En el universo del patinaje artístico, donde la gracia y la precisión suelen destacar en la mente del público, existe una joven patinadora juninense, Milagros Higueras Di Cintio, alumna de la reconocida escuela de Antonela Salomone, cuya historia trasciende la mera ejecución de figuras y saltos. Su recorrido, marcado por la pasión, la constancia y la inquebrantable creencia en el trabajo en equipo, es un testimonio de cómo un deporte individual puede convertirse en un verdadero hogar y una fuente inagotable de apoyo y crecimiento.
Milagros, comenzó su camino sobre ruedas en 2013, a la temprana edad de seis años, una iniciación que resultó curiosa y un tanto inesperada. La moda de los rollers de aquel entonces fue la culpable de su primer acercamiento a las ruedas, sin embargo, su padre, un técnico radiólogo con un conocimiento preciso de las implicaciones anatómicas, tuvo otra idea. «Mi papá, como es técnico radiólogo, él sabía que los rollers le hacen muy mal al tobillo. Entonces, me regaló los patines de cuatro ruedas», explica Milagros, detallando el origen de su ingreso al mundo del patín artístico, motivado por la preocupación paterna por su salud.
Así fue como Milagros llegó al Club Rivadavia, donde iniciaría su formación bajo la tutela de la experimentada y reconocida Antonela Salomone. No obstante, los inicios no fueron del todo sencillos ni estuvieron exentos de cierta frustración. Las primeras clases que asistió eran dictadas principalmente por las asistentes de Antonela debido a la gran cantidad de alumnas y la apretada agenda de la principal instructora. «Cuando yo empecé y me di cuenta que Anto no me enseñaba, o sea, Anto estaba en la clase y te miraba todo, pero las que te marcaban los ejercicios era las asistentes. Yo me iba como media frustrada porque yo quería que Anto me enseñe», confiesa Milagros, revelando la desilusión inicial que la llevó a un breve abandono de la disciplina. Su deseo de aprender directamente de la maestra principal era un reflejo de su compromiso y aspiración.

Pero la semilla de la pasión ya estaba sembrada, y la breve interrupción solo sirvió para reavivarla con más fuerza. En 2014, el anhelo de patinar regresó de manera contundente. «Volví porque me había supergustado y bueno, y dije, ‘ya está, serán los primeros años que me enseñe la asistente, después voy con Anto'», cuenta Milagros, mostrando la determinación que la caracteriza. Y así fue, con perseverancia y paciencia, tras uno o dos años bajo la guía de las asistentes, finalmente pudo trabajar directamente con Antonela Salomone, un punto de inflexión que marcó el inicio de una relación de mentoría que la moldearía no solo como deportista, sino también como persona. «Ahí empecé y después no dejé más», afirma Milagros con la convicción de quien encontró su verdadero lugar en el mundo.
Con la llegada al equipo de precompetencia, llegó también la hora de enfrentar el primer gran desafío sobre la pista: su debut en un torneo. «Tuve mi primer torneo, que fue un amistoso. Yo estaba realmente muy nerviosa», rememora Milagros con viveza sobre aquella experiencia en Lincoln, cuando apenas tenía ocho años y competía en la categoría incentivo. La mezcla de nervios y emoción era abrumadora, pero la alegría de la joven patinadora, su madre y toda su familia ante aquel debut fue inmensa, un recuerdo que aún atesora con cariño. Poco después, llegó el primer «UPLA» (Unión de Patinadores Libres y Artísticos), competencias de mayor nivel que se realizan en Buenos Aires y que significaron un paso más en su evolución competitiva.
En este camino de crecimiento y superación constante, el rol de Antonela Salomone fue absolutamente fundamental. Milagros subraya con énfasis la importancia del apoyo incondicional de su entrenadora, no solo en la técnica, sino en el aspecto emocional y mental. «Siempre acompañada por Anto que para mí eso fue como lo más importante y siempre saber que del otro lado esta Anto apoyándote, diciéndote, ‘Vos podés, vos podés’, ese apoyo es fundamental», enfatiza la patinadora, destacando el valor del aliento en los momentos de mayor presión. La confianza y el ánimo que recibe de su entrenadora previo a salir a la pista son cruciales para su desempeño. «Pensar que antes de salir a pista todos los nervios, las dudas que tenés sobre tu coreografía, sobre vos, si podés, si no vas a poder y que alguien te esté del otro lado diciéndote, ‘Vos vas a poder.’ Que te dé un abrazo antes de salir a pista es importantísimo, por lo menos en mí es muy importante», detalla Milagros, revelando la íntima conexión y la seguridad que le brinda el apoyo de Antonela en esos instantes decisivos.
