A sus 10 años, Hugo Casanovas no solo conquistó el Certamen Argentino de Motociclismo (C.A.M.) en Minimotos, sino que se convirtió en el primer bonaerense en lograrlo. Desde sus apodos llenos de historia familiar hasta sus ambiciones de Gran Premio (GP), «Llovizna» nos ofrece una visión íntima de su vida entre el asfalto, la escuela y la disciplina de hierro. Un perfil profundo sobre el sacrificio, la emoción y los sueños de un niño predestinado a la velocidad.
Junín tiene un nuevo héroe en el deporte motor, y su nombre es Hugo “La Joya” Casanovas. Con una precocidad asombrosa, este joven piloto de tan solo 10 años ha capturado la atención del motociclismo nacional. Su reciente coronación como Campeón Argentino de Motociclismo (C.A.M.) en la categoría Minimotos no es un logro menor: lo eleva a la estatura de leyenda local, siendo el segundo juninense en la historia en alcanzar tal distinción, solo detrás del mítico Juan Ayerbe, y el primer bonaerense en la historia del certamen.
Pero el 2024 de Huguito fue una tormenta de éxitos que trasciende las fronteras nacionales. Además de su título en Minimotos, sumó experiencia al debutar con un 6° puesto en la categoría 250cc del Campeonato Bonaerense de Velocidad, representará a Argentina en la exigente Blu Cru Cup de Yamaha en Brasil (categoría R15) y recibió una invitación al prestigioso Selectivo de Talentos fiscalizado por la F.I.M. (Federación Internacional de Motociclismo).

En una conversación que revela la madurez detrás del casco, «Llovizna» Casanovas nos abrió las puertas de su mundo, donde la velocidad es una vocación que exige todo.
El logro de Hugo en el C.A.M. no es solo una medalla; es un hito para su familia y su ciudad. La emoción de la victoria tiene un significado especial al estar vinculada a una figura reverenciada del motociclismo juninense.
Interrogado sobre qué se siente ser Campeón Argentino de Motociclismo en Minimotos, Hugo reflejó la magnitud de la hazaña en su respuesta. «Se siente muy lindo y especial. Yo quería ser como mi ídolo Juan Ayerbe, que es el único que había salido campeón hasta este domingo que pude salir yo, y eso lo hace más especial.»
Este reconocimiento al legado de Ayerbe no solo demuestra humildad, sino que sitúa el título de Huguito en el mapa histórico de Junín. Sin embargo, el festejo inmediato quedó en boxes. «No tuvimos tiempo para festejar porque el lunes tenía escuela, inglés y papá y mamá trabajo. Cuando vuelva de entrenar y correr en Brasil vamos a festejar con la gente de Junín que me apoya.»
La vida de un campeón a los 10 años impone sus propias reglas: la rutina no se detiene ni siquiera por un título nacional.
La última carrera en Colonia Belgrano fue el escenario de una definición cargada de tensión, un verdadero pulso entre los mejores jóvenes pilotos del país. Huguito, asistido por la sabiduría de su equipo, logró gestionar la presión. La definición en Colonia Belgrano fue muy intensa y con mucho dramatismo, «fue difícil, pero estaba preparado y mi papá me venía explicando lo que iba a sentir, así que pudimos manejarlo.»
Pero la madurez emocional, si bien clave, no domó por completo su instinto. A pesar de las advertencias estratégicas de su equipo sobre el motor de su rival, Mateo Cuneo, la “Joya” decidió arriesgarlo todo. «Mi preparador me decía que el motor de Mateo estaba perreado, que me cuide, que era difícil ganarle, pero no pude hacerle caso y gané bastante de la carrera arriesgando todo, hasta que nos tocamos y me caí. Igual todos me felicitaron porque iguales la diferencia manejando al palo.»
El relato del toque y la caída, seguido por la felicitación generalizada, subraya la valentía y el manejo al límite que caracterizan su estilo, una cualidad esencial para quien aspira a las ligas mayores.
La clave de su éxito en el C.A.M. fue su regularidad a lo largo de un calendario extenso y demandante. Huguito explica que esta constancia no es magia, sino una elección consciente y familiar. «En eso mi familia me ayuda. Puse todo, todo el año, nunca aflojamos por nada y dejamos de lado casi todo. Entrené, hice dieta, no fui a los cumples de amigos, entrené, entrené y entrené. Solo quería ganar para que me llamen los equipos grandes.»
El sacrificio es palpable. Dejar de lado los cumpleaños y las actividades sociales es el peaje que paga por soñar. Esta disciplina férrea se extiende al equipo que lo rodea, una estructura de contención profesional y afectiva indispensable.
