La noche del Nocturno de Junín no fue una noche cualquiera. El aire se sentía distinto en la zona de las vías. Ambos Mundos no solo se llevó una victoria futbolística; se llevó el alma de un barrio tras golear a su eterno rival, Independiente, y sellar su pasaje a la final de la zona de ganadores. En el centro de esa mística, con la camiseta empapada de sudor y el respeto de una tribuna que lo idolatra, emerge la figura de Thiago Osella.
Thiago no es un jugador más. Es el profesor de los chicos, el que creció en las inferiores, el que conoce cada rincón del club. Tras el eufórico triunfo, el jugador dialogó en exclusiva y desmenuzó las sensaciones de un partido que tuvo de todo: fútbol, pierna fuerte y esa «pica» necesaria que solo los clásicos de barrio pueden generar.
El partido ante el «Rojo» no empezó ayer; se venía jugando desde el torneo pasado. Osella lo tiene claro: “La verdad que lo vivimos bien, nosotros el campeonato pasado veníamos peleando y nos tocó jugar con ellos y perder, y bueno por ese partido es que ya venía medio la pica, por eso el partido estuvo tan caliente”.
Esa temperatura emocional no nubló el objetivo del equipo, que logró imponer su juego para desatar el festejo: “Contento porque clasificamos, jugamos bien, y estábamos confiados que podíamos llegar a la final”, afirmó con la seguridad de quien conoce el potencial de sus compañeros.
Armar un equipo competitivo para el Torneo Nocturno es un desafío que va más allá de lo táctico. La llegada de refuerzos suele ser un arma de doble filo, pero en el «Tricolor», la química fluyó de manera natural. Thiago destaca que la clave no es solo el talento, sino la humildad.
“Sabíamos que nos íbamos a armar bien para el nocturno. Es una realidad que cuando el club va a buscar jugadores afuera, se sabe que van a traer buenos jugadores, pero después de ahí a que funcione es difícil”, explicó el referente.
Sin embargo, el grupo logró amalgamar a los que llegaron con los de la casa: “Pudimos armar un lindo grupo que tiran todos para el mismo lado, que ayer entendieron lo que era jugar un clásico. Por ahí muchos chicos nunca lo habían hecho y se lo intentamos contagiar nosotros, los chicos del club, y se ve que salió bien”.
Para Thiago, el secreto de este presente invicto radica en la nobleza de sus integrantes: “Se ve que son buenas personas las que han venido más allá de buenos jugadores. Si el ego está por delante del equipo es muy difícil sacarlo adelante, muchos chicos vienen de ser figura en sus clubes y acá, si se tienen que bajar la vara, se la bajan y dejan el egoísmo de lado, tiramos todos para el mismo lado, ahí es donde nos estamos haciendo fuertes”.
Hablar de Thiago Osella es hablar de la identidad de Ambos Mundos. Su historia está ligada intrínsecamente a la institución desde su infancia. “Arranqué a los 6 años en el club, hice todas las inferiores ahí, hoy en día además de jugador también estoy de profe hace varios años ya. Básicamente vivo ahí adentro, paso muchas horas de mi día y la mayoría de la gente me conoce”, relató con orgullo.
Esa exposición lo coloca en un lugar de privilegio para la hinchada propia y de blanco para la rival, algo que Thiago disfruta con una sonrisa: “La gente del club me quiere mucho y la de Independiente me odia. Me pone contento: que me quieran los míos y que me odien los demás”.
Ese cariño se traduce en el respeto de los más pequeños, sus alumnos de la escuelita o los chicos del club, que lo ven como un espejo donde mirarse. “Tengo la suerte de que los chicos me siguen mucho, y eso que no soy tampoco tan dado, pero hace tantos años que estoy que fui aprendiendo y ellos mismos se van contagiando. Después del partido me esperaron para sacarse una foto y esas son cosas muy lindas que me tocan vivir”.
Con el envión de la goleada por 4 a 1, Ambos Mundos ya pone la mira en Defensa Argentina, el próximo escollo hacia la gloria. Thiago sabe que será una batalla de titanes.
“Estamos bien, venimos ganando todos los partidos, pero nada te asegura que en algún momento puedas tener un mal partido o tropezar. Defensa tiene un buen equipo igual que nosotros, me llevo bien con muchos chicos de ahí, ya estuve hablando, y saben que nosotros también somos un rival duro, creo que va a salir un buen partido para la final”, analizó.
Para el jugador, el Nocturno es «el» torneo. Ese donde la comisión directiva hace el mayor esfuerzo y donde el club se juega el prestigio del año. “Es como el torneo más importante del año, muchos van a buscar refuerzos porque es difícil que con lo mismo que tenés en el año te alcance. Le ha pasado a muchos clubes que piensan que porque compitieron en el año no tienen que reforzarse y les termina yendo mal. Tenés que tener una base, pero tenés que traer jugadores de jerarquía, en lo personal, siempre lo vivo con un plus, me encanta jugarlo y sé lo que significa para el club”.

El recibimiento en el clásico fue imponente. Bengalas, cánticos y una multitud que colmó las gradas. Para el protagonista, este fenómeno no es nuevo, pero se intensifica con cada paso hacia la final. “La mayoría de los partidos fue mucha gente, por ahí está Semifinal tuvo un poco más de color, alguna bengala de más, que es obvio porque van pasando las instancias y la gente cada vez está más ilusionada. Desde el torneo pasado que veníamos peleando y fue una fiesta, fuimos a la cancha de Villa y había creo que más gente de Ambos Mundos que de Villa, la gente ya viene ilusionada y está con ansias esperando igual que nosotros que llegue la final”.
Detrás del guerrero que deja todo en la cancha, hay un hombre agradecido a sus raíces. Al salir a la cancha cada partido, Thiago no duda un segundo en quien pensar: “Más que nada a mi mamá, que es la que me llevó desde chiquito al club, siempre me acompañó. Después mis abuelos, mi novia, mis amigos que siempre están”. Pero el cierre más emotivo fue para el vecino, para ese hincha que lo saluda al cruzar la calle en el día a día: “A toda la gente de Ambos Mundos, que a la mayoría la conozco y te cruzan por la calle y siempre son agradecidos. Eso es algo que también me da mucha alegría, para que ellos estén contentos”.

Esa comunión perfecta entre la dirigencia, el plantel y su barriada es lo que hoy sostiene el presente de un club que no descansa. Thiago encarna ese espíritu del jugador que no solo defiende una posición en el campo, sino que custodia la identidad de una institución que supo sufrir y que hoy saborea las mieles del éxito deportivo. Mientras las luces del estadio se apagan y los ecos del clásico todavía resuenan en las calles de Junín, el referente tricolor ya proyecta lo que será el próximo desafío, sabiendo que no solo juega por una medalla, sino por la alegría de esos chicos que hoy son sus alumnos y mañana serán los herederos de su legado.
Con el equipo invicto y la ilusión a flor de piel, el «Tricolor» se prepara para una final que promete ser histórica. Con la jerarquía de sus refuerzos y el corazón de referentes como Thiago, el barrio sueña despierto con dar la vuelta olímpica; convencidos de que, cuando se juega con el corazón en la mano y el ego en el vestuario, el destino suele premiar a los valientes.