Una de las percepciones más arraigadas y extendidas sobre el patín artístico es su carácter intrínsecamente individual. Sin embargo, Milagros, con la experiencia forjada en la escuela de Antonela Salomone, desafía categóricamente esta idea, ofreciendo una perspectiva que resalta el valor colectivo en lo que muchos consideran una disciplina solitaria. «Muchos durante mi vida me dijeron, ‘Pero el patín es un deporte muy individual, no te gustaría hacer algo más en equipo.’ Y yo les decía, ‘Mi patín, por lo menos el que enseña Anto, no es individual.'», sentencia Milagros con convicción, defendiendo su visión de la disciplina.
La experiencia que comparten las patinadoras de Junín es un claro y contundente ejemplo de esta visión colectiva que promueve su escuela. «Desde el hecho de que salimos de Junín, por ejemplo para un UPLA, que vamos todas juntas en una combi, todo ese viaje, lo que hablamos, lo que disfrutamos, las amistades que se forman ahí. Sí, es un equipo», explica Milagros, dibujando un panorama de camaradería que se construye desde antes de pisar la pista. La preparación conjunta, los viajes compartidos y las conversaciones previas a la competencia tejen una red de apoyo invaluable. Y la unión no termina ahí: «Después cuando salís a pista que todas te aplauden, te festejan, cuando volvés más allá de los resultados, te dicen que estuviste hermosa, por más de que haya salido primera, última o en el medio o lo que sea, esas amistades son las mejores». Este compañerismo incondicional, donde el aliento es genuino y el afecto trasciende el puesto en el podio, es lo que le da al patín de la escuela de Antonela Salomone ese espíritu de equipo tan particular.
Los festivales de fin de año, organizados meticulosamente por Antonela, son otra muestra palpable de la camaradería y la alegría que se viven en el grupo, y que refuerzan esta percepción colectiva. «Es hermoso compartir y hacer coreos grupales. Eso sí es en equipo y para mí nunca me pareció un deporte individual», sostiene Milagros, diferenciando esta experiencia de otras que observó en el ámbito más estrictamente competitivo, donde el foco es netamente personal. En estos festivales, la coreografía y la sincronización grupal priman, creando un sentido de pertenencia y diversión compartida que consolida los lazos entre las patinadoras.
En sus primeros años de competencia, la patinadora juninense veía los campeonatos nacionales como un objetivo casi inalcanzable, una cima reservada para las figuras más experimentadas. «Un nacional no lo veía posible, pero ni cerca en mi vida. Yo veía en ese momento a las más grandes compitiendo, que hoy en día soy yo. Y decía, ‘Ojalá algún día ser ellas, llegar a hacer eso.'», confiesa Milagros, reviviendo la admiración y el anhelo de aquella niña. Aquel sueño, que parecía lejano en el horizonte, se transformó en una hermosa realidad con el tiempo, el esfuerzo constante y la dedicación incansable.
Sin embargo, el camino hacia la cúspide no estuvo exento de obstáculos inesperados, y uno de los más grandes fue la llegada de la pandemia de COVID-19, un evento que supuso un duro golpe para el patinaje y para la vida de todos a nivel global. Las restricciones obligaron a trasladar las clases a la virtualidad, obligando a cada patinadora a adaptar su espacio personal para continuar con los entrenamientos. «Llegó el COVID, etapa durísima. Todas las clases fueron por Zoom. Yo lo hacía en el garaje de mi casa, ahí cada una se tuvo que adaptar al espacio que teníamos», recuerda Milagros con la crudeza de la memoria.
A esta compleja situación global, se sumó una fractura sufrida por Milagros durante un entrenamiento en casa, un golpe anímico y físico considerable. «Ese año me quebré, me acuerdo, haciendo un trompo que lo estábamos aprendiendo nuevo, estando en mi casa «, lamenta la patinadora la difícil etapa, marcada por la incertidumbre y la preocupación. A pesar de la fractura y la adversidad, Milagros continuó participando en las clases por Zoom, demostrando su resiliencia y su compromiso, estudiando el reglamento para cuando pudiera volver a la pista y aprovechando cada momento para seguir conectada con su pasión.
