Por Claudia Birello
Para Grupo La verdad
En Junín, en un recodo de Villa Belgrano, allí donde la calle Borges se hace campo, hay un espíritu verdaderamente original: Pascual Cirigliano.
No le interesa difundir su vida y teme a la propaganda de los periodistas, por su establecimiento mecánico “trabaja” con exceso.
Toda su personalidad se trasluce en la plácida ironía de sus palabras.
A través de las décadas, La Verdad fue reflejando la actividad de aquellos pros hombres que hicieron historia e impulsaron el crecimiento de Junín.
Hubo en la década del 30, un periodista – César Brignolo- que entrevistó a decenas, entre ellos a Don Pascual Cirigliano, en tiempos en los que tenía ya su taller en el corazón de Villa Belgrano, barrio que fue conocido en la década de 1910 como Tierra del Fuego.
Pascual Cirigliano
Ayer tarde, dulce y apacible la hora luminosa del sol, he ido alejándome inadvertidamente del corazón de Villa Belgrano, mi barrio adoptivo, hasta dar con el fondo de la calle Borges.
Un recodo, y como capítulo final de la sinuosidad de la ruta que sufre el paréntesis de los talleres del B.A.P., una propiedad semi rural, casi junto a la primera hilera de maíz de las quintas.
Es el “taller mecánico” de Pascual Cirigliano.
Paso a visitarlo porque tengo esta deuda envejecida con su dueño.
Viene a recibirme una blusa azul, un rostro tiznado, dos manos grasientas. A flor de labios una sonrisa cordial en que despunta levemente un crispamiento de plácida ironía.
En derredor, todo el vasto laboratorio de trabajo está silencioso, como adormecido en el sopor de una fatiga larga.
Las sierras, los engranages (Sic), las poleas han ido callándose poco a poco y los obreros silenciosos fueron retirándose uno a uno.
Las máquinas quietas parecen monstruos inmóviles decorando un ambiente estático. No hay espacio y se apretujan una contra otra en un abigarramiento de extrañas formas de hierro.
Rompo la sugestión del momento con la vulgaridad de mi frase consabida.
-Vengo a hacerle el reportage (Sic) que me había propuesto hace rato. Hábleme un poco de usted mismo, de su formación industrial, de su evolución económica.
Mire, me dice Cirigliano, eso no interesa a nadie. Todos hemos salido de la nada. Si un industrial se enriquece pronto, solo significa que se ha apresurado a cobrar con mucho exceso.
La frase, dicha con un aire absolutamente “volteriano” me desconcierta por su concepción escéptica y demoledora.
Es posible que aquí, en el confín de la ciudad, en un recodo de Villa Belgrano, precisamente donde la calle Borges va a perderse en la inmensidad de la llanura, surja de pronto, ante mi curiosidad asombrada, uno de esos muchachos llamados “de hoy”, adversarios declarados de la misma organización burguesa a la que pertenecen por imperativo de la propia gravitación.
Pero ante la sonrisa burlona de Cirigliano, el peligro se disipa. No. Se trata de una observación hecha al paso, a manera de gimnasia del ingenio acallado en el fondo del espíritu por la vida exclusivamente material. Algo absolutamente inofensivo a pesar de la terrible veracidad del aserto.
-Bueno, le digo entonces. Si usted no quiere proporcionarme informaciones biográficas, permítame por lo menos, que me refiera a su establecimiento.
Lo menos posible, eso sí, me responde. No quisiera de ningún modo que su nota me sirviera de propaganda porque tengo tanto trabajo que no me es posible normalmente cumplirlo…
Y agrega,
Vea, si usted quiere podríamos hacer una cosa. Ponernos los dos a trabajar en el torno. Así nos divertiríamos un rato. Usted y yo.
Esta salida evidentemente notable me ha bastado a partir de allí, para conocer el espíritu escéptico de Cirigliano, que al mismo tiempo que vive la vida con intenso amor a su obra y a los sentimientos naturales del hombre, se burla cordialmente de todo.

