Cuando la pizza, oriunda de Italia, llegó al territorio argentino, se convirtió en un plato muy común en los hogares del país e incluso una salida ideal con amigos.
La versión italiana sufrió significativos cambios y los mismos argentinos la adoptamos a nuestra manera, modificándola a las necesidades de un paladar distinto. Es por ello que la pizza argentina es diferente.
Primero hay que decir que tiene una masa de mayor grosor. En su base entran, quizás, cinco o seis de las que consumen los italianos en Nápoles.
Por otro lado, se destaca la abundancia de queso mozzarella de vaca. No podemos encontrar este ingrediente en pedazos sobre la pizza; más bien compone un manto pesado, divino y dorado, arriba de la masa. El queso ocupa todo el espacio circular y más: llega hasta los bordes.
Esta pizza es especial por las formas tradicionales que existen. El acompañamiento de la fainá y el vino moscato es característico de nuestro país.
MUZZARELLA, LA MÁS ELEGIDA
Según estudios de APYCE (Asociación de Pizzerías y Casas de Empanadas de la República Argentina), en nuestro país hay más de 6000 pizzerías, de las cuales la mitad corresponden a la provincia de Buenos Aires, llevándose Capital Federal más de mil pizzerías. Muchos de los locales llevan casi 100 años de existencia.
Si hablamos de los sabores más consumidos, la clásica pizza de muzzarella se lleva el primer puesto en pizzas grandes (33,83%) y en pizzas chicas (28.67%).
En las pizzas grandes, ideales para compartir con amigos, la segunda más pedida es la Napolitana (11,83%), le sigue la de jamón y morrón (8,11%) y con porcentajes muy similares compiten la de jamón, provolone, espinaca, fugazzeta y margarita.
Los sabores cambian si nos referimos a las pizzas de menor tamaño, donde los argentinos prefieren en segundo lugar la de fugazza con queso (10,36%), jamón y morrón (10,23%), napolitana (10,09%) y en menor cantidad provolone, caribeña, fugazzeta y el calzone clásico.






