Primera parte
Por Claudia Birello
Para Grupo La Verdad
En octubre 1927, y en sucesivas ediciones, La Verdad reflejaba un ensayo en el que, más allá de coincidir o no con lo que sostenía, permite, a 100 años de su publicación y 195 de la fundación de nuestra ciudad, conocer datos, detalles, documentos que nos trasladan a aquellos años. Hoy ofrecemos la primera entrega que tendrá continuidad dentro de siete días.
Aquel 23 de octubre de 1927, aparecía la publicación que, además, llevaba el epílogo firmado por el entonces Presbítero Vicente Peira.
El mismo reza, “El pueblo de Junín se dispone a celebrar el magno acontecimiento de su primera centuria de vida y a recordar con el afecto de hijos, la memoria de sus ilustres antepasados, que sacrificando comodidades y arrostrando todo género de privaciones y peligros, contribuyeron al engrandecimiento de Junín en la hora actual.
Un obstáculo se presenta para la celebración del Centenario, no haber fijado aún la autoridad competente, la fecha de este glorioso suceso. A facilitar ese acto justiciero de gobierno se dirige el presente escrito”.
PRÓLOGO
Los antecedentes y causas que motivaron la creación de la nueva frontera contra los indios, y por ende del Fuerte Federación, lo suministraban dos ilustres gobernantes; el uno agobiado de méritos militares y Gobernador de la provincia de Buenos Aires, y el otro primer presidente de la República Argentina.
En efecto, el general Juan Gregorio Las Heras, expidió con fecha 31 octubre de 1825, el decreto nombrando la Comisión demarcadora de la nueva línea de frontera contra los indios y el presidente Rivadavia, con fecha 26 de octubre de 1826, autorizó la nueva frontera con el establecimiento de tres fuertes principales. Uno de los cuales, el del Portoso, señalaba el principio de la primera ciudad del norte y centro de la provincia de Buenos Aires.
A los nombres de estos dos gloriosos organizadores de la Patria, debo agregar el de un tercero, el del malogrado gobernador Manuel Dorrego bajo cuya administración se fundó el Fuerte Federación, hoy Junín.
En aquel artículo publicado por La Verdad un año antes –en 1926-, se tributaba un homenaje de justicia histórica al desconocido fundador de Junín, el teniente coronel Bernardino Escribano, al evocar del olvido su nombre, al bosquejar las dificultades inmensas que salvó para fundar el Fuerte y al publicar una síntesis de su benemérita foja de servicios prestados al país y a la causa americana. Se citaban también los nombres de Rauch, bajo cuyas órdenes inmediatas operaba Escribano; de Rozas, comandante de la nueva línea de frontera y de Brown, que bautizó el Fuerte, un año después, con el nombre de Junín.
Sobre la fecha aproximada de fundación demostré con los documentos a la vista, que Escribano se encontraba aún en el Salto, el 23 de diciembre de 1827 y que 22 días más tarde, o sea, el 14 de enero de 1828, fechaba en Federación una nota dirigida al ministro de Guerra solicitando 400 caballos por estar inutilizados los que tenía en su poder, a causa de la sabandija.
Con esos dos documentos en la mano, arrancaba de los arcanos del pasado, la fecha aproximada de la fundación y fijaba en la sucesión no interrumpida del tiempo, dos mojones infranqueables dentro de los cuales encadenaba la fundación de Junín.
Y en el “deseo explicable de estrechar distancias llegué hasta señalar un día cuando opiné que Junín puede considerarse fundada el 1 de enero de 1828”.
Ha transcurrido casi un año y medio de la publicación de aquel escrito, y bien, a pesar de la vertiginosa carrera del tiempo que todo lo transforma, yo no tengo en lo sustancial nada que corregir de aquel artículo, ni un punto ni una coma, porque lo he escrito con la base sólida de los documentos y con la mirada fija en la verdad.
