Una vez más, y tal como ocurriera en la última sesión del Senado en que se dio media sanción al proyecto de reforma laboral enviado por el gobierno de Javier Milei, las calles aledañas al Congreso Nacional son escenario de choques entre manifestantes y efectivos de fuerzas de seguridad, mientras en el interior del palacio legislativo los diputados debaten la iniciativa con vistas a ratificarla o rechazarla.
Las fuerzas de seguridad activaron el camión hidrante luego de que se suscitaran incidentes. Hay corridas y gritos, y se teme que la situación pueda derivar en violencia como en la ocasión anterior cuando el texto se debatió en el Senado.
Algunos manifestantes arrojaron botellas hacia la línea policial, aunque se trataba de botellas vacías, no de bombas Molotov en este caso. (Durante la sesión en el Senado hubo un grupo de personas que participaban de la protesta que arrojaron esos elementos ígneos y que fueron condenados por el gobierno, pero señalados desde el sector en protesta como efectivos encubiertos. Ninguno de ellos fue detenido.) También volaron piedras.
“Marchar en paz es un derecho, la violencia no”, había advertido la ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva, horas antes de la masiva movilización hacia las inmediaciones del Congreso en protesta por el proyecto de reforma, en simultáneo con el paro general convocado por la Confederación General del Trabajo (CGT) y otras organizaciones gremiales.
Voceros policiales informaron que cuatro menores fueron detenidos durante la manifestación, y que uno de ellos tenía pedido de captura.
En estos momentos la situación sigue siendo tensa. El camión hidrante intervino varias veces y los efectivos arrojaron gases lacrimógenos en forma recurrente hacia los manifestantes, entre quienes hay fotógrafos y periodistas cubriendo los acontecimientos. Los manifestantes se replegaron y volvieron a avanzar cada vez.