«El equipo fue muy importante: papá, mamá, mi nutricionista Vanina, mi hermana, nuestros amigos Juan Moran, Abe Oviedo, Huguito Dangelo, nuestro sponsor Refinería Junín, el Rafaela Racing, Amilcar y Tito. Todos me ayudaron con distintas cosas, me enseñaron, te cuidan y son por los que lloro cuando no gano. Uno siente que los decepciona, aunque ya estoy trabajando en eso con otra parte muy importante: mi amiga y psicóloga Asunta Picchi que me banca.»
La mención a su psicóloga, Asunta Picchi, revela una faceta moderna y crucial del alto rendimiento: el manejo de la presión emocional y la frustración, entendiendo que el desempeño deportivo se decide tanto en la pista como en la mente. Su preparador físico, Martín Porras, es el garante de su impecable condición.
En el mundo del motor, los apodos, “Llovizna2 y “La Joya”, son marcas de identidad. Huguito tiene dos, cada uno con una historia potente. «Me Gustan los dos, pero Llovizna tiene que ver con papá y me gusta un poco más. Papá era Tormenta cuando peleaba profesionalmente y un entrenador cuando yo era de 2 o 3 años me decía Llovizna y ahí quedó Llovizna, el hijo de Tormenta.»
Este vínculo familiar y la herencia del apodo lo hacen inclinarse por «Llovizna». Sin embargo, el periodista Alejandro Relator lo bautizó como «La Joya», un sobrenombre que también lleva con orgullo.
Sobre la inspiración en el motociclismo local, Huguito mira a su alrededor, a la rica tradición de Junín. «Haber ganado el CAM sí me gusta porque solo lo había ganado Juan Ayerbe que es inalcanzable para nosotros. No sé si me inspira porque yo tengo algunos pilotos favoritos y son todos juninenses porque los vi de más chico. Por ejemplo Moran, Cesar, Castelli, Lucero, Pachelo, Mario Rodríguez y otros, todos me sirven para aprender de ellos.»
El reconocimiento a la estirpe juninense del motor demuestra que Hugo se siente parte de una escuela, aprendiendo de quienes pavimentaron el camino.
La rutina diaria de Hugo Casanovas no tiene respiros. Es la planificación detallada de un atleta que entiende la exigencia de su vocación. «Mi rutina es linda, hago dieta que hace mamá 6 días a la semana, entrenamiento físico uno o dos por día, moto tres o cuatro por semana, escuela e inglés. A veces me molesta que no puedo jugar con mis amigos, pero yo quiero ser piloto y no hay otra forma, dice mi familia.»
La dieta estricta, la doble jornada física y las sesiones constantes de moto ilustran un compromiso que pocos adultos mantienen. El sacrificio de la vida social es el costo de su sueño, una verdad que la familia le ha enseñado a aceptar.
El logro en el C.A.M. lo catapultó a escenarios internacionales. Su debut en Brasil, en la categoría R15, es la prueba de su potencial. «En Brasil me fue bien, ya corrí y terminé 7º de 14, sin conocer la moto (no hay en Argentina) ni la pista. Ahora entreno en Brasil unos días y corro otra vez en Cascabel y ya me tengo fe. Después el 13 de diciembre iremos al selectivo. Ahí queremos el año que viene estar entre los primeros 4. Correr es correr acá o en otro lado es igual para mí, solo necesito una moto.»
Su capacidad para adaptarse rápidamente a una moto y una pista desconocida, logrando un 7º puesto en un ámbito continental, es una señal inequívoca de su talento. El objetivo en el selectivo es ambicioso: posicionarse entre los primeros cuatro para asegurarse un lugar en el programa internacional de Yamaha el próximo año.
La meta de Hugo Casanovas no es ganar campeonatos regionales; es vivir de lo que ama y competir con los mejores del planeta. «El objetivo es lograr vivir de lo que me gusta. Yo quiero correr el GP pero hay otras categorías en el exterior que son buenas. Hay que ver si soy alto, petiso o qué para definir eso, falta aún. Ahora quiero asfalto y velocidad.»
La mención al Gran Premio (GP), el pináculo del motociclismo de velocidad (MotoGP), es la declaración de un sueño. Su enfoque actual está en el asfalto y la alta velocidad, categorías donde la técnica y el riesgo son máximos. El futuro determinará la categoría exacta, pero no el objetivo: el profesionalismo y la élite mundial.
Con el C.A.M. en sus manos y la pista de Brasil bajo sus pies, Hugo Casanovas se consolida como una de las más grandes promesas deportivas que ha dado Junín en las últimas décadas. Su historia de sacrificio y talento está recién comenzando.