Hombre muy preparado
No ha querido hablarme de sí mismo, pero mientras charlaba, señalando detalles, esbozando observaciones, en una conversación inteligente y pintoresca, me he permitido comprobar que posee una enorme preparación técnica.
Aplicó a su oficio conocimientos teóricos que admirarían en un estudiante de ingeniería. Sabe química y física y ha hurgado en revistas extranjeras, todo lo que se refiere a mecánica industrial, cuya vastedad abarca, con absoluta precisión. Antes, según lo dejó entrever al pasar, tuvo instalado en Junín una importante empresa con litografía y fotograbado, dos ramas de la ciencia de Gutenberg que él domina admirablemente y de las cuales habla con toda familiaridad. Después practicó algún otro oficio cuya denominación escapó de mi lápiz. Ahora posee un establecimiento de primer orden al que él llama con toda naturalidad “tallercito”.
-En nuestro “galpón”, me dice mientras después de algunas tintas dialogadas iniciamos una excursión por el contorno del establecimiento, tiene como finalidad principal la mantención de las maquinarias agrícolas, dentro de cuya actividad figura la fabricación de repuestos en la cual interviene la fundición, la tornería y la herrería. Al mismo tiempo realizamos otros servicios que podemos considerar accesorios ya encuadrados dentro de cualquier necesidad mecánica.
Entramos a una pequeña habitación donde un motor ha terminado recién de funcionar.
-Nosotros hemos aplicado en primer término la necesidad de poseer fuerza motriz propia a nuestro taller. Con este motor que usted ve aquí, se accionan tornos y fresas.
Realizamos una breve recorrida y unos pasos más lejos, Cirigliano nos dice:
-Esta es la fundición donde se trabaja indistintamente en hierro, bronce y aluminio, realizándose el servicio de modelación.
Más tarde visitamos la herrería y mientras nos dirigimos a la dependencia de las bombas. Al cruzar el patio observamos una antigua máquina impresora, recuerdo del viejo oficio del reporteado.
-En materia de bombas fabricamos –me dice Cirigliano-, diez tipos distintos que han tenido notable aceptación desde hace muchos años. Figúrese que ésta que usted ve aquí, podemos venderla al ínfimo precio de seis pesos.
Y es aquí, en esta habitación, en que las bombas se multiplican como para una parada donde hacemos la estada final, pródiga en palabras. Hablamos…hablamos…Mientras tanto, Cirigliano ha ido exponiéndome conceptos industriales, apreciaciones de orden general, principios de comercio, todo ello entremezclado de recuerdos y de proyectos. De vez en cuando su interesante personalidad espiritual se resuelve en alguna ironía suave y penetrante a la vez. Después, me acompaña hasta la puerta de calle y me despide con toda cordialidad, como un viejo amigo.
-No vaya a hacer otro libro para mí solo me dice. Pero si publica un segundo volumen de reportajes, resérveme algunos ejemplares.
Y sonríe entre burlón y bondadoso. Cuando me voy, ya casi anochece y allá sobre los altos muros parduzcos del B.A.P., parece que se elevara el resplandor de las luces del centro.
Yo resumo mi entrevista y me digo mentalmente, mientras camino a solas.
-Este Cirigliano es un hombre verdaderamente original…
César Brignolo

La fundación del periódico Tierra del Fuego
Allá por el año 1917, cuando encaraba los más diversos oficios, buscando aquel que se amoldara a su vocación, fundó un periódico en Villa Belgrano, órgano que se llamaba Tierra del Fuego, tal como el barrio en ese entonces.
Tenía el novel periodista, conocimientos del oficio de tipógrafo, que aprendió después del de relojero…Al proyectar la aparición del periódico, contaba con su preparación como tipógrafo, pero carecía de una máquina impresora. El inconveniente fue salvado, empero.
Con una vieja trilladora entre cuyos hierros discurrían plácidamente las gallinas de la casa, el periodista Cirigliano, se fabricó una impresora.
Con el tiempo iba a tener otras satisfacciones; la simplificación del mecanismo de las bombas, la construcción de un horno para esmaltar, que cuesta, de ser fabricado especialmente, cuarenta mil pesos. Él lo hizo “con ladrillos” para horno de panadería. Otra demostración de su capacidad la dio cuando las 250 escuelas técnicas ferroviarias del país le encargaron la fabricación del instrumental completo para el estudio de locomotoras.
(Artículo publicado en La Verdad, en 1944).
Cocinas Cirigliano en la expo industrial en Junín, en 1936

En el stand ocupado por las cocinas Cirigliano, están expuestos varios modelos de estas cocinas, fabricadas en nuestra ciudad y que por lo tanto son el fiel exponente de una industria netamente local y que va tomando un impulso digno de los más elogiosos comentarios.
Don Pascual Cirigliano, hombre emprendedor y de iniciativas, ha logrado imponer las cocinas de su fabricación, que tienen franca aceptación en nuestro mercado. Numerosos obreros son ocupados en los amplios talleres de la calle Borges 1015, donde después de ser sometidas a verdaderos trabajos artísticos salen listas para ser entregadas al mercado las ya populares cocinas que han conquistado con todo el merecimiento, fama de insuperables. Las cocinas presentadas en este certamen, son esmaltadas, lo que les proporciona a las mismas, una belleza especial sin restarles nada de eficacia, haciendo en la práctica, más fácil su aseo.
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