MI ARTÍCULO HOY
No siéndome posible probar el día exacto de la fundación de Junín con los documentos que he seleccionado en el Archivo Nacional y menos aún con otras informaciones de historiadores y de origen particular, y aproximándose por otra parte la celebración del primer centenario de la ciudad debo formular mi opinión al respecto ´para que las autoridades civiles designen oficialmente el día del centenario si estiman razonables los fundamentos que hoy presento sobre el particular.
Y comienzo por asentar la proposición siguiente:
Según los documentos históricos que obran en mi poder, la celebración del centenario de Junín debe ser el 4 de enero de 1928.
La proposición se basa en el raciocinio siguiente: Entre una fecha probable sobre la existencia de una cosa y otra “cierta”, debemos quedarnos con la segunda y rechazar la primera. Es así que consta con certeza de documento que Junín estaba fundada el 14 de enero de 1828 y no consta por mis documentos, que estuviera fundada antes de esa fecha. Luego debemos celebrar el Centenario de la fundación de Junín dentro de una fecha cierta de su existencia, que sería el 14 de enero de 1928.
En la presente cuestión son vocablos sinónimos que denominan una misma cosa los siguientes: “Potroso”, “Guardia del Potroso”, “Federación” y “Junín”.
Antes de probar la proposición, presentaré los preliminares y accesorios del asunto cuyo objeto es esclarecerlo, y facilitar en esa forma al lector la composición de lugar sobre la fundación de Junín, los personajes que en alguna forma intervinieron en el establecimiento del Fuerte y un reflejo histórico de las condiciones de vida de aquella época.
Demostrada la proposición, presentaré en tercer capítulo, los documentos confirmatorios, de la tesis, los que, al par de corroborarlas, echarán vivísima luz sobre un período determinado de nuestra historia patria.
PRELIMINARES Y ACCESORIOS
Concluidas las guerras de la independencia y abierto un paréntesis a las luchas intestinas, los hombres de gobierno resolvieron llevar a la práctica el proyecto largo tiempo acariciado y que la penuria del erario y las convulsiones civiles no permitían realizar. Desde los primeros albores de la independencia era una aspiración general impuesta por la misma evolución del país, de prolongar la antigua frontera colonial contra los indios, protectora de la ciudad de Buenos Aires y sus contornos a treinta leguas a la redonda.
Esta antigua frontera, al tiempo de establecerse la nueva, tenía dos cantones principales que la guarnecían; el uno en Salto bajo el comando del general Rauch y el otro en el sud de la provincia, Navarro probablemente, a las órdenes del Coronel Izquierdo.
La nueva frontera de la provincia se apoyaba en tres fuertes principales: el del Potroso al norte, el de la Cruz de Guerra al centro y el de Curalafquen al sud, más la habilitación del puerto de Bahía Blanca. Se dio principio a la magna obra construyendo primero el Fuerte Federación.
Antes de terminar este párrafo observaré que los hombres de la independencia siguieron en su lucha contra los indios el antiguo sistema español “defensivo” de conquistar terreno al desierto salvaje por etapas sucesivas, resguardadas por líneas permanentes de frontera, a cuya retaguardia levantaban poblaciones.
En esa forma, obligados por falta de elementos y medios modernos de transporte, no resolvían el problema tres veces secular del indio dominador del desierto y eterno azote de los pueblos civilizados, sino que lo prolongaban con harto perjuicio de la economía pública y privada. El hombre que lo resolvió, conquistando con la velocidad del rayo, 15.000 leguas al desierto, fue el general Julio A. Roca en 1879, cuando puso en ejecución su genial plan “ofensivo” de 1875 ofrecido al Dr. Alsina y concretado en las palabras siguientes: “Los fuertes fijos en medio de un desierto, decía, matan la disciplina, diezman las tropas y poco o ningún espacio dominan. Para mí, el mayor fuerte, la mayor muralla, para guerrear contra los indios de La Pampa y reducirlos de una vez, es un regimiento o una fracción de tropas de las dos armas bien montadas que anden constantemente recorriendo las guardias de los indios y apareciéndoseles por donde menos lo piensen. Yo me comprometería, Señor Ministro, ante el gobierno y ante el país, a dejar realizado esto que dejo expuesto, en dos años. Uno para prepararme, otro para efectuarlo.