El regreso a las competencias post-pandemia también fue un desafío, marcado por las estrictas medidas de seguridad que alteraron la dinámica social del deporte. «Se volvió con barbijo. Era ir con el alcohol en la mano, el barbijo. Estar a un metro de distancia, no nos podíamos tocar», detalla Milagros, pintando un cuadro de la frialdad impuesta por los protocolos. Los abrazos de aliento, tan importantes antes de salir a competir, quedaron suspendidos, privando a las patinadoras de ese contacto humano esencial. «Eso de los abrazos y todo eso fue imposible. Creo que fue la parte más triste y dura durante la pandemia», opina Milagros, reflejando el impacto emocional de la situación. A pesar de las dificultades, se mantuvo firme en su objetivo: «Yo antes del patín pasé por bastantes, no sé si bastantes, pero hice hockey, hice baile, fui a canto también y yo creo que cuando empecé patín como que encontré mi hogar». El patín se consolidó, así como su refugio, su lugar de pertenencia y sanación.
Para Milagros, el patín se convirtió en un verdadero santuario, un espacio donde encuentra paz y plenitud. «Es como que cuando yo voy a patinar me olvido de todos mis problemas, de todo lo que tenga que hacer de todo y estoy yo y todo lo que tengo que hacer, todo relacionado al patín. Es como mi lugar», confiesa Milagros, expresando la profunda conexión emocional que tiene con el deporte. Esta relación tan íntima es la razón por la que, a pesar de las frustraciones inherentes a cualquier disciplina de alto rendimiento, nunca consideró rendirse o abandonar su pasión. «No voy a mentir, me frustro un montón, cuando no me sale algo. Pero bueno, yo siento que parte del amor por el deporte es aceptar que te va a ir bien o mal. Y aprender de eso también y seguir practicando para que eso que por ahí no te gustó tanto mejore. Pero lo de rendirse no es opción, realmente no», subraya, dejando en claro su compromiso inquebrantable con el patín.
El anhelado debut en un campeonato nacional estuvo marcado por un inesperado contratiempo que puso a prueba su capacidad de adaptación. En 2022, la fecha de su primer nacional coincidió con la semana de sus quince años, un evento que ya tenía completamente organizado y esperado. «Yo ya tenía todo arreglado, ya tenía el salón y dije que no porque no podía», explica, revelando el dilema de elegir entre dos momentos tan importantes. Aunque la fecha del nacional se cambió posteriormente, la decisión de priorizar su cumpleaños ya estaba tomada, mostrando la importancia de los afectos y los eventos personales en su vida.
Finalmente, el primer campeonato nacional llegó en 2023, en la provincia de Córdoba, donde compitió en la categoría formativa. Con 16 años, acompañada por su madre y su hermano, Milagros obtuvo un logro que la llenó de incredulidad y una emoción desbordante: «Salí Campeona Nacional en figuras obligatorias. Yo estaba que no lo podía creer, lloré porque pensé que me había ido remal.» Su autoexigencia la había llevado a pensar en lo peor, analizando cada mínimo error, pero la realidad la sorprendió gratamente. «Al mínimo error dije, ‘No, ya está. Me fue mal.’ Y después cuando me dijeron que salí primera, yo no podía creerlo, no entendía nada. Encima ser el primer nacional y quedar campeón nacional fue como impresionante», revive con una mezcla de emoción y asombro, la voz teñida de la alegría de aquel momento inolvidable. La felicidad de su madre, a quien Milagros describe cariñosamente como su «mayor fan», se desbordó, compartiendo la noticia con todos, incluso con la escuela, donde Milagros fue recibida con honores, un ramo de flores y una pulsera personalizada, un reconocimiento que la conmovió profundamente.
El año pasado, en el nacional de Santiago del Estero, Milagros volvió a la carga, compitiendo en una categoría más numerosa y con mayor exigencia. Allí se encontró con 52 participantes en la categoría de 16 años y mayores, lo que representó un desafío aún mayor. «No me fue tan bien como en Córdoba, pero éramos 52, un montón «, comenta Milagros, reflejando la magnitud de la competencia y la experiencia que sumó más allá del resultado específico.
