En el corazón del fútbol argentino, allí donde el césped se corta con la precisión de un cirujano y las tres estrellas doradas brillan en cada pared, el arbitraje de nuestra ciudad escribió un nuevo capítulo de gloria. Entre el 6 y el 9 de abril de 2026, el Predio «Lionel Andrés Messi» de la AFA, en Ezeiza, no solo fue el hogar de las selecciones nacionales, sino el laboratorio donde Melina Eizaguirre y Thomas Pasquetín, árbitros de la Liga Deportiva del Oeste, perfeccionaron su oficio bajo la mirada de los mejores instructores del país.
Para Melina, este viaje no fue solo un curso técnico; fue la validación de una carrera que comenzó como una búsqueda laboral y hoy se ha transformado en una misión de vida. En una charla extensa y profunda, la árbitra que hoy representa a la Liga Deportiva del Oeste a nivel nacional, desglosa las sensaciones de una experiencia que la coloca en la élite del referato argentino.
La invitación al Curso de Capacitación Arbitral FIFA para Árbitros Asistentes no llegó de casualidad. Fue el resultado de un seguimiento que la Dirección Nacional de Arbitraje viene realizando sobre los talentos del interior. Durante cuatro jornadas intensas, Melina se sumergió en un entorno de profesionalismo absoluto.
«La verdad que me tomó por sorpresa, el curso fue la semana pasada, estuvimos en el terreno de Ezeiza desde el martes hasta el jueves, y adquirimos un volumen de conocimientos increíble. Lo que más te impacta es que no hay nada que envidiarle a ninguna potencia mundial. Ningún detalle queda librado al azar: la vestimenta, el transporte, la puntualidad, la calidad de la comida, es de primer nivel», describe Melina con el asombro de quien reconoce la magnitud del lugar donde se gestan los éxitos de la Selección.
El nivel de los instructores estuvo a la altura de las instalaciones, la capacitación contó con la sabiduría de Hernán Maidana, el asistente de General Pinto que ostenta la histórica marca de ser cuatro veces mundialista. Para Melina, Maidana no es solo un referente geográfico por su cercanía con Junín, sino un maestro de la técnica: «Es un genio, su capacidad para transmitir conocimientos es asombrosa, y no es algo fácil de encontrar. Estar ahí con él, con Ederson De Carvalho, Rapallini y Beligoy, te da una perspectiva totalmente distinta de la profesión».
Al repasar su historia, Melina reconoce que su llegada al referato fue, en sus propias palabras, «medio impensada». No hubo una vocación temprana ni un mandato familiar, sino la curiosidad de una joven que buscaba abrirse camino en un terreno desconocido.
«Sinceramente, cuando comencé a dirigir en la Liga Deportiva del Oeste, no tenía grandes metas. Simplemente quería sumar, dar una mano, tener un laburo nuevo. Pero esto tiene algo especial: como decimos entre nosotros, el ‘bichito’ del arbitraje te va picando. Una vez que te enganchás, empezás a proyectar, en cualquier trabajo uno quiere crecer, y aquí se trata de trabajar duro para que, cuando las oportunidades aparezcan, te encuentren preparada».
Esa preparación incluyó años de aprendizaje en las canchas de nuestra liga, dirigiendo desde divisiones inferiores hasta la primera división local, enfrentando el calor, el frío y, sobre todo, la presión del entorno. Esa base fue la que le permitió, hace apenas dos meses, firmar su contrato con la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) para integrar el cuerpo de árbitros del Torneo Federal A.
A pesar del profesionalismo y de las capacitaciones FIFA, el campo de juego sigue siendo un espejo de resistencias sociales. Melina no esquiva la realidad: ser mujer en el arbitraje implica, muchas veces, enfrentar ataques que nada tienen que ver con el reglamento.
«Esa parte machista todavía existe, lamentablemente, no solo de la gente que va a la cancha a descargar sus tensiones, sino de los propios protagonistas. Sin ir más lejos, la semana pasada dirigiendo un partido, un jugador me dijo en la cara que ‘el fútbol es para hombres’. Mi respuesta a eso es el trabajo, la dedicación y el esmero, mi sexo no importa; lo que importa es mi desempeño como árbitro. Es algo que tenemos que ir erradicando entre todos».
