Por Redacción Grupo La Verdad
La doctora Andrea Sandoval, abogada defensora de Agustín, un joven vediense de 20 años brutalmente atacado en una estancia de su localidad por quienes serían sus empleadores, -quienes lo golpearon, ataron con precintos y amenazaron con armas- dijo a Grupo La Verdad que solicitó formalmente la detención de los agresores.
La letrada además señaló que “le dejaron lesiones gravísimas, lo mordieron salvajemente” y remarcó que “hay elementos que hacen que pidamos que la causa sea caratulada como tentativa de homicidio como acusación privada. El fiscal todavía no lo considera así”.
Agustín trabajaba en esa estancia desde hacía siete meses. Y había dado a conocer recientemente que no seguiría haciéndolo, según lo hecho saber por la profesional.
“Los empleadores lo agredieron sin motivo alguno, aunque alegaron que él les había robado ganado pese a que no había ninguna denuncia formal registrada ni prueba alguna del hecho. Mientras lo golpeaban lo acusaban de haber robado. Fueron dos horas de agresiones, de un ataque salvaje. Lo amenazaron con armas y con jeringas. Cuando terminaron de golpearlo le dejaron un Diclofenac para que tome y le dijeron que se bañe con agua caliente”, describió la doctora Sandoval.
“No hay motivo alguno para que hicieran lo que le hicieron a Agustín. No tiene justificación todo lo que pasó. La denuncia se radicó pese a las amenazas que él recibió. Se hicieron allanamientos, pericias e informes médicos. Agustín debió hacerse análisis y estudios que llevaron su tiempo. Emocionalmente está destrozado, tiene un botón antipánico y una prohibición de acercamiento. La vida le cambió drásticamente”, refirió además.
Las personas acusadas de las agresiones no cuentan con antecedentes penales ni denuncias previas.
Los hechos
Todo sucedió el 30 de septiembre pasado, alrededor de las 19.30, en una estancia situada sobre la Ruta Nacional N°7, en dirección a J. B. Alberdi. El trasfondo del caso fue un ganado que le dio a Agustín uno de los acusados como parte de pago por las horas extras, pero que no reconoció ante su hermano, sino que dijo que el chico lo había llevado.
Ese día, Agustín desempeñaba su trabajo con total normalidad junto a sus empleadores S.A. y D.A.. “Se disponían a tomar mate en el interior de una casilla del predio, cuando, sin mediar provocación ni discusión previa, comenzaron a agredirlo físicamente con golpes y patadas en distintas partes del cuerpo, logrando derribarlo”, consta en la denuncia que pese a las amenazas la víctima presentó.
Pero no quedó todo ahí. Los agresores lo sacaron de la casilla, uno de ellos se montó sobre su espalda para inmovilizarlo con las rodillas. Le ataron las manos y los pies con precintos plásticos y el otro le mordió violentamente la oreja derecha: le arrancó parte del tejido y le provocó una mutilación parcial y un sangrado abundante, además del dolor.
“Continuaron golpeándolo con un fierro macizo, un elemento que usaban en el campo para atar animales. Le provocaron severas lesiones en sus rodillas y en diversas partes del cuerpo”, explicaron los letrados.
Fue entonces cuando D.A. tomó una carabina de color negro, con cinta adhesiva en la culata y en el gatillo, y la apoyó sobre la cabeza de Agustín y le apuntó.
El otro agresor lo amenazó con matarlo y le exhibió una jeringa con un líquido gris: “Le dijo que eso le iba a detener el corazón”. Inmediatamente después, le dio una violenta patada en la zona del cuello y la tráquea. “Podrían haberlo matado con ese golpe”, resumieron los abogados de Agustín.
La pesadilla todavía no terminaba. S.A. “le dijo que lo iban a meter en una lata de 200 litros con cal viva, para hacerlo desaparecer, y que si su familia preguntaba dónde estaba, le iban a decir que viajó a Córdoba», describieron.
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