Este año, la patinadora juninense se prepara para nuevos y emocionantes desafíos. El clasificatorio, que tendrá lugar en Don Bosco, Buenos Aires, las primeras semanas de julio, la tiene «muy nerviosa», una señal del compromiso y la importancia que le otorga a cada competencia. El nacional de este año será en Santa Fe, donde competirá en Tercera C con un grupo más reducido de compañeras, lo que promete una dinámica diferente y un foco más íntimo en el rendimiento.
Cuando se le pregunta a Milagros sobre lo que siente al estar en la pista, la respuesta es clara: una mezcla de nerviosismo y una profunda conexión con el arte. «Yo antes de salir a pista estoy muy nerviosa, la verdad. Muchas veces lo trato de pensar como, bueno, es un entrenamiento como los que me ve Anto, tomármelo así, para no ponerme tan nerviosa. Pero es como entrar a la pista y la verdad el corazón va mil», describe, revelando la adrenalina que la invade. Sin embargo, al comenzar la coreografía, todo cambia y una magia especial se apodera de ella. «Respiro tres veces profundo y digo, ‘Ya está, estoy acá, tengo que demostrar todo lo que sé, todo lo que practiqué para llegar acá’. Si yo me pongo nerviosa es como va a ser peor porque me va a perjudicar a mí. Entonces como que bueno, empieza la música y ahí creo que te olvidas de todo, no escuchas a nadie, solamente la música y yo estoy», revela Milagros, describiendo ese estado de concentración y fluidez donde solo existe ella, la música y la expresión de su arte.
Para finalizar, Milagros Higueras Di Cintio comparte un mensaje de profunda gratitud y aliento, dirigido a aquellos que fueron pilares fundamentales en su camino y a quienes deseen sumarse al fascinante mundo del patín. En primer lugar, extiende su agradecimiento a su familia, por el apoyo incondicional que siempre le brindaron: «Quiero agradecerle a mi familia porque siempre me apoyan ellos en todo lo que a mí se me ocurra, ellos están ahí siempre. Y bueno, después si en algún momento no sale como esperé, como que también ahí están.» Este respaldo inquebrantable, tanto en los triunfos como en las frustraciones, es lo que le permite a Milagros seguir adelante con confianza.
Luego, su gratitud se dirige a su profesora, Antonela Salomone, a quien reconoce como una figura clave en su formación. «A Anto, a mi profe, porque yo creo que soy la deportista que soy por todo lo que ella me exigió como responsabilidad y me enseñó. Porque, además, por más de que vos tengas la técnica y todo, también tenés que tener la disciplina y obviamente ni te cuento la pasión. Así que bueno, yo creo que ella fue fundamental en toda mi trayectoria con el patín.» Las palabras de Milagros resaltan no solo la enseñanza técnica de Antonela, sino también la formación en valores como la disciplina y la transmisión de la pasión por el deporte.
También agradece a sus compañeras, quienes son un pilar fundamental en su vida deportiva y personal. «Siempre están ahí para hacerte reír, para aconsejarte, para que mejores. Yo creo que de las mejores amistades son las que se forman en el deporte porque es como que todas comparten el mismo amor, que en este caso es el patín», expresa Milagros, subrayando la camaradería y los lazos profundos que se tejen en el ambiente deportivo, donde el compañerismo supera cualquier rivalidad.
Finalmente, Milagros ofrece un mensaje para aquellos que deseen sumergirse en el mundo del patín, invitándolos a descubrir la magia de esta disciplina: «A mí me encanta el patín, yo creo que es muy lindo de ver y de hacerlo también. Siento que alguna forma u otra vos transmitís un montón patinando todos tus sentimientos, todo lo que se te ocurra vos lo podés transmitir y eso a la vista es hermoso. Mucha gente llora viendo patinadoras porque es muy lindo, hay un montón de gente lo que transmite que le toca un montón a las otras personas». Las ideas innovadoras de Antonela, siempre buscando ir más allá de lo convencional, también son destacadas como un factor inspirador que eleva el patín a una forma de arte.
La historia de Milagros Higueras Di Cintio es un poderoso recordatorio de que el deporte, más allá de la competencia y los resultados, puede ser un espacio de crecimiento personal, forja de valores inquebrantables y construcción de lazos humanos que perduran. Su pasión por el patín y su visión del trabajo en equipo son un ejemplo para futuras generaciones de deportistas juninenses, que encuentran en ella una inspiración para seguir sus sueños sobre ruedas, sabiendo que el camino puede ser desafiante, pero siempre estará lleno de aprendizaje, camaradería y, sobre todo, mucha emoción.