Para Melina, la clave para manejar estos ataques y la presión constante es la determinación. Sabe que el jugador «presiente» cuando el árbitro duda, y que la única forma de imponer autoridad es a través de la seguridad en cada pitazo. «Si te ven titubear, te juegan en contra por eso trato de hacer oídos sordos a lo de afuera y concentrarme en el equipo de trabajo».
Recientemente, Melina tuvo su bautismo de fuego en la categoría profesional al debutar en Ramallo, en el choque entre Defensores de Belgrano y El Linqueño. Aunque su rol actual suele ser el de cuarta árbitra, ella destaca la complejidad pedagógica de esa posición.
«Muchos piensan que ser cuarto árbitro es sencillo, pero sos el que recibe todo, tenés los dos bancos al lado, los técnicos, los ayudantes, el árbitro principal está en el centro, lejos de la efervescencia de los suplentes. Sos el encargado de acaparar los reclamos y de poner en valor lo que cobra el compañero adentro, sin embargo, en el Federal A, al ser más profesional, el diálogo es distinto; tanto cuerpos técnicos como jugadores se cuidan más».
Aun así, confiesa que su preferencia personal sigue estando en el fragor de la acción: «A mí me gusta más ser asistente o dirigir el partido desde adentro, porque uno está compenetrado físicamente en el juego. Siendo cuarta por ahí te las ligas todas de rebote, pero entiendo que cada función es vital para el equipo arbitral».

Para estar a la altura de las exigencias de AFA, la rutina de Melina en Junín es rigurosa. No basta con conocer el reglamento; el árbitro moderno es un atleta: «Nosotros, como árbitros del interior, recibimos una planificación semanal de los profesores de AFA. Aquí en Junín entreno específicamente con Matías Abogado en la parte de running y gimnasio, es un complemento fundamental para llegar bien al fin de semana, porque el partido en sí mismo es otro tipo de entrenamiento de alta intensidad».
Además de lo físico, la tecnología se ha vuelto su mejor aliada. Antes de cada viaje, como el que realizará este sábado rumbo a Bahía Blanca para el duelo entre Villa Mitre y Santamarina, existe un trabajo de inteligencia previo: «Consultamos con colegas que dirigieron a esos equipos la fecha anterior, entramos al sistema Comex para ver si hay expulsados o cambios en las formaciones y, si los partidos están grabados, los miramos. No queremos dejar ningún detalle librado al azar».
El arbitraje es una profesión donde el acierto se da por sentado y el error se magnifica. Melina convive con esa realidad de manera introspectiva: «Me gusta mirar fútbol, pero con otros ojos, me fijo mucho en los errores de los demás, como la jugada del otro día en la Copa Argentina, para aprender de ellos y cuando el error es mío, soy mi principal verdugo. Me doy cuenta enseguida y el fallo me sigue dando vueltas en la cabeza durante varios días por eso es tan importante el apoyo de la familia. Ellos dicen que son mi hinchada y son los que me bancan cuando las cosas no salen como uno espera».
Melina Eizaguirre fue la pionera en Junín, la que abrió una puerta que hoy permite que otras jóvenes sueñen con el silbato. La participación de Thomas Pasquetín en el curso FIFA junto a ella también habla de un crecimiento institucional de la liga local.
«Afortunadamente, de a poco se están sumando chicas, algunas llevan dos o tres años y este año se incorporaron otras más. Es un trabajo difícil que te quita tiempo con amigos y eventos familiares, pero si lo hacés con pasión, es sumamente gratificante. Mi deseo es que en unos años el plantel femenino de Junín pise fuerte en toda la zona y la región».
ste fin de semana, Melina volverá a calzarse los botines y a cargar el bolso con la ilusión de quien sabe que cada partido es un examen. Junto a Oscar Bono, Thomas Pasquetín y Franco Morón, partirá hacia Bahía Blanca. Allí, en la inmensidad del estadio de Villa Mitre, su figura será mucho más que la de una jueza de fútbol: será el símbolo de una mujer juninense que, con esfuerzo y capacitación internacional, demostró que la justicia deportiva no entiende de géneros, sino de capacidad, entrenamiento y una pasión inquebrantable.






