La Parroquia San Ignacio de Loyola vivió el 31 de julio su fiesta patronal con la celebración de la misa central, a las 19 horas, en el templo matriz de la ciudad. Vecinos, familias y distintos grupos pastorales colmaron los bancos para agradecer, un año más, la intercesión del santo patrono de la ciudad.
La celebración estuvo marcada por el lema elegido para estas patronales: “Con San Ignacio de Loyola, somos una comunidad que vive en comunión, abraza con misericordia y sale a misionar.” Esas tres palabras —comunión, misericordia y misión— no quedaron solo en el papel, sino que se hicieron visibles en el clima mismo del encuentro.

La comunión se notó en la sencillez de ver a tantas generaciones reunidas bajo un mismo techo: chicos, jóvenes, adultos y abuelos, todos convocados por la misma fe y la misma historia compartida. La misericordia estuvo presente en el espíritu de acogida que caracterizó la celebración, recordando que ninguna persona queda afuera de la mesa de la Iglesia, cualquiera sea su situación o su camino de vida. Y la misión se hizo palabra concreta en la invitación a no quedarse puertas adentro del templo, sino a llevar lo celebrado a la vida cotidiana de cada familia y cada barrio de la ciudad. Junto a los padres Pablo Vallés y Gustavo Gaspoz que llevan adelante su ministerio en la Parroquia San Ignacio, también estuvieron presentes el padre Hernán Lucía, de la parroquia Del Carmen y San Francisco; el padre Diego Andreotti, de la parroquia San José; y el diácono permanente Germán Ruggieri, de la parroquia Sagrado Corazón. Además asistieron autoridades locales, las instituciones educativas y las distintas colectividades de la ciudad que, año tras año, acompañan la fiesta patronal.

Así, la comunidad juninense volvió a poner en el centro la figura de San Ignacio de Loyola: aquel hombre que, hace casi cinco siglos, dejó las armas para tomar el Evangelio y salió a los caminos del mundo a anunciar la fe. Su ejemplo, actualizado en el lema de este año, sigue interpelando a todo el Partido de Junín a vivir en comunión, a abrazar con misericordia y a salir a misionar, no como una consigna aislada de un día de fiesta, sino como un programa de vida para todo el año.
Al finalizar la celebración, el padre Pablo Vallés, cura párroco de San Ignacio de Loyola, dejó una noticia que ya empieza a resonar en la comunidad: el año próximo, en sintonía con el bicentenario de la ciudad de Junín, el templo de San Ignacio de Loyola cumplirá 120 años de su consagración. La coincidencia de ambas fechas invita a la parroquia a comenzar, desde ya, a preparar el corazón para vivir ese doble aniversario como comunidad.
La jornada patronal se cerró así con un signo claro: la fe que se celebra puertas adentro del templo está llamada a manifestarse, después, en la vida concreta de cada uno de los que ayer participaron de la misa.

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