Todas las personas tenemos el convencimiento de que realizar algún tipo de deporte es una actividad positiva tanto para los adultos como para los niños y las niñas. En este sentido, la familia tiene un importante rol con respecto a la motivación, valores, y la contención propia que un deportista necesita.
Las actividades practicadas en familia tienen la ventaja de fomentar la convivencia, ofrecen la oportunidad de compartir las experiencias. Por otra parte, el hecho de realizar una actividad en grupo favorece en el sentimiento de pertenencia a un grupo de personas, ya que, en la mayoría de los casos, les hace sentirse importantes para sus equipos, les implica en el cumplimiento de una serie de normas, potencia el cumplimiento de unos límites y mejora sus relaciones con los demás.
La deportividad y el respeto, valores fundamentales a transmitir, a hacerlos valer y sobre todo a desarrollar siempre se tenga la edad que se tenga.
Los Forneris-Francese son esa familia que además del lazo, los une el deporte: lo comparten, se acompañan, lo practican y disfrutan. Hoy los grandes celebran el crecimiento de los más pequeños y alientan a continuar en la disciplina que tanto aman.

La Familia dialogó con La Deportiva sobre sus inicios y la forma en la que comparten el patín.
Los inicios de Carlos, el papá, fue una especia de “trueque”: “Me compraron los patines como regalo para el día del padre, con la promesa de que si aprendía a patinar, a cambio me acompañaban unas vacaciones en casa rodante. Esto fue en junio del 2018”. Sin embargo, Julia quién hoy es la cabeza de la escuela Patín Carrera Junín, comentó que su historia con el patinaje arrancó en la pista de patinaje sobre hielo que había frente de la terminal de colectivos, “amaba patinar ahí, la sensación del hielo, del frío. Recuerdo que ya quería patinar rápido. Tenía un profe joven con mucha paciencia que me daba clases particulares. Patinar me hacía sentir una sensación de libertad inexplicable. Cuando era un poco más grande, cerca de mis 12 años, una amiga me invitó a patinar a la pista de patinaje de la avenida San Martín, y al tiempo de estar patinando comienza una clase de patín carrera. Desde el primer día, ya tuve la sensación de que era mi lugar en el mundo”.
Hoy la familia cuenta con dos patinadores en plena competencia, que van creciendo a pasos agigantados: Ema y Tomás. En el caso de la niña explicó que comenzó a sus cuatro años, cuando una amiga la invitó a la pista de patinaje. “Fuimos con los patines de tirita y de casualidad me movía, y como mi mamá vio que me gustaba mucho, me preguntó si quería aprender a patinar. Desde ahí empecé a practicar el deporte”. Tomás, por su parte, arrancó cuando sólo tenía dos años y medios, “pedí mis patines porque veía patinar a Ema y mi mamá en vez de decir que no, fue y me los compró. Y cuando los probé me resultó divertido”.
Carlos comentó que el deporte que realizó toda la vida antes de patín carrera, fue natación. “Ahora sólo patín. La diferencia entre el patín y la natación, es que lo podés hacer en grupo, con amigos y en familia, y se comparte más tanto en los entrenamientos o durante las competencias. Por el mismo motivo, dejé de nadar y elegí seguir patinando”.
En el caso de Julia, los deportes donde incursionó fueron muchos, pero eligió patín porque la ayudó a vencer la timidez, “fortaleció mi autoestima, me ayudó a conseguir amigos nuevos. Con el grupo de patín nunca tuve que hacer esfuerzo para “encajar”. Y todo esto impactó de lleno en mi vida en todos los ámbitos en los que me movía. Ya no tuve más vergüenza de expresar mis emociones o pensamientos, y comencé a charlar y sentirme parte del grupo en el colegio. Mi vida entera cambió gracias a este deporte”.

En tanto, en el caso de los más chicos, deportes en su vida hubo varios: natación, fútbol, taekwondo, básquet, vóley, entre otros.
Los Forneris-Francese comparten hoy la pasión por el deporte y resaltaron la importancia de vivirlo en familia. “Está bueno porque compartimos el tiempo de entrenamiento. Estamos todos en sintonía. Compartimos los viajes, las experiencias. Salimos todos para el mismo lado.
Imaginate compartir tu pasión con tu familia. Hablar de lo que te gusta por el tiempo que quieras y que a nadie le parezca un monotema”, expresaron los mayores. Mientras que a los más pequeños les resulta divertido, “entienden las sensaciones. Es lindo compartir algo que los demás disfrutan al mismo nivel”.
Por otro lado, Tomás y Ema, recordaron una competencia donde por casualidad tuvieron la misma problemática: “Recuerdo una carrera en la que no estaba acostumbrado a largar desde la curva. Estaba contento porque iba primero y el que siempre me ganaba estaba atrás mío, pero frené antes de pasar la línea y me pasó y me ganó igual”, contó Tomy. En tanto, la niña, recuerda como especial una carrera en Olavarría. Iba ganando, antes de llegar a la línea
de meta, frené y me pasó la que venía atrás”. Ambos aprendieron ese día que no se frena hasta pasar la línea.
Los niños vienen realizando grandes competencias, con muy buenos resultados, reflejo de un trabajo constante que realizan en Patín Carrera Junín. Para Carlos y Julia es un momento de disfrute aunque para Forneris lo fundamental es que “terminen sanos. No me preocupan los resultados. Vivimos el crecimiento de los chicos paso a paso, como en la vida, disfrutando los procesos sin pensar en el futuro”. En tanto Francese confesó que a las competencias las vive con muchos nervios. “Intento que no se note. Es una mezcla de sensaciones muy rara, soy mamá y entrenadora el mismo tiempo. En cuanto al crecimiento de los nenes, es algo que se va forjando con paciencia”.
Si bien el grupo familiar comparte la pasión, las personalidades hacen que las formas sean diferentes. Por ejemplo para Carlos es una recreación y con eso le alcanza. Sin embargo Julia es más sanguínea y su amor por éste deporte se nota con sola escucharla o verla por lo que creer que soñaba llegar muy lejos no resulta loco, “a mí me hubiese encantado ser parte de la selección nacional. Me hubiera gustado tener toda esa exigencia. Me gustan las competencias y puedo manejar las presiones. Pero en esa época, a nosotros nos llevaban a competir amistosos. Sabía que había campeones del mundo en el país, escuchaba hablar de Nora Vega, pero el deporte no era televisado, no existía internet, asique el sueño era muy lejano. Yo casi que no entendía ni lo que era un patinador federado”.
“El Patín significa todo, si estoy feliz me gusta patinar, si estoy triste o enojada me descargo patinando. Me relaja y me divierte. Tengo mis amigos en patín asique es una forma de estar con amigos. Los momentos de competencia en grupo son lo más. Es lo más divertido de todo, dijo Ema respecto a que representa el deporte en su vida. Parecido a los sentimientos de Tomi que resaltó que es una recreación divertida y competitiva, “generalmente si estoy triste por algo, patinar me saca esa sensación, ese sentimiento. Además, también tengo amigos que
Patinan”.
La maravillosa experiencia de compartir la misma actividad, de estar en la misma sintonía. La casualidad, y no tanto, de tener la misma pasión que seguramente se fue contagiando de uno al otro. La magia de complementar las personalidades, las formas de vivir y sentir. La compañía, la contención, el amor. El amor familiar.