Tan admirable plan de conquista del desierto quedó realizado el 25 de mayo de 1879 bajo la dirección del propio general Roca y con la intervención de las divisiones de Racedo, Levalle, Villegas, Winter, García, Godoy, Lagos, Roca, R. Nelson y Uriburu.

LA NUEVA FRONTERA
El gobierno del general Juan Gregorio Las Heras, nombró el 31 de Octubre una comisión compuesta por el Coronel D. Juan Lavalle, el ingeniero D. Felipe Senillosa, y el hacendado D. Juan Manuel de Rozas (sic), a los efectos de hacer los reconocimientos más prolijos de los puntos por donde ha de correr la nueva línea de fronteras, demarcando según sus instrucciones, los que han de ser destinados para el establecimiento de fuertes y fortines”.
Verificado el estudio por la comisión citada, el presidente Rivadavia, con fecha 27 de septiembre de 1826 lo aprobó por decreto cuyo artículo 2do, transcribo.
“En su consecuencia se procederá lo más breve posible a establecer tres fuertes principales: el primero en la laguna Curalafquen, el segundo en la Cruz de Guerra y el tercero en la del Potroso”.
Sin embargo, el decreto de Rivadavia no tuvo inmediato cumplimiento. La guerra con el Brasil y el recrudecimiento de las contiendas cívicas bajo el nuevo rótulo de “federales” y “unitarios”, distrajeron la atención de los gobiernos de la frontera proyectada y sumieron al país en la miseria y en la anarquía política.
El propio Rivadavia, en otro decreto, de fecha 5 de Mayo de 1827, hace referencia a la falta de cumplimiento del decreto anterior, cuando dice “Aunque las circunstancias extraordinarias que sobrevinieron después de dado el decreto del 27 de septiembre del año anterior, han imposibilitado hasta ahora el establecimiento de los tres fuertes principales que, con el de la independencia, deben defender la nueva línea de frontera con los salvajes, que se estableció en dicho decreto; teniendo sin embargo presente que ello se realizará en la próxima primavera, si como es de esperar, las circunstancias varían, puesto que, mucho tiempo hace, se tiene reunido cuanto se ha considerado necesario para llevar a efecto una obra que tan urgentemente demanda la necesidad de nuestra campaña…….
Conocidas son las causas por las cuales Rivadavia renunció a la presidencia del país (27 de junio de 1827) y su retiro a la vida privada imponiéndose un destierro voluntario.
La provincia de Buenos Aires volvió a su autonomía y la Legislatura provincial eligió (12 de Agosto de 1827), al Coronel D. Manuel Dorrego.
Gobernador de Buenos Aires éste, hecha la paz con Brasil (27 de Agosto), por intermedio de sus ministros Balcarce y Guido, le cupo el honor de ejecutar el importante decreto de Rivadavia, sobre la nueva frontera y de dirigir la administración pública de la provincia, cuando se fundó el Fuerte Federación, hoy Junín.
El amigo y correligionario político de Dorrego, D. Juan Manuel de Rozas, en su carácter de Comisionado general de milicias de la nueva frontera, fue el encargado de realizar el plan del gobierno, en cuyo estudio, como hemos visto, había eficazmente intervenido.
Dos hechos convienen señalar aquí. La guerra con el Brasil, que ocasionó el servicio de 32 prisioneros brasileros empleados en los trabajos de planificar el nuevo Fuerte y la actuación destacada de Rozas en la gran obra de la frontera, que habrá sido, sin duda, su mejor título para alcanzar en 1829 la gobernación de Buenos Aires, así como en 1880 obtuvo la presidencia de la República, el general Roca, después de haber ganado en el campo de batalla los laureles de general y título imperecedero de Conquistador del desierto.